20 de septiembre de 2010

Hablo por hablar

Hablo, por hablar,
hoy que está desierto el mar
y una paz agreste invade
estas turolenses llamaradas
de fuego y de dolor.

Hablo del día a día que sucede,
de las tardes que adiós nos despedimos,
de los hijos que llegan,
de las tierras que acogen nuestros cuerpos
y de todo aquello
que va formando, al fin, nuestra figura.

Del paso indefinido
hablo también

y hablo, para quedar en paz con mi conciencia,
del tiempo jamás recuperado,
huído entre sonrisas, adioses y lágrimas
que nadie reservó para el otoño.

Hablo del campesino y de su hondura,
del herrero que fragua su tristeza,
del minero que invade las entrañas,
del poeta que, a solas, agoniza.
Hablo de mi mujer y su esperanza.

Y hablo de este pequeño dios
que ha entrado en casa,
después de tantos días esperado.

Hablo y hablo
y nunca sé por qué guardar silencio.

JOSÉ ANTONIO LABORDETA

(q.e.p.d.)

17 de septiembre de 2010

Fábula

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infelíz de poca inteligencia, que vivía llevando a cabo pequeños recados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres invitaban al tonto a entrar al bar donde ellos se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.

Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había caído en la cuenta que la moneda de mayor tamaño valía menos, a lo que respondió:

-Lo sé señor, no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguecito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero podemos sacar varias conclusiones:

1ª) Quien tiene apariencia de tonto, no siempre lo es.
2ª) ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?
3ª) Una ambición desmedida, puede terminar cortando una fuente de ingreso.
4ª) Esta es la más interesante: Podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Moraleja

El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente...

(Autor desconocido)

Maat


12 de septiembre de 2010

7 de septiembre de 2010

Alfa y Omega




Cabe la vida entera en un soneto
empezando con lánguido descuido,
y apenas iniciado ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.

Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.

Maduros, a mirar ayer tornamos
añorantes, y, ansiosos, a mañana,
y así el primer terceto malgastamos.

Y cuando en el terceto último entramos
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto...Y que nos vamos.



MANUEL MACHADO

5 de septiembre de 2010

Teresa de Calcuta




El 5 de Septiembre de 1997 fallecía la Madre Teresa de Calcuta. Hace tan solo nueve días, se conmemoró el centenario de su nacimiento. Creo que es una buena ocasión para recordar-una vez más-algunos de los mensajes que nos dejó...




A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menor si le faltara esa gota.

La paz comienza con una sonrisa.

Lo que importa es cuánto amor ponemos en el trabajo que realizamos.

Tómate tiempo para hacer caridad. Es la llave del cielo.

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

Dejanos predicar sin sermones. No mediante palabras, sino con nuestro ejemplo.

Cuando no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar, camina; cuando no puedas caminar, usa el bastón. Pero nunca te detengas.

El día más bello, hoy.
La cosa más sencilla, equivocarse.
El error mayor, abandonarse.
La raiz de todos los males, el egoismo.
La distracción más bella, el trabajo.
La peor derrota, el desaliento.
Los mejores profesores, los niños.
La primera necesidad, comunicarse.
Lo que nos hace más felices, ser útiles a los demás.
El misterio más grande, la muerte.
El peor defecto, el mal humor.
La persona más peligrosa, la metirosa.
El regalo más bello, el perdón.
Lo más imprescindible, el hogar.
La ruta más rápida, el camino correcto.
La sensación más grata, la paz interior.
El resguardo más eficaz, la sonrisa.
El mejor remedio, el optimismo.
La mayor satisfacción, el deber cumplido.
La fuerza más potente, la fe.
Las personas más necesarias, los padres.
La cosa más bella, el amor.


Maat

29 de agosto de 2010

La gente que me gusta



Estimados amigos blogueros.

Hoy se cumplen 36 días de mi última entrada en el blog. Podría citar un montón de excusas que me justificaran pero voy a resumirlas todas en una sola palabra: desgana.

Una serie de contratiempos personales en mi vida me han hecho zambullirme de lleno en una especie de letargo del que a duras penas sales para realizar lo indispensable. Espero y deseo que poco a poco adquiera un ritmo normal, tanto en mi blog como visitando los vuestros; entre otras cosas, porque en el fondo, los echo mucho de menos...

Os dejo un poema que tuve la suerte de poner ante mis ojos hace muy pocos días.

Espero que os agrade tanto como a mí.





LA GENTE QUE ME GUSTA


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer,
y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.


Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones,
la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma,
pero que no pierda de vista que somos humanos y que nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo
produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca
capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer
que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores,
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,
a estos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente,
que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados.
Con gente como esa, me comprometo a lo que sea,
ya que con haber tenido a esa gente a mi lado
me doy por bien retribuido.

MARIO BENEDETTI












23 de julio de 2010

Si me ves...



Si me ves cansado fuera del sendero
ya casi sin fuerzas para hacer el camino.

Si me ves sintiendo que la vida es dura,
porque ya no puedo, porque ya no sigo,

ven a recordarme cómo es un comienzo,
ven a desafiarme con tu desafío.

Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,
llévame a mi mismo.

Y yo sabré entonces encender mi lumbre
en el tiempo oscuro, con el viento frío.

Volveré a ser fuego desde brasas quietas,
que alumbre y reviva mi andar peregrino.

Vuelve a susurrarme aquella consigna
de mi primer paso con un nuevo ritmo.

Muéstrame la garra que se necesita
para levantarse desde lo caído.

Si me ves cansado fuera del sendero,
sin ver más espacios que los del abismo,

trae a mi memoria que también hay puentes,
que también hay alas, que aún quedan amigos.

Que vamos armados de fe y de bravura,
que seremos siempre lo que hemos creído.

Que somos guerreros de una vida plena,
y todo nos guía hacia nuestro sitio.

Que un paso más con un nuevo empeño,
nos lleva a la forma de no ser vencidos.

Que el árbol se dobla, se agita, estremece,
deshoja y retoña, pero queda erguido.

Que el único trecho que da el adelante
es aquel que cubre nuestro pie extendido.

Si me ves cansado, fuera del sendero
solitario y triste, quebrado y herido,

siéntate a mi lado, tómame las manos,
entra por mis ojos hasta mi escondrijo,

y dime ¡se puede! ¡se puede! e insiste,
hasta que yo entienda que puedo lo mismo.

Que tu voz despierte, desde tu certeza,
al que de cansancio se quedó dormido.

Y, tal vez, si quieres, préstame tus brazos,
para incorporarme, nuevo y decidido.

Que la unión es triunfo cuando con el otro vamos a lo mismo,
y se puede, con el mismo brío.

Si me ves cansado, fuera del sendero,
lleva mi mirada hacia tu camino.

Hazme ver las huellas, que allá están marcadas,
de un paso tras otro por donde has venido.

Y vendrá contigo apenas te escuche
la voz insistente para un nuevo inicio.

Y abriré otro rumbo pues si te he creído,
que siempre se puede...
se puede, MI AMIGO.

(Anónimo)

15 de julio de 2010

Se deja de querer


Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer;
es como abrir la mano y encontrarla vacía
y no saber de pronto que cosa se nos fue.

Se deja de querer...
y es como un río cuya corriente fresca ya no calma la sed,
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.

Se deja de querer...
Y es como el ciego que aún dice adiós llorando
después que pasó el tren,
o como quien despierta recordando un camino
pero ya sólo sabe que regresó por él.

Se deja de querer...
como quien deja de andar una calle sin razón, sin saber,
y es hallar un diamante brillando en el rocío
y que ya al cogerlo se evapore también.

Se deja de querer...
y es como un viaje detenido en las sombras
sin seguir ni volver,
y es cortar una rosa para adornar la mesa
y que el viento deshoje la rosa en el mantel.

Se deja de querer...
y es como un niño que ve como naufragan sus barcos de papel,
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer...
y es como un libro que aún abierto hoja a hoja quedó a medio leer,
y es como la sortija que se quitó del dedo
y sólo así supimos...que se marcó en la piel.

Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer.



JOSÉ ÁNGEL BUESA

6 de julio de 2010

Tormenta aquí, pero ¿y allí, dónde tú estás?


Tormenta aquí. Pero ¿y allí, donde tú estás?
¿Verás estos relámpagos que veo?
¿Oirás los truenos
con que amenaza inútilmente el cielo
a las estrellas que están detrás imperturbables?
¿Te llorará la noche,
como me llora a mí, mi soledad,
con lágrimas prestadas
y vendederas, lluvia por la frente?
Tus oídos, mis oídos,
tus ojos y mis ojos
¿estarán enlazados
por estos hilos vívidos que tienden
rayo y trueno a través de la distancia?

No. Deseo que estés suelta.
Deseo que tu noche sea pura,
que tu mirada pueda
vacilar, escogiendo lentamente
la estrella favorita
que esta noche te va a servir de almohada.
Ojalá lo que oigas
sea el revés del trueno,
el sonoro silencio
donde se escucha lo que no se dice
y se quiere decir o que nos digan.

No, no nos quiero unidos
a costa de que sientas
temblar el mundo como yo lo siento.
Ojalá te rodee
la paz que se merece tu mirada,
y en ti la guardes para mí.
Y que cuando mañana nos veamos
y se encuentren tus ojos con mis ojos
tu recuerdo derrote a mi recuerdo
como derrota el ángel a la sombra.
Y que en el día nuevo
sea tu cielo el que nos acompañe.

PEDRO SALINAS

2 de julio de 2010

Una montaña sagrada

Hoy, una amiga me ha enviado este vídeo en un mail. Os invito a verlo y que cada cual saque sus propias conclusiones.

A pantalla completa y sin luces de ambiente, es impresionante.






Maat

25 de junio de 2010

Te necesito


Aún no estoy preparado para perderte...
No estoy preparado para que me dejes solo.
Aún no estoy preparado para crecer
y aceptar que es natural,
para reconocer que todo
tiene un principio y un final.

Aún no estoy preparado para no tenerte
y sólo recordarte...
Aún no estoy preparado para no poder oirte
o no poder hablarte,
no estoy preparado para que no me abraces
y para no poder abrazarte.

Aún te necesito
y aún no estoy preparado para caminar
por el mundo preguntándome ¿por qué?
No estoy preparado hoy y nunca lo estaré.

Te necesito.

PABLO NERUDA

23 de junio de 2010

Este jueves, un relato: "Me acuerdo de ti cuando veo..."

Mi querida y añorada madre:

Según van pasando los años, los detalles que me hacen recordarte, aumentan. Pero ya vienes a mi memoria con sosiego, hasta diría que con una cierta placidez. El tamiz del tiempo hace que me recree con lo bueno que viví contigo. Y se lo agradezco infinito.

Hace tan sólo unos días que he realizado una de las tareas caseras que más me molesta cada temporada: ordenar armarios y cajones. Las prendas de abrigo van subiendo a los altillos para dar paso a la confortable y vistosa ropa de verano. Y, una vez más, me he vuelto a encontrar con tus labores que, amorosamente, guardo junto a la preciada colcha de ganchillo que hiciste para mi "dote".

Las hay de todos los tamaños y formas. Cada jarrón, cada figura de las muchas que te gustaba coleccionar por toda la casa, descansaban en un trabajado y atractivo tapete de ganchillo. Y no habían dos que fueran iguales. Me gusta dedicarles parte de mi tiempo. Los extiendo sobre mi cama, los miro, los acaricio y, te pienso. Es como sumergirme en un oasis y desconectar de la realidad para regresar a tu lado en aquellas noches que, habiendo salido con los amigos, tú esperabas levantada mi regreso. Parece que te estoy viendo con tus gafas de pasta transparente, sentada en la única butaca que teníamos en el salón-comedor y con tu labor entre las manos. No te importaba la hora que decidiera volver, allí estabas aguardándome. Y como yo lo sabía, procuraba que no se hiciera demasiado tarde. Jamás conté a mis amigos el por qué me retiraba casi siempre de las primeras. Pero llegaba un momento que ya no me lucia la noche, sabiendo que hasta que yo no entraba en casa, no te disponías a descansar.

Ahora lamento que no aprovecháramos más aquellos instantes. Que no nos quedáramos hablando de nuestras vidas en esas horas tan propicias de la noche para las confidencias. Que me hubieras contado todos los pensamientos que te acompañaban mientras le dabas forma a esas pequeñas obras de arte en tus ratos de vigilia. Tus preocupaciones, tus anhelos, tus frustraciones. Y yo te hubiera contado lo bien que lo pasaba con mi grupo de amigos, lo colada que me tenía Arturo, y lo que suponía para mí el solo hecho de que me mirara...

En medio del silencio de la casa, entrabas sigilosa a la cocina mientras yo me preparaba para ir a dormir, y como si tuvieras el tiempo medido, poco antes de meterme en la cama, aparecías en mi alcoba con un vaso de leche.

-Hace mucho que cenaste. Ese estómago necesita algo de alimento antes de acostarte.

Y depositabas el vaso en mi mesilla de noche, mientras me dirigías la última frase:

-¡Ahora, a rezar y a dormir!

Y te veía marchar satisfecha de "tu" deber cumplido, sintiendo que te quería un poquito más...

Los tapetes han vuelto a su cajón habitual ceñidos en una vieja sábana de hilo. No he podido evitar el emocionarme de nuevo al tenerlos entre mis manos. Me siguen hablando de ti cuando los veo. La de horas de sueño que les dedicaste mientras yo me divertía...

¡Gracias, madre!

No se me olvida que era así como te gustaba que te llamáramos.

Maat


Podéis encontrar más recuerdos en:

http://callejamoran.blogspot.com/

19 de junio de 2010

Yo soy la amada



Yo soy la amada, amante, soy la amada:
voy andando las horas que separan
mi cuerpo de tu cuerpo
y restañando las frágiles heridas
de huellas que volaron con tu nombre.

Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que brotó salvaje entre tu trigo
y lo tiñó de púrpura,
la que sin darse cuenta
iluminó de pronto tu paisaje,
la que acudió a tu llanto
y en su aljibe
atesoró tus lágrimas.

Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que en silencio mira.
La que te espera.
La que teje sus sueños con tu vida.

LUZ MARIA JIMÉNEZ FARO

17 de junio de 2010

Este jueves, un relato: "Bichos"

Gustavo, desde su blog http://callejamoran.blogspot.com/ nos invita a hablar este jueves de "bichos". Concretamente de insectos.




Parece increíble lo que puede llegar a trastornar, en algunos momentos, su presencia en nuestra confiada existencia. Por lo menos, en la mía. Es lo que peor soporto de esta época del año, incluido el pegajoso calor mediterráneo. Me estoy refiriendo a los mosquitos "caseros".



Irrumpen sobre mi cuerpo serrano en las mejores horas. Unas veces, cuando entregada en los brazos de Morfeo disfruto de un reconfortante descanso. Y es cuando más me molestan. Hay noches que anuncian su visita con el clásico zumbido que llega a despertarme. De un salto, enciendo la luz de la alcoba y, armada con el spray de insecticida, me dedico con vehemencia a darle su merecido y no cejo en el empeño hasta que, localizado, lo envuelvo en una nube tóxica que le lleva directamente a su paraíso. Lo peor es cuando ya me despierta el picor del bocado sufrido-porque no pican, muerden-os lo aseguro. El ritual es casi como el anterior pero, primero, me dedico a embadurnar la caricia del cagachín con una crema calmante que procuro nunca falte en mi mesilla de noche. Estos hechos suelen acontecer de madrugada y a partir de ahí, la vigilia casi está asegurada. La guinda suele ponerla mi esposo, quien medio durmiendo y casi ininteligiblemente se asoma entre las sábanas para pronunciar la frase que más me exaspera en esas circunstancias:

-¿Es que hay algún mosquito?

-Pues mira, no. Estaba aburrida y me ha dado por ensayar unos pasos de baile.

Como a él no le pican...

Otras veces, cuando en la tranquilidad de la noche me dedico a leer o a escribir, con una música de fondo, suave, osan acribillarme las piernas rompiendo el encanto del momento. Y todo esto, a pesar de tener aparatos de esos eléctricos de varías las clases, en cada una de las estancias que ocupamos.

Lo curioso de la historia es que me he dedicado a investigar sobre mi enemigo para ver la forma de vencerlo y ha sido peor. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he conocido que quien me "pica" no es él, si no ella. Es la hembra la que, a través de su trompa fina y alargada, armada interiormente de un aguijón, extrae la sangre de los mamíferos, de la que obtiene las proteínas que necesita para el desarrollo de los huevos. Puede llegar a poner hasta 200 de ellos en su corta vida que alcanza-como mucho- a 15 días. Pocos días, desde luego, pero bien aprovechados. Según mis informaciones, hacia el atardecer, los mosquitos machos se reunen en enjambres y esperan con entusiasmo la visita de las hembras para copular. Las muy espabiladas, no se conforman con uno, ya que se montan la fiesta con varios de ellos. Y claro, pasa lo que pasa.

Tras una ingesta de sangre, la hembra reposa unos días mientras los huevos se desarrollan con los nutrientes extraídos, hasta que están lo suficientemente desarrollados para ser depositados. En unos diez o catorce días, los nuevos mosquitos serán adultos y podrán pulular a sus anchas. Mientras ellas reposan, los machos-que sólo viven siete días- (no me extraña), se dedican a alimentarse de néctar. Para reponerse, digo yo.

Y claro, desde que sé todo esto, cuando de madrugada me despierta el aguijón de una de estas lagartonas, enseguida pienso lo bien que se lo ha pasado visitando el enjambre y como consecuencia, necesitando mis proteínas, y ¿para qué engañaros? me acuerdo hasta de Noé. ¿Qué falta haría que metiera una parejita de estos molestos insectos en su famosa arca? Con lo bien que les hubiera venido aquel diluvio universal. Seguro que a él no llegaron a picarle

.
Hay otras palabras para referirse al mosquito que tienen su chispa: Violero (desde luego violan la tranquilidad de sus víctimas), cagarropa (pueden clavar su aguijón a través de los tejidos), cenzalino de trompetilla (sobre todo) y la más chocante, culícido (sin comentario)

.
Para terminar, deciros que me marcho en cuanto cuelgue mi relato a comprar unos aparatos que me han asegurado que son muy eficaces. Unos ahuyentadores de mosquitos por ultrasonidos. A ver si tengo suerte y los aleja de mis proteínas, por lo menos, hasta el Sudeste de Asia, que es de dónde proceden...

Maat

1 de junio de 2010

Hasta mañana

Una cadena de circunstancias personales me ha mantenido alejada varios días del mundo bloguero y, confieso que, os he echado de menos...

Regreso con un enternecedor poema de Mario Benedetti. Espero sea también de vuestro agrado.



Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja

para la muerte, que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño

que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido

por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.

MARIO BENEDETTI