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7 de noviembre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes-El lugar desde el que escribo.


En mi casa tengo una pequeña habitación que me sirve de cobijo en mis largas madrugadas. A él acudo muchas noches cuando el silencio impera y busco el preciado descanso para mi cuerpo y mente. Es mi refugio. Una mesa -casi siempre en perfecto desorden- y mi apreciado ordenador, se convierten en mis compañeros de soledad buscada en la que sólo doy cabida a mis melodías preferidas pues me alimentan el espíritu.

Una sufrida estantería va soportando el constante arribar de libros de poemas, antologías, novelas y manuales que guardan miles de consejos para escribir bien. Me queda tanto por aprender...

Y, poco a poco, comienzo a jugar con las letras. No programo lo que voy a escribir ni cómo van a ir componiéndose las frases. Lo realmente importante en esos momentos es dejar la puerta abierta a los sentimientos que porfían por plasmarse en el papel y me dejo sucumbir por ellos.

A veces, queda escrito un sencillo y cálido poema. Otras, vivencias propias o ajenas que hago mías, llegan a emocionarme cuando releo lo que he ido expresando. Y van pasando las horas. La magia de las letras me va envolviendo y poco cuenta el tiempo que transcurre.

Al lado de mi mesa tengo un pequeño balcón con varías de mis plantas preferidas que aguantan mi vigilia. Enfrente, un -todavía- frondoso cinturón verde, me muestra el juego de las hojas de los árboles con la luz de las farolas que, débilmente alumbran el solitario paseo.

Algunos ratos, me dejo seducir por la luna que acude hasta mi pequeño espacio y entonces, salgo a contemplarla. El silencio, la negrura de la noche, la ligera brisa y la sola presencia de vida en los insectos que pululan alrededor de los puntos de luz, convierten el momento en mágico. Las ideas me fluyen, me invaden, y vuelvo ilusionada hacia el papel para darles paso, para darles vida. Y el tiempo pasa silenciosamente, sin apenas darme cuenta.

-¿Has visto la hora que es? - es la frase que muchas madrugadas me hace volver a la realidad.
Mi esposo, me recuerda que soy humana y que necesito X horas para dormir. Me rindo ante la evidencia...

Mañana será otro día.


Maat


Encontraréis más lugares de escritura en:


http://ardilla-roja.blogspot.com/

2 de octubre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes


HISTORIAS DE MIS MUEBLES

La recuerdo desde siempre en la habitación de mis padres. Era de un caoba intenso, repujada de discretos dorados. Su forma era abombada y lucía cuatro hermosos cajones; dos grandes que, al abrirlos, crujían como los huesos de un anciano y dos más pequeños pero generosos en espacio. El de la derecha pertenecía a mi padre. Llaveros, estilográficas, sellos, vitolas, relojes parados en el tiempo y, al fondo, el escondite de sus puros caliqueños. ¡Cuánto le gustaban!


En el cajón de la izquierda, mi madre atesoraba sus escasas joyas, los pañuelos pulcramente planchados y almidonados, un minúsculo cofre con rosarios y sus delicadas y brillantes medias de cristal para ocasiones especiales.

En los cajones grandes descansaban las sábanas blancas de hilo bordadas a mano y las toallas de varios tamaños en perfecto orden que desprendían un agradable aroma a jabón natural que hoy, todavía recuerdo.

El entrañable mueble estaba coronado por una fría y casi inamovible piedra de mármol de color crema, veteada con sinuosas tiras de caramelo que formaban caprichosas figuras. Bajo ella mi madre guardaba los documentos importantes de mi familia. Era su caja fuerte.

Cuando tuvimos que deshacer la casa, fue uno de los enseres de los que más me dolió desprenderme. Pero el mármol todavía lo conservo. Lo tengo en mi mesa de trabajo. Hay noches en que me sorprendo acariciándolo. Entonces cierro los ojos y evoco secuencias cada vez más lejanas y añoradas en el tiempo. Las vividas con mis padres y hermanos, con esa cómoda de mudo testigo...

Maat


Podéis encontrar más historias de muebles en:


http://teresacameselle.blogspot.com/

27 de junio de 2009

Sábados Literarios de Mercedes

Esta semana la propuesta llega desde el blog de Dorotea: http://doroteafuldebenke.blogspot.com/2009/06/sabados-literarios-de-mercedes-diario_705.html

El tema es: "Diario íntimo de una nevera".

No dejéis de pasar por dicho Blog. Os esperan muchas neveras...



Cada día me encuentro más sola. Hay noches que, hasta mi propio frío me molesta; circula sin rumbo firme y va fijándose en mis paredes a modo de gélidas gotas llorando ausencias. No tiene los suficientes alimentos que cuidar y acariciar. Mis estantes se desperezan aburridos y miran envidiosos al cajón de la fruta que, de momento, es el que más visitas recibe. Tersas ciruelas rojas compiten con la triste sandía a la que han conseguido quitar sus pepitas. El melón, desnudo y troceado, quisiera estar entre ellas, pero su intenso aroma lo tiene relegado a un recipiente de plástico del que va siendo rescatado con punzantes palillos blancos.

Echo de menos a las dóciles chuletas-casi en los huesos-esperando en perfecta formación desde sus inmaculadas bandejas blancas, el cariño abrasador del fuego que las haga doradamente apetecibles. No sé cuándo volveré a verlas.

En el congelador tengo una pétrea barra de pan para imprevistos. Sólo alegra un poco la estancia el colorido de las bandejas de cubitos que únicamente se usan para algún coscorrón de los niños de la casa. Ya no hay un buen whisky donde zambullirse y darse un apetecible baño.

En la zona del pescado hace tiempo que no asoman los langostinos, ni las merluzas y, del mero, casi tengo olvidado su color. En cambio, unas malolientes escamosas sardinas llegan de vez en cuando. Parece que ahora son famosas y que benefician a la salud de los humanos. Pescado azul, las llaman. Lo que realmente benefician es su bolsillo. Están baratas.

Unos irrespetuosos yogures de marca desconocida abundan en la zona de los lácteos. Se han adueñado del terreno y no se relacionan con nadie. Como su apellido no es ilustre son más asequibles, hecho que se les ha subido a la tapa y han marcado distancias.

Los envases de las botellas ya no conservan sus bonitas etiquetas de colores que rezan orígenes y propiedades. A fuerza de rellenarse con el agua clorada del grifo, las han perdido. Ningún frasco más las acompaña. Únicamente el día 10 de cada mes, un par de elegantes botes de cerveza de nombre alemán escrito en bonitas letras doradas, aparecen por mi puerta. El tercer estante es para ellos. Su llegada anuncia que al dueño de la casa le han hecho la transferencia desde el INEM. Y sólo ese día se permite el lujo de tomar una rubia muy fresquita con su compañera de fatigas y penurias. Se lo merecen.

Y yo, cada día soporto menos a mi bombilla, ya que se pasa la mayor parte del tiempo ociosa, dormitando y sin hacer apenas gasto. Afortunadamente me queda mi motor; es el único que realmente se ocupa de mí, el que de vez en cuando me pone en marcha y... me hace temblar.

Maat


13 de junio de 2009

Sábados de Mercedes

Esta semana la propuesta llega desde el Blog de Xose con el título: Amor, mi primer amor.


Podréis encontrar el resto de participaciones en:

http://calenturasfrescas.blogspot.com/


Mi querido Nolin.

Me imagino que, si esta carta llegara a tus manos, pensarías que me había vuelto loca. Pero es sólo una especie de juego entre un grupo de amigos blogueros. La propuesta viene hoy de Xose y, nos ha pedido que escribamos una carta a nuestro primer amor. Y mi primer amor fuiste tú; aunque de eso fui consciente muchos años después...Por entonces nadie nos explicaba nada. Y tú eras mucho más que un compañero de juegos.

Cada tarde, me aguardabas en la puerta de mi casa. Cuando yo bajaba con mi bocadillo de mantequilla de tres colores, allí estabas sonriéndome y, juntos, cruzábamos hasta la Gran Vía donde se encontraba el resto de los amigos. Casi siempre intercambiábamos las meriendas. Tú, me dabas un pedacito de tu pan con chocolate de almendras y yo te dejaba mordisquear mi bocata multicolor. Presumía de llegar delante del resto de las chicas contigo al lado. Para mi, suponías algo muy especial. Me mimabas demasiado para nuestra edad. Eras el primero que venía a levantarme cuando, jugando a balón tiro, me caía al suelo. Por muy lejos que estuvieras de mí, llegabas el primero a socorrerme y, con toda la delicadeza del mundo, me curabas los rascones que me hacia en las rodillas. Reconozco que algunas veces exageraba más de la cuenta; pero ese rato que te tenía más pendiente hacia que me sintiera muy importante.

Una de las actividades que más nos distraía era poner los tapones metálicos de refrescos en el carril del tranvía. Cuando este pasaba por encima los dejaba planos y ardiendo. Nunca me dejabas recogerlos; primero lo hacías tú y no me los entregabas hasta que no estaban bien fríos. De nada te servían mis protestas. Recuerdo que era la única chica a la que ninguno de los amigos se atrevía a deshacer los lazos de las trenzas. Teníais habilidad para hacerlo y salir corriendo. Eso suponía que, más de una vez, sufriéramos un buen tirón de pelo. Pero a mí, ni se les ocurría. Sabían que se las verían después contigo...


Me agradaba sobremanera que me despidieras cada noche en la puerta de mi patio. Cuando subía el primer tramo de escalera y me giraba para decirte adiós con la mano, vivíamos un momento delicioso al recoger cada uno la imagen del otro hasta el próximo día.

-Pero, ¿es que vosotros sois novios?, nos preguntaban a menudo los amigos...
(Yo dejaba que tú contestaras sin perder de vista ni uno de tus movimientos).
-Sí, y nos vamos a casar, respondías contundente.


Con el paso del tiempo, la vida nos ha llevado por distintos caminos. Pero hoy, que había que escribir una carta a nuestro primer amor, me he acordado de ti. A pesar de que ni tú ni yo supimos advertir que aquel sentimiento que nos unía entonces era amor. Nuestro primer amor. Y...¿sabes?, me hiciste muy feliz.

Maat


4 de abril de 2009

Sábado literario

HIPÓTESIS FANTÁSTICA

¿Qué pasaría si...la nevera pudiera salir por piernas?





Agotada, abandonó la cama. Se dirigió a la cocina haciendo un verdadero esfuerzo por mantener
los ojos abiertos. La noche fue cruel con ella y apenas había podido dormir. Los ratos en que consiguió hacerlo los sueños llegaron cargados de pesadillas.

En mitad del pasillo se detuvo. Algo le impedía caminar bien. Miró a sus pies y comprobó que llevaba las zapatillas cambiadas. Sonrió. Se descalzó y el frío del terrazo la impulsó a colocar rauda y veloz sus extremidades inferiores donde correspondia.

Observó que una pernera del pantalón del pijama permanecía engurruñada por encima de su rodilla, fruto sin duda de la agitada noche padecida y recordó con pesar las vueltas que había dado en la cama durante su insomnio.

Entró en la cocina para prepararse el desayuno. Sentía un gran vacío en el estómago y le apetecía un buen vaso de leche caliente. Cuando se disponía a abrir la nevera, ésta, de un salto, se plantó en el pasillo y comenzó a correr hasta llegar al cuarto de baño pequeño y, parapetándose detrás de la puerta, le gritaba a través de una pequeña rendija: "No me cogerás, no me cogerás"

Alicia, atónita, regresó a su habitación. Se dio una prolongada y reparadora ducha. Se vistió con ropa informal y decidió salir a la calle. Tenía varias compras que hacer pero, sobre todo, necesitaba tomar el aire. Entró en el cuarto de los trastos y recogió su carro de la compra. Al pasar por la cocina, comprobó que la nevera estaba en su sitio. Seguramente había sido un mal sueño.

La brisa de la mañana le reconfortó. Ya no pensaba en su vaso de leche y se dejó acariciar por los tibios rayos del sol que jugaba al escondite con unas enormes nubes grises. Permaneció unos minutos observando a un grupo de mariposas multicolores que, revoloteando alrededor de las flores de sándalo, se posaban sobre ellas sin encontrar el lugar exacto para permanecer unos segundos.

Una vez finalizadas sus compras volvió a casa. Su carro iba repleto de víveres y decidió que, en cuanto los hubiera guardado en sus respectivos lugares, iba a tomarse un merecido descanso. De nuevo en su cocina observó que todo estaba tranquilo. Fue a por el cajón de las verduras a su nevera, pero, una vez más, ésta salió corriendo, se subió al quicio de la ventana y después de tomar impulso comenzó a elevarse a toda prisa hacia el cielo a la vez que se escuchaban unas carcajadas "a lo papá Noel": "Ajajaaaaaaa"


Alicia no daba crédito a lo que le estaba viviendo esa mañana. Resignada, se puso a cocinar la mayoría de los alimentos por miedo a que, sin frío, se estropearan. Y transcurrieron horas. Cuando se disponía a guardar todos sus guisos en fiambreras se percató de que, silenciosamente, la fugitiva había regresado a casa. Todavía estaba jadeante por el ejercicio de altos vuelos realizado. La joven, presa de ternura, le secó las gotas de sudor que salían por la puerta de su congelador. ¡Cuánto la había echado de menos! La besó dulcemente y advirtió una leve vibración de agradecimiento. Y para que se encontrara más cómoda, fue liberándola de todos los adornos que tenía depositados sobre su puerta. Retiró imanes, listas de cosas por hacer, un pequeño calendario, la receta pendiente de sacar de la farmacia, la estampa de San Pancracio, los teléfonos de urgencia...
Se propuso cuidarla más a partir de ese mismo momento. Igual le compraba hasta un nevero, para que se hicieran compañía, para que charlasen de sus cosas, para que se amaran... Estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de evitar que su nevera volviera a salir corriendo.

Pero...¿qué era realmente lo que estaba ocurriendo ese día en su casa? ¿Estaba despierta o todavía permanecía sumida en una terrible pesadilla...?




Maat









28 de marzo de 2009

Sábado literario




LA PRIMERA VEZ QUE...vi la nieve.


Esa mañana, al salir de mi habitación, noté en casa un ajetreo inusual. Nada más verme, mi hermana Pili me puso al corriente de lo que ocurría:

-¡Esta noche ha nevado! ¡Las calles están cubiertas de nieve!

Permanecí inmóvil en el comedor viendo como mis tres hermanos se preparaban para acudir a sus respectivos trabajos. Entraban y salían de sus habitaciones entusiasmados con la idea de encontrarse ya en la nieve. Calzados con botas de agua y provistos de abrigos, bufandas y guantes, los vi marchar- con cierta envidia- a vivir su aventura blanca.

Intenté salir al balcón para contemplar la inesperada visitante, llegada mientras dormíamos, pero una gran señal acústica materna de prohibido el paso me lo impidió.

-¡Ni se te ocurra salir al balcón en camisón, no vayas a enfriarte...!

Y, sin darme tiempo a reaccionar, prosiguió:

-Hoy no irás al colegio. Seguro que con esta nevada las clases se han suspendido...

Y, diciéndome esto, dejó el vaso de Cola Cao y mis tostadas con mantequilla encima de la mesa.

Creo que fue el día de mi vida que más rápido desayuné. Una vez vestida "convenientemente" para poder salir al exterior, sólo faltaba peinarme. Nunca había controlado lo que le costaba a mi progenitora hacerme cada mañana las trenzas. Pero esa vez me pareció que empleaba demasiado tiempo en la tarea.

¡Por fin podía salir al balcón! El panorama que avisté fue espectacular. Un gran manto blanco cubría toda la calle, surcada a su vez por dos gruesas líneas negras que el paso del tranvía había dibujado justo en el centro de la calzada. Sobre las hojas de los árboles, cientos de copos de nieve creaban figuras extrañas, dependiendo del tamaño de las mismas. Y los pájaros no revoloteaban entre las ramas como solían hacer cada mañana. Acaricié la capa blanca en la que se había convertido la barandilla de mi balcón. No era tan fría como creía, a pesar de que mis dedos terminaran por quedarse insensibles...

La verdad, no sé que me impresionó más, si el ver por primera vez la nieve tan cerca o contemplar a la mayoría de mis amigos jugando con la recién llegada. Sus minúsculos gorros de colores contrastaban con el blanco que había invadido cada rincón del entorno y nunca unas risas y muestras de alegría me habían causado tanta tristeza. Ni los generosos lagrimones que acudieron a mis ojos ablandaron a mi madre.Yo, no podía bajar a la calle. Y punto.

Recuerdo que abandoné el balcón. El orgullo de que mis amigos no me vieran llorar y la desdicha de no poder bajar a jugar a la calle, como ellos, pudieron más que el hecho de contemplar aquella visión casi fantástica...

Es una de las imágenes más tristes que, con toda nitidez, conservo de mi infancia:
La primera vez que vi la nieve y... no pude jugar con ella.


Maat



21 de marzo de 2009

Sábado Literario


Últimas noticias llegadas a nuestra Redacción:

Según los recientes datos facilitados por el INE, el número de parados ha bajado considerablemente durante el mes de Marzo. De seguir a este ritmo, se prevé que a principios del otoño alcancemos el pleno empleo.


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Misteriosamente, los "sin techo" que ocupaban algunos de los rincones de nuestras calles, han ido apareciendo en una finca abandonada a las afueras de la ciudad, hasta donde han acudido el Conseller de Bienestar Social y un grupo de empresarios, quienes se han comprometido a impulsar el acondicionamiento tanto del edificio como de los jardines y huertos colindantes, para que ellos mismos cuiden y gestionen en un futuro.

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El Congreso de los Diputados en pleno, ha aprobado el Real Decreto-Ley 1/2009, de 2 Enero, de medidas extraordinarias por las que, las pensiones mínimas, de mayores de 65 años quedan equiparadas en 1.200 euros/mes, al igual que las pagas extras de Junio y Diciembre.

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Así mismo, se aprueba la colocación de un gran detector de mentiras en el hemiciclo, concretamente donde realizan las intervenciones sus señorías. Unas estridentes sirenas, acompañadas de brillantes luces rojas intermitentes, harán acto de presencia en cuanto alguna mentira "intente colarse" entre sus palabras.

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Aunque la noticia está pendiente de confirmación se espera que, a lo largo del día, y consciente de que los sábados literarios sin ella no son lo mismo, Mercedes se asome a su blog para dejarnos un beso con uno de sus sabores característicos.

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Agencia Bloggera, 21/3


Maat




14 de marzo de 2009

Sábados Literarios

Bueno, amigos... Después de mucho consultar, mirar, rebuscar y,





a pesar de estar viejito, sólo me ha convencido el siguiente anuncio:





Feliz e intenso finde.

Besotes.

Maat




7 de marzo de 2009

Sábado Literario

Me acuerdo que formábamos un buen grupo de amigos. Nos unía el hecho de que nuestros hogares estuviesen en la misma acera de la calle. Por las tardes, cuando terminaba nuestro horario escolar y después de pasar por casa a recoger la merienda, nos íbamos reuniendo en la Gran Vía, un precioso jardín ubicado en la puerta de nuestras casas. Todas las "actividades extraescolares" las vivíamos allí, al aire libre y entre unos enormes árboles, plantas y flores variadas. Recuerdo de forma peculiar un gigantesco Eucalipto al que yo le tenía mucho cariño, pues sus frutos, una especie de farolitos verdes, los utilizaba mi padre (fumador empedernido) por sus propiedades balsámicas para hacer inhalaciones. Durante un tiempo, creí que "eso" iba a curarle su tos matutina. De ahí mi afecto.

A lo largo de la tarde eran muchos juegos los que ocupaban nuestras horas. Balón tiro, el pañuelo, moros y cristianos, policías y ladrones, levanto la malla, saltar la comba... Esto último, en raras ocasiones, pues los chicos eran bastante "patosos" brincando y terminábamos discutiendo...

Muchas tardes, cuando ya el sol decidía retirarse, acudían nuestras madres con bocadillos para la cena. Entonces, apelotonados en uno de los espaciosos bancos marrones del jardín y mientras dábamos cuenta de los bocatas, nos relatábamos las incidencias del día, nuestras respectivas, en otro banco, conversaban de sus cosas.

Algunas noches el broche de oro consistía en ir a una heladería próxima, "Los Italianos", y deleitarnos con sus exquisitas especialidades. Yo siempre elegia un cucurucho de fresa y nata. Insuperable.

Evocar esta etapa de mi vida me ha enternecido. Por un momento he pensado que sería mágico convertir nuestra existencia en un juego, por ejemplo el de "la malla". Me lanzaría con todas mis fuerzas hacia ella y, alcanzándola, gritaría aquello de:

"levanto la malla por mí y por todos mis compañeros"

Y, ya todos a salvo, emprenderíamos de nuevo el juego.

Maat


21 de febrero de 2009

Sábado Literario






















Estas son mis listas:


No me gusta...

Las salas de espera.
La gente que se creé superior a los demás.
Tener que hacer algo de lo que no estoy convencida.
Lo deprisa que pasa el tiempo.
Los aparcamientos reservados a cargos públicos.
Planchar esas odiosas camisas de marca "ecuestre" de mi hijo.
Tener los pies fríos.
Las personas desconfiadas.
Sentirme sola.
No saber hacer más cosas en mi blog.

Me gusta...

Contemplar el mar, en silencio.
Preparar sorpresas a mis amigos.
Leer de madrugada.
Captar imágenes insólitas con mi pequeña cámara digital.
Que me abracen.
La sinceridad.
Acunar a un bebé.
Los almendros en flor.
Aprender.
Escaparme a Cádiz.


Maat



14 de febrero de 2009

Sábado Literario


Bienvenidos a mi Blog.

Atendiendo a la invitación de Mercedes (no nos da tregua) os dejo un poema de Lope de Vega.
Lo creo apropiado para hoy, día que se celebra en muchas partes del mundo el día de los enamorados. Espero que sea de vuesto agrado.


DESMAYARSE, ATREVERSE, ESTAR FURIOSO

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

LOPE DE VEGA