26 de noviembre de 2012

.¿Hasta cuando...?

Yo recorto

 tú recortas 

él recorta

nosotros recortamos

vosotros recortáis

ellos NO recortan. 

(¿Hasta cuando?) 


Lupe

15 de noviembre de 2012

Este jueves, un relato: Una de tres


Cada domingo, el mismo ritual. Llegaba a casa jadeante por el esfuerzo de subir cuatro pisos en un pis-pas luciendo todavía  en su cabeza el largo velo blanco,  fruncido entre sus trenzas,  como parte del uniforme que debía vestir para asistir a la impepinable Misa de 12 en la capilla de su colegio. Los lunes, la madre Julia pasaba lista y la ausencia de cruces de asistencia en la lista correspondiente, daba origen a íncomodos interrogatorios...

Ilusionada, y con una sonrisa en el rostro que solo ella conocia qué la motivaba, pasaba  a realizar el trabajo que más grato le era de toda la semana. En la galeria, y encima de la artesa que su madre utilizaba para lavar la ropa, se empleaba a fondo para embadurnar, con un diminuto pincel, sus sandalias de los días de fiesta. En unos minutos, ese lechoso tinte espeso con el sol de cómplice,  las dejaba impolutas, como recién compradas. 



Las horas del resto del día, hasta las 5 de la tarde, se hacían interminables. A esa hora, entre risas y carreras, y engalanadas con sus almidonados vestidos de los domingos, acudía con su grupo de amigas a la clandestina y casta cita en  la señorial calle de La Paz, para "ver" a sus chicos. Y empleo bien el verbo ver, porque tan solo iban a eso, a verse. Ellas paseaban picaronas por un lado de la calle, y ellos, por la acera opuesta, les regalaban piropos entre llamativos aspavientos. El suyo era Pici, y le tenía colada hasta los huesos. Cada una se había elegido uno, incluso había candidatos con más de una enamorada. "Su" chico era  Pici porque nadie lo quería, pues para el resto de la panda femenina era el más feo y destartalado de los muchachos. Por eso ella lo habia elegido, e incluso le había puesto nombre, Pici, por áquello de "mas feo que Picio". Pero tenía la sonrisa más bonita de todos y un salero especial para guiñarle el ojo.

Así transcurría el resto de la tarde hasta la inexorable hora de volver a casa. Calle arriba, calle abajo, recogiendo sonrisas, piropos, alentadoras palabras sueltas, guiños, momentos maravillosos vividos con intensidad que alimentaban el resto de la semana, esperando el próximo domingo para volver a ver a sus chicos. Solo verlos y escucharlos desde la otra acera. Porque estar juntos en el mismo lado todavía lo tenían prohibido. No tenían edad...Se conformaban tan solo, con vivir una quimera.

Lupe

Más relatos en el entrañable blog de Neógeminis

9 de noviembre de 2012

Este jueves, un relato: Volvemos en seis minutos.






A la introducción que nos hace  Gus desde su blog para el tema de esta semana, diré que la televisión se metió en nuestros hogares, de forma oficial, el 28 de Octubre de 1956.  Ese día televisión española, lanzaba  oficialmente desde los estudios del  Paseo de La Habana, su primer programa. A mi casa  llegó unos años más tarde. Y de esos años de tele en blanco y negro recuerdo con especial cariño una serie-muy poco cariñosa-que se llamaba "Los intocables". 

Os decía que a mi casa vino unos años más tarde, ya entrados los sesenta. Donde llegó mucho antes fue a casa de Don Eugenio, nuestro vecino, un militar retirado por causa de una ceguera inesperada, y que, tanto él como su familia, se convirtieron con el paso de los años, en parte de la mía. 

No recuerdo exactamente que día de la semana emitían dicha serie. Lo que si recuerdo con verdadero agrado, es el cuadro que organizamos para disfrutar de cada episodio televisado. La casa de Don Eugenio era espectacular. Al lado de la puerta de entrada había un gran salón, de techos altos y paredes revestidas con toda clase de cuadros imaginables. Un enorme y cómodo sofá de terciopelo marrón a juego con dos mullidos  butacones orejeros acompañaban a un reluciente piano, conformando todo el mobiliario de la estancia. La grandiosidad de unas puertas lacadas en blanco marfileño con picaportes dorados, daba paso a una cómoda sala de estar, donde se hacia "la vida" en esa casa. Un gran balcón daba a la Gran Vía del Marqués del Turia, y tras sus cristales, Don Eugenio se pasaba muchas horas al día disfrutando de la claridad que sus ojos conseguían apreciar de vez en cuando...

Apenas unos minutos antes de comenzar a emitirse la serie, mi madre, mis hermanas y yo, bajábamos a casa de nuestros vecinos, ocupando la espaciosa sala que, ese día, sufría algunos cambios...Sus  enormes y elegantes  puertas lucían abiertas, dejando ver el flamante televisor que presidía la estancia contigua, el sofá, encarado hacía él, acogía con generosidad  nuestros cuerpos y, a los primeros sones del tema musical compuesto para la serie por el arreglista  Nelson Riddle, ya estábamos prestos  para regocijarnos con las andanzas de Robert Stack, en el papel del Agente Eliot Ness, en su lucha con el imperio criminal de la mafia de Chicago, en plena vigencia de la Ley Seca impuesta en Estados Unidos...


Ya se que no era una serie muy apropiada para mi edad, aunque era "tolerada", pero esos penetrantes ojos claros  y, la pícara sonrisa de Stack, me tenían encandilada.

  Además, siempre ganaba él.

Un programa que echo de menos...? 

A día de hoy, y si pudiera elegir, se emitiria de nuevo "Estudio 1". Aquel espacio, permaneció en antena a lo largo de 20 años, dando lugar a la representación de más de 400 obras teatrales de reconocidos autores españoles y extranjeros interpretadas por un formidable elenco de actores nuestros. Guardo un imborrable  recuerdo de la actriz Mary Carrillo, en su brillante trabajo de "La malquerida", obra de teatro escrita por el dramaturgo Jacinto Benavente. ¡Estuvo soberbia...!

Y para terminar, una escueta referencia a un programa muy peculiar que también ha venido a mi memoria gracias a la propuesta de esta semana de Gus. Se titulaba: "El alma se serena" y con este espacio se "cerraba" la emisión del día con unos versos escogidos para la meditación y el relajo a los que  acompañaba  una agradable música de fondo, invitando ambos a un placentero y merecido descanso.

Coincidía este programa-algunas noches-con la hora de mi vuelta a casa, después de una tarde entre amigos y revoloteando todavía en mi estómago las mariposas impulsadas por el último beso de mi entonces novio-hoy esposo-regalado en el portal como despedida...

¡Ay, que tiempos aquellos!
 Lupe

Más programas de tele en casa de Gus






7 de noviembre de 2012

Cita







Espérame donde comienza la noche,
porque sólo entre tus brazos,
me siento viva.

Y, después, una cómplice luna,
junto a las estrellas,
velarán nuestro sueño.

LUPE
 


1 de noviembre de 2012

Este jueves, un relato: Halloblogween 2012

Cecilia, aprovechando el sustancioso puente de Todos los Santos, acababa de llegar a su pueblo natal para visitar a sus padres. Cada vez que pisaba aquellas empedradas calles, venían a su mente los buenos ratos que, por ellas,  pasó de niña correteando y jugando con su pandilla de amigos . Se sentía feliz tan solo con respirar el aire puro que envolvía aquel pequeño y pintoresco pueblo rodeado de frondosos bosques.

Como cada primero de Noviembre, su madre tenía colocadas en un sitio preferente del comedor, la foto de su abuela y la vela que, toda la noche, iba a hacerle compañía. Apenas se atrevió a fijar sus ojos en aquel viejo retrato. Aún le recorría un punzante escalofrío  por el cuerpo cuando lo veía.

El día había sido agotador, el viaje, las visitas, los saludos...Se despidió de sus padres en el momento que su madre comenzó con las plegarias por los familiares que "se habían ido." Pero esta vez, ella no le acompañó. El cansancio se reflejaba en su rostro y se dirigió a su habitación en busca de un buen sueño reparador. 

Tumbada en la mullida cama, hizo un esfuerzo para que los reflejos de la vela que ardía en memoria de su abuela y que se colaban por debajo de la puerta, no la inquietaran ..  Fue recorriendo con la vista, poco a poco, cada rincón de la estancia. Todo estaba tal y como ella lo había dejado el día en que marchó a la ciudad para comenzar su carrera universitaria. Las toscas paredes pintadas de aquel blanco roto, las vigas de madera que cubrían el alto techo y que con el tiempo habían adquirido un sobrio color miel, la vieja ventana, donde Arturo le echaba las piedrecillas para que ella se asomara y bajara a jugar con él a la calle, el vetusto armario marrón, en el que el espejo de sus puertas prácticamente había quedado escondido detrás de aquellas desbordadas manchas amarillentas...

Imposible conciliar el sueño. Se imaginaba lo que estaba pasando en esos momentos a escasos metros de su habitación y no pudo evitar comparar la escena con lo que, en años anteriores, había sido para ella una verdadera pesadilla.

Recordaba cuando era niña, como su madre, tal noche como la de ese día, comenzaba con el ritual que a ella le helaba la sangre. El retrato de la abuela, la luz de la vela, las plegarias...Nunca entendió que hicieran falta aquellas pequeñas oraciones para librar de algo malo, a una persona tan buena como lo había sido su abuela y que, desde el más allá, las necesitaba. Jamás hizo ningún comentario al respecto, pero al lado de su madre, sufría de mirar el rostro retratado de aquella mujer, que gracias a los movimientos de la luz de la vela, parecía querer hablarle. Le impresionaban sobre todo sus ojos, ya que le hacia el efecto de  que quisieran decirle algo, y ella hacia todo lo posible por evitar encontrarse con ellos. 




Con esos recuerdos, entró en un sueño profundo. Una ligera brisa le despertó. Extrañada,  miró hacia la ventana y, con extrañeza comprobó que  estaba cerrada. Entonces, ¿de dónde venía esa especie de aire helado que inundó la habitación...? Por un momento pensó que estaba soñando, pero una frase pronunciada con cierta rotundidad retumbó en las paredes de la habitación: 

-¡Cumple la promesa! ¡Cumple la promesa!

Se incorporó en la cama y, cuando iba a encender la luz para asegurarse que no era un mal sueño, aterrada, vio la imagen de su abuela reflejada en el desgastado espejo del armario, quien con gesto suplicante volvió a repetir:

-¡Cumple la promesa! ¡Cumple la promesa!

Saltó de la cama despavorida. A duras penas, pudo contarle a su madre lo que acababa de ocurrirle. La mujer, incrédula, corrió a la habitación de su hija para comprobar lo sucedido. La imagen del espejo había desaparecido. Ya no se escuchaba la voz suplicante de la anciana muerta. Pero el ambiente era gélido. Y hubo algo que la hizo estremecerse. El aroma a ancianidad de su madre, había quedado flotando en el ambiente.

Pronto comprendió lo ocurrido. Recordó cuando nació Cecilia y lo grave que había estado después de un complicado parto. La abuela de la niña, Aparición, hizo una promesa a la patrona de su pueblo. Si la niña se salvaba, subiría los peldaños del Monasterio del pueblo, arrodillada. Era una práctica habitual entre los feligreses de la zona. Pero a Aparición, con los años, se le había olvidado cumplir dicha promesa.

Y este año, en la noche de los Difuntos, y siendo el primer año en el que Cecilia era mayor de edad, le había hecho saber que, desde el más allá, necesitaba que esa promesa se cumpliera.

Aún no había salido el sol, madre e hija subían arrodilladas los 89 escalones que conducían hasta el portalón del Monasterio donde se veneraba la imagen de la patrona del pueblo. 

Abrazadas y, entre lágrimas, Cecilia escuchó el susurro que su madre le hacia emocionada:

Ahora, la abuela, ya ha entrado en el cielo.

Lupe


Más terrores en el blog de TERESA

P.D. Tan solo añadiros que el fondo del relato, la historia de Aparición, tiene algo de cierto. Ocurrió dos generaciones anteriores a la mía, en la rama materna, allá por tierras extremeñas...




25 de octubre de 2012

Este jueves, un relato: Colores.



Muchas veces, nos ocurre como a este sol que capté con mi cámara no hace muchas mañanas que, querindo lucir con toda la intensidad posible los brillantes  colores anaranjados de su amanecer,  un denso nubarrón negruzco , se lo impedía. Hasta el azul del pedazo de cielo que era testigo de esa lucha, quedó deslucido.




La fuerza e intensidad de los amarillos rojizos ganaron la batalla, y por fin, un cegador y triunfante sol, iluminó esa fresca  mañana de un recién estrenado otoño. 




El desánimo, la desilusión, la incomprensión, el desamor...¡Cuántos nubarrones grisáceos nos eclipsan a lo largo de nuestra vida...! Incluso hay veces que nos quedamos encallados, como estos buques que también capté con mi cámara el pasado mes de Septiembre tras una intensa tormenta en nuestra costa valenciana.







En estos casos, una caricia, un beso, una señal de afecto, un te quiero, un me importas...puede remolcarnos de nuevo a flote para continuar con la travesia de la vida, que no siempre encuentra el mar en calma...










Más colores en casa de Lois y Clark


Lupe 






18 de octubre de 2012

Este jueves, un relato: De libros...



En cuanto leí el tema que Rochies nos proponía  para este jueves, me vino a la mente un libro que me marcó y que leí hasta la saciedad..."La vida sale al encuentro", de José Luis Martín Vigil.

De siempre me ha gustado leer. Recuerdo con especial ternura la pequeña biblioteca que las Adoratrices tenían  a nuestra disposición, en el colegio. Una sala sombría, con mobiliario regio, techos altos y un divertido y reluciente mosaico por suelo, acogía un enorme armario lleno de estantes en los que, en riguroso orden, se exhibían los ejemplares destinados a nuestro solaz. Preparados para caer en nuestras manos, todos vestían de azul, con una etiqueta blanca en su lomo que indicaba el lugar que debían volver a ocupar cuando regresaran a su estante. En la educación que recibíamos por aquellos años-cosa que agradezco infinito-fomentaban el amor a la lectura, como llave indispensable de acceso a ampliar la cultura  que nos abriría muchas puertas a lo largo de nuestra vida.

Pero no fue ninguno de aquellos libros los que ahora trato de recordar, aunque si fueran los artífices de mi afición a la lectura.  "La vida sale al encuentro" llegó a mis manos gracias a que mi hermana la mayor trabajaba en una biblioteca y, en mis periodos vacacionales, le acompañaba muchas tardes a su trabajo, pues me encandilaba ver como preparaba las fichas- a mano- de los nuevos libros que iban llegando, con aquella letra de redondilla que tanto enviadaba y que nunca fui capaz ni de imitar.

Me enganché a la forma de narrar de Martín Vigil. Con "La vida sale al encuentro", reí, lloré, me emocioné, y aprendí muchas cosas del mundo de los sentimientos: el primer amor, el valor de la amistad y la importancia de la lealtad incondicional hacia los amigos, los lazos que pueden unir a los hermanos, la admiración, reconocimiento y respeto a los padres, los grandes ideales que nos brotan en la adolescencia y la forma de afrontar las dificultades que la vida va poniendo a nuestro paso. La narrativa de Martín Vigil, estaba preñada de una carga sentimental que te empapaba, sobretodo teniendo en cuenta la época que la conocí, en plena zancada de la infancia a la juventud.

Siempre ha habido libros en cada etapa de mi vida. Recuerdo con especial cariño y una sonrisa de oreja a oreja, uno que nos compramos "mi novio" y yo con toda la ilusión de que son capaces dos jóvenes enamorados: "Escuela del amor y del matrimonio". Muchas tardes, nos íbamos hasta el camino del faro, frente al mar, a leer capitulos y capitulos del libro, que daban origen a interminables conversaciones...

El último libro que ha caido en mis manos ha sido:"Cincuenta sombras de Grey". Aún no he conseguido recuperarme de su lectura. ¡Poldios!

Lupe


Más libros en el blog de Rochies


11 de octubre de 2012

Este jueves un relato: El teléfono

Una semana más,  me reitero en que esto de los "jueves" es fascinante. Cuando leí la propuesta de María José para hoy,  me dije: esta semana vamos a hablar del invento del Sr. Bell. Pero mira por donde, documentándome para mi relato, me desayuno que el Congreso de los Estados Unidos, el 11 de Junio de 2002, aprobó una resolución-la 269- por la que reconocía que el inventor del teléfono había sido Antonio Meucci, italiano emigrado a Estados Unidos en 1850, y que residió en Clifton (Ohio) hasta el fin de sus días. Fue allí donde inventó un aparato para poderse comunicar desde su oficina, ubicada en el sótano de su vivienda, con su esposa enferma de reumatismo y que ocupaba  el segundo piso de la residencia, aparato  al que él llamó teletrófono. Su penuria económica le impidió poder patentar su invento, cosa que si que hizo sagazmente Alexander Grahan Bell, adelantándose tan solo dos horas a la presentación de otra solicitud de patente sobre el mismo invento, la de Elisha Gray, el 14 de Febrero de 1876.
Lo bien cierto es que el famoso artilugio se creó para facilitar la comunicación entre personas, y el correr de los tiempos nos ha "enganchado" totalmente a él y casi podíamos decir que se ha hecho indispensable en nuestra vida. Es portador de buenas noticias, de malas, nos tranquiliza, nos inquieta, nos hace reír, llorar, crea lazos, nos sorprende...Para muestra, un botón.

Llevaba pocas semanas en mi primer empleo. Esos días, el trabajo era especialmente atosigante. Preparábamos el muestrario de los comerciales de la empresa-un almacén de paquetería y géneros de punto- y la tarea era muy compleja. Por un lado, la variedad y cantidad de artículos  a disponer, y por otro, el soportar a los "viajantes" en el dique seco, era enloquecedor.

Ese día, me encontraba francamente mal y la tarea se convirtió en un verdadero suplicio. La noche anterior, los primeros síntomas de la gripe llamaron a mi puerta y acamparon en mi organismo a sus anchas. Estaba deseando que llegara la hora de salida para largarme a mi casa,  meterme en el sobre y plantarle cara a tan impertinente "okupa" vírico.
Como cada tarde, en la puerta de la empresa, mi jefe-creo que ya no quedan como él-nos despedía a la vez que se interesaba por los acontecederes de la jornada laboral. Cuando llegué a su altura, me cogió por los hombros y me susurró:
-Vete a casa y olvídate del trabajo durante dos o tres días. Necesitas descansar y cuidarte. Verás como en un par de días, estás bien.
Esa noche la pasé fatal. Un subidón de fiebre y el dolor intenso en todas las articulaciones me acompañaron prácticamente toda la noche. Ya apuntaban los primeros rayos de sol cuando una agradable modorra, me invadió.

Estaba en el mejor de los cielos cuando el inoportuno timbre del teléfono me devolvió al mundo de los vivos. 

-Emití un dígame desfallecido...

-¡Buenos días!-me canturreó una voz melodiosa desde el otro lado- Está usted de suerte, ha sido elegida para hacerle una propuesta interesante. ¿Ha pensado alguna vez cual va a ser su última morada? ¿Le gustaría adquirir una parcela en un sitio de ensueño, donde sus familiares podrán visitarle en un entorno privilegiado...? La Arboleda del Sosiego le ofrece la oportunidad de adquirir hoy, por un precio muy razonable y tentador, su morada eterna...

--A duras penas, y haciendo un verdadero esfuerzo para no ser lo soez que se merecía la interfecta, le indiqué lo inoportuno de su llamada y, lejos de amilanarse, se atrevió a decirme que nada mejor que tomar esa decisión desde el lecho del dolor...

Le colgué. Lo siento. Pero le colgué. Le colgué con furia, como si el sufrido auricular de baquelita  lo hubiera depositado justo encima de su cabeza. Ganas no me faltaban.

A la mañana siguiente estaba de nuevo sentada ante mi máquina de escribir eléctrica. Los comerciales volvían a pulular a mi alrededor con el trasiego de sus notas. Celebraban mi rápido restablecimiento.

¿Cómo explicarles que el milagroso revulsivo fue aquello de "mi última morada"?

Lupe

Más teléfonos en la agenda de María José


9 de octubre de 2012

Día de la Comunidad Valenciana








Desde mi blog, quiero enviar un afectuoso saludo a todos los valencianos que sienten, aman, respetan y velan por mantener vivas nuestras raices, lejos de intereses partidistas de cualquier color. Y, a todos aquellos que, buscando una vida mejor llegaron hasta nuestra tierra y ya forman parte de la Comunidad Valenciana.

A todos ellos, ¡Feliz día!

Lupe

27 de septiembre de 2012

Este jueves, un relato: Mirada retrospectiva


Esta semana, la idea de Pepe sobre el tema del relato juevero me ha causado una placentera sensación. De un tiempo a esta parte, he observado que en mi circulo más próximo evocamos con cierta frecuencia vivencias del pasado que hemos tenido la suerte de compartir. No dudo que es fruto de la edad, porque no quiero creer que son épocas que echamos de menos. ¿O si?

Hay días que incluso mentalmente me comparo con aquel gracioso personaje: el abuelo Cebolleta, cuando me apasiono relatando ciertas vivencias que el tiempo ha ido transformando en entrañables. Seguramente alguno de vosotros lo recordará.  Celebridad que cobró vida en el TBO de la mano de Manuel Vázquez allá por los años cincuenta y que nos deleitó con sus divertidas peripecias familiares hasta entrados lo setenta.


Buscando entre mis recuerdos un hecho que traeros a través de mi relato he seleccionado una imagen de mi familia que me encanta rescatar del "disco duro".

Era algo tan sencillo como ayudar a mi madre en sus quehaceres culinarios. Y una de esas ayudas, tomaba forma una noche a la semana, justo el día antes de que nos preparara para comer sus exquisitas lentejas.

Era un perfecto ritual. Una vez retirados de la mesa todos los restos de la cena, mi madre colocaba un mantel especial para la selección de las lentejas. Depositaba en la mesa un cacharo con agua para ir zambulléndolas  y de la pequeña tinaja color amarillo veteada en verde, sacaba 12 medidas de las legumbres que iba amontonando en el centro de la mesa. Disponía un  cuenco pequeño para ir depositando las molestas piedrecillas que se escondían entre los diminutos discos pardos, y que no se nos podía escapar ninguna. Esa era la misión encomendada.

Era un trabajo para las mujeres de la casa. Mi padre nos observaba desde su butaca,  mientras picaba sus puros caliqueños que le llegaban de contrabando-nunca supimos a través de quien-y que convertía con maestría envidiable en los cigarrillos que consumiría a lo largo del día siguiente. A su lado, mi hermano, trajinaba con una sufrida caja de puros que al final logró convertir en una radio, llegando a sintonizar nada menos que emisoras de habla francesa.

La única que intentaba escaquearse y la mayoría de las veces lo conseguía era mi hermana Pilar que se perdía en el cuarto de baño con la excusa de desmaquillarse y embadurnarse el rostro con sus potingues, tarea que consideraba mucho más atrayente que la de las lentejas.

Eran momentos únicos. Se hablaba de lo acontecido durante el día, de los proyectos para el día siguiente. Cantábamos, reíamos...Disfrutábamos en familia de cosas aparentemente intrascendentes que nos hacía sentirnos felices. Asi. Sencillamente felices...

Gracias, Pepe, por esta mirada retrospectativa a la que nos has conducido.

Lupe

Más miradas en el blog de Pepe

20 de septiembre de 2012

Este jueves, un relato:Teatro, máscaras y apariencias.


Llevaba demasiado tiempo interpretando un papel que no era el suyo. Y se esforzaba en seguir fielmente el guión que los demás escribían para ella. Pero el peso interior que iba acumulando era ya tan agobiante que, decidida, intentó en más de una ocasión quitarse la máscara y mostrarse tal cual era en el momento preciso que ella comprendía que debía hacerlo. Tan acostumbrado tenía a su entorno a la docilidad impuesta, que no aceptaban sus tímidos cambios y se lo hacian saber sin la más ligera contemplación. Necesitaba sentirse querida y, conseguirlo, le costaba un precio muy caro. Cada vez con más asiduidad le resultaba muy costoso fingir para agradar, soportar las renuncias que se le generaban entre bastidores,  en su afligida alma. Y lo que era peor.  No comprendía el origen de ese sentimiento, esa necesidad apremiante de que le quisieran...

Una tarde, sentada junto al lecho de su octogenaria madre a quien la vida se le escapaba por momentos, recibió una confidencia que marcaría un antes y un después en su existencia. A modo de desahogo y, quizá, intentando limpiar su conciencia antes de emprender el último viaje, la anciana confesó a su hija el enorme disgusto que sintió cuando ésta,  dio sus primeros avisos de que venía en camino. Tan de improviso llegó y en tan mal momento que, incluso, intentó con métodos caseros interrumpir su vida. Sencillamente no la querían...

Desde entonces, lucha incansablemente por encontrar su sitio en este gran teatro que es la vida. Intenta huir   de utilizar incómodas máscaras que la desfiguran y se esfuerza para que se desvanezcan ciertas apariencias que de vez en cuando adopta y para nada van con ella. Quiere ser integra, mostrarse tal cual es, encontrar el gran papel de su vida, pero el que ella misma escriba...

Sigue sintiendo nerviosismo cada vez que el telón está a punto de subir. De mostrarse frente al público que, desde el patio de butacas, espera ser complacido con la representación

Aunque para ella, cada día con más fuerza, lo más importante va siendo que, cuando caiga el telón, se escuche  tan solo un  efusivo y espectacular aplauso. El suyo. 

Lupe

Más teatros, máscaras y apariencias en casa de Neo





17 de septiembre de 2012

Cuando estemos viejos...


Cuando estemos viejos
y el paisaje se nos haga pequeño.
Cuando el sol del invierno
acaricie nuestros rostros
y broten en nosotros los recuerdos.

Cuando estemos viejos
y tiemblen mis manos en las tuyas.
Cuando nos falte el llanto y la risa
de estos diablillos que estarán lejos...

Cuando estemos viejos, cuando estemos solos
cuando no haya nada y nos duela todo.
Cuando sólo exista la casa vacía
y anden en silencio tu sombra y la mía.

¡Nos querremos tanto¡
que nuestro cariño
llenará la ausencia
 de nuestros queridos  hijos.

Cuando estemos viejos
yo te prometo amor mío,
serán nuestros días, llenos de ternura
y nuestras horas, llenas de dulzura.

Andaremos juntos, viejitos inquietos
las cuatro estaciones, de un mundo de miedos..
Y verás mi vida, que miente el espejo
pues seremos amantes novios
cuando estemos viejos...

(Desconozco el autor)



12 de septiembre de 2012

Los martirizados autónomos






Una de mis aficiones mañaneras es consultar los santos del día. El tesoro de nombres que guarda la Iglesia Católica en su santoral es muy extenso. Mucho. Me divierte descubrir nombres-para mí curiosos- de épocas  tan remotas en el tiempo. Épocas que tan dificil se hacia ser católico y aún más reconocerlo publicamente. Muchos de esos santos, han pasado a serlo después de sufrir persecución y muerte, convirtiéndolos en mártires, además de santos.

El que he descubierto esta mañana me ha impresionado gratamente. Nada menos que hoy se celebra la festividad de San Autónomo. Ni que decir tiene que me he zambullido en busca de su biografia, pero poca cosa he encontrado. Ahora se que nació en Italia  y que allí recibió el episcopado. Pero que el Emperador romano Diocleciano, conocido por Cayo Aurelio Valerio Diocleciano Augusto,  le complicó la vida, ordenando su persecución y muerte. Autónomo, sabiéndose perseguido, se refugió en Bitinia (hoy Turquia) y un mal día-o bueno, vaya usted a saber- en plena mesa de trabajo, (con el mayor de mis respetos al lugar) o sea, en plena celebración de una Misa oficiada por él, es asesinado. Era un 12 de Septiembre de un año por determinar...

Mira por donde, nuestros sufridos autónomos, tienen un santo patrón a quien dirigir sus plegarias. 

En pleno siglo XXI siguen habiendo emperadores que "persiguen" a muchos autónomos, ignorándoles-a excepción de la hora de recaudar sus impuestos- ninguneo  que se ha convertido en un insufrible martirio. Comparto ¿vida? con un autónomo. Hace algo más de 25 años que, desde las filas del paro, se lanzó a una aventura empresarial  con tres compañeros de trabajo. Si hubiera cobrado por horas, tendríamos nuestros ahorros en paraísos fiscales. Pero nos hemos ido conformando con un sueldo que nos ha permitido comer todos los días, darle una carrera a nuestro hijo, disfrutar de un viaje organizado en vacaciones y...poco más.

Pero no me quejo. Y hoy, con la que está cayendo, menos. A lo largo de todos estos años, muchas son las empresas para las que ha trabajado "mi autónomo" que han ido cerrando sus puertas. Algunos de esos empresarios se han convertido en verdaderos amigos suyos y ha sufrido con ellos la derrota de tener que bajar la persiana para siempre. 

Conforme pasan los días, mi esposo y sus socios trabajan cada vez más horas, duermen menos y, afortunadamente, aún les mueve la ilusión con la que empezaron su hazaña. Ilusión que está bastante mermada, gracias a los emperadores mediocres de la poltrona que saben muy bien a que autónomos conceder sus favores.

Y en esa estamos. 


Espero que San Autónomo entienda el símil que su nombre me ha inspirado. Y desde luego, no me atrevo a solicitarle ninguna clase de favor ni intercesión. Esto no lo arregla ni el mismísimo cielo.

Lupe
 

 

8 de septiembre de 2012

Alberto

En mi anterior entrada os contaba que marchaba hacia tierras extremeñas para conocer al último miembro de mi familia, Alberto. Esta imagen suya, la tomé a través del cristal de la UCI, donde permaneció varios días luchando con las complicaciones de salud con las que llegó al mundo y que nos tuvieron en vilo a toda la familia. A pesar de no estar bien alimentado por problemas en la placenta desde el 5º mes de gestación, de sus 45 centímetros y de su 1'800 kilos de peso, Alberto ha luchado por vivir y nos está demostrando que, a pesar de todo, es un chico fuerte. Ya ha cumplido 54 días y alcanzado 3'300 kilos de peso. Poco a poco ha ido remontando un problema que tenía en sus pequeños pulmones y a día de hoy, una ligera anomalia en su corazón va restañándose. Le queda un estudio oftalmológico para cuando sea "más mayor", que esperamos sea satisfactorio o de fácil solucción.
 
Mi sobrina Mari Carmen, su mamá, como creyente, ha invocado ayuda y protección a la Virgen de Gudalupe y cada domingo lleva hasta el altar del Monasterio donde se venera dicha Virgen a Alberto, para que les ayude a salir del atolladero en el que la vida les ha envuelto. Sin duda, les va escuchando...

Especialmente este 8 de Septiembre les tengo más presente que nunca en mi pensamiento, pues  se celebra la festividad de la Virgen de Guadalupe y, seguro que, la visita de hoy al Monasterio  habrá sido muy emotiva. Por una lado, agradecer los logros conseguidos y, por otro, seguir orando por el futuro más inmediato de Alberto.

Ha sido un mes de Agosto intenso a nivel familiar y, en cierta forma, muy difícil de vivirlo.La abuela de Alberto, mi hermana mayor, también está luchando por vivir. Está luchando contra una enfermedad que ya había vencido en una ocasión y que, ahora, justo un poco antes de la llegada de su nuevo nieto, reapareció. Pero esta vez, también va a ser vencida.  Tienen a la Virgen de Guadalupe de su parte. Así lo creen ellas (madre e hija) y asi lo deseamos todos cuantos les queremos.  

Lupe