14 de marzo de 2010

Tu dices que has vivido


Después de estar unos días alejada del mundo bloguero por imperativos personales, regreso con un poema de uno de mis poetas preferidos: José Ángel Buesa. Estos versos los descubrí hace tan sólo dos noches, lo que supuso para mí una alegría, ya que llevo tres años detrás de su obra que, incomprensiblemente, está publicada de forma muy mermada.

A los que durante estos días habéis estado "ahí", os dejo un fuerte abrazo con inmenso afecto. Gracias.


TÚ DICES QUE HAS VIVIDO
Tú dices que has vivido, quizás. Puede ser cierto.
No importa si eres joven ni importa tu vejez.
Haber vivido, a veces significa haber muerto,
porque a veces los hombres mueren más de una vez.
La vida es poca cosa. Qué más da su medida,
si el que vive más años no simpre vive más;
porque un instante, a veces, llena toda una vida,
y a veces ese instante no se vive jamás.

Tú dices que has vivido, quizás. Yo no sé nada.
No sé lo que te queda del tiempo que se fue.
Y acaso, en el misterio de una noche estrellada,
te encogerás de hombros sin preguntar por qué.

Lo demás llega y pasa: Pobres cosas de un día,
fantasma de su sueño, formas de tu ilusión;
nada más que hojas secas en tu mano vacía,
nada más que hojas secas sobre tu corazón,

sin embargo, no importa. Ya llegará el olvido.
Después de un gran silencio, como un punto final.
Y te sabrá a ceniza lo poco que has vivido,
cuando pasen los años y todo siga igual.

JOSÉ ÁNGEL BUESA





1 de marzo de 2010

Vida

 
Atravieso una de esas etapas de la vida en las que, casi inconscientemente, replegas velas, echas el ancla, y buscas un puerto seguro esperando  arrecie la tormenta  que, de improviso, ha hecho acto de presencia en el horizonte. Anoche, dando un vistazo a mi buzón, encontré un mail que me envió una amiga virtual con una presentación power point de un texto de Charles Chaplin; captar el mensaje que encierra fue un destello, una ligera brisa que se coló en el alma. Os invito a leerlo. Creo que os gustará...

Ya perdoné  errores casi imperdonables. 
Traté de sustituir personas insustituibles, 
olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
cuando nunca pensé decepcionarme,
más también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado. Pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de tanta felicidad.

Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto muchas veces.
Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia...

Tuve miedo de perder a alguien especial,
(y terminé perdiéndolo)
¡Pero sobreviví!
¡Y todavía vivo!
No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías pasar...

¡VIVE! 

Bueno es ir a la lucha con determinación,
abrazar la vida y vivir con pasión,
perder con clase y vencer con osadía,
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho para ser insignificante.

CHARLES CHAPLIN


Me quedo con ese menaje: "Abrazar la vida y vencer con osadía..."

Maat



 

21 de febrero de 2010

Colección de palabras


Cuando comencé a dar mis primeros pasos por el mundo de las letras y a publicar mis relatos en este blog, uno de mis amigos virtuales -Jero- me hizo llegar un regalo peculiar: una colección de palabras. Estaba dividida en cuatro grupos: verbos, adjetivos, sustantivos concretos y sustantivos abstractos.

-Te van a servir de gran ayuda. No dejes de ir ampliando la colección con las que tú vayas encontrando-me aconsejó-

Y estoy en ello. De mis lecturas, voy tomando nota de todas las palabras que me llaman la atención por motivos diversos y las voy intercalando en las listas. Y como bien decía mi amigo, a la hora de escribir y en esos momentos que me quedo en blanco buscando la palabra adecuada, la lista que he ido confeccionando con la mayor de las paciencias, se convierte en mi gran aliada. Es, sin duda, uno de los mejores regalos que he recibido. Por eso hoy voy a permitirme el pediros que me regaléis vuestras palabras preferidas para esa colección. Las podéis dejar en los comentarios o bien, a través de mi mail, que lo encontrareis en el perfil.

Como ejemplo os diré que algunas de mis preferidas están en la imagen que he colocado al principio de este post. Espero las vuestras. Me hace ilusión conocerlas. Al mismo tiempo, si alguno de vosotros está interesado en la colección que tengo hasta la fecha, no dudéis en pedírmela. Os la enviaré con todo cariño. ¡Con la condición de que sigáis ampliándola!

Todos sabemos la importancia que tienen las palabras que elegimos para nuestros escritos. Os dejo con un texto de Pablo Neruda extraído de su obra: "Confieso que he vivido". Saborearlo muy despacio. Vale la pena...


LA PALABRA

...Todo lo que usted quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas...Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito...Amo tanto las palabras...Las inesperadas...Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen...Vocablos amados...Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío...Persigo algunas palabras...Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema...Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas...Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejillo, las liberto...Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola...Todo está en la palabra..Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...Tiene sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces...Son antiquísimas y recentísimas...Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos...Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo...Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas...Por donde pasaban quedaba arrasad la tierra...Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo...Salimos ganando...Se llevaron el oro y nos dejaron el oro...Se lo llevaron todo y nos dejaron todo...Nos dejaron las palabras...


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Espero vuestras palabras preferidas...


Maat

18 de febrero de 2010

Mi mirada

 

Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a la derecha y a la izquierda
y de vez en cuando mirando para atrás...
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy buena cuenta de ello.
Sé sentir el asombro esencial
que tiene un niño si, al nacer,
de veras repararse en que nacía...
Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del mundo...

Creo en el mundo como en una margarita,
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender...
El Mundo no se ha hecho para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para mirarlo y estar de acuerdo...
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni que es amar...

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar...

FERNANDO PESSOA




15 de febrero de 2010

Hoy hace 100 años, un ángel bajó del cielo.

Hace poco tiempo conocí la historia de Irena Sendler. Quedé impactada. Aprovechando el centenario de su nacimiento, he querido traerla a mi blog por si alguno de vosotros no la conoce. Estoy segura que va a llegaros directamente al corazón.

Irena Sendler nació en Varsovia, el 15 de Febrero de 1910. Era enfermera de profesión y trabajaba en los servicios sociales del Ayuntamiento de esa ciudad dedicada a proyectos de ayuda a pobres, huérfanos y ancianos. Durante toda su vida siguió una de las reglas que su padre le inculcó de niña: ayudar siempre a quien lo necesite.


Cuando en 1939 Alemania invadió Polonia, el trabajo de Irena se hizo más necesario en los comedores sociales, donde también se entregaban ropas y ayudas a las familias judías, a las que inscribían con nombres católicos falsos para salvaguardarlas.

Corría el año 1942 cuando en un área acotada de la ciudad de Varsovia, cerca de 400.000 judíos fueron encerrados por los nazis. El gueto iba a convertirse en el lugar donde miles de personas encontrarían la muerte por inanición o enfermedades de todo tipo. Irena decidió actuar para paliar en lo posible esos horrores y consiguió un pase del departamento de Control Epidemiológico de Varsovia para poder acceder al gueto de forma legal y llevarles comida y medicinas. Esas visitas las aprovechó para convencer a las familias de que le dejaran sacar de allí a sus hijos y librarles de una muerte segura. Y comenzó a evacuar niños de las formas más diversas: en cajas de herramientas, entre basuras, como enfermos de males contagiosos, incluso en ataúdes. Los momentos en que las familias se despedían de sus hijos eran muy amargos, pues sabían con certeza que no iban a encontrarse nunca más.


El plan ideado por Irena logró salvar a 2.500 niños que fueron trasladando a lugares seguros, como conventos o monasterios, donde los religiosos siempre tenían las puertas abiertas para los niños del gueto, mientras esperaban ser acogidos por familias. Se les asignaban nombres católicos y elaboraban documentos falsos para protegerlos. Pero Irena se encargó también de que ninguno perdiera su verdadera identidad. Anotaba en pedazos de papel los verdaderos datos de los pequeños y sus nuevas situaciones, y luego enterraba esas notas en botes de conserva bajo un gran manzano en el jardín de su vecino, sin que nadie llegase a descubrir la existencia de tan peculiar archivo.


En 1943 la Gestapo descubrió su hazaña, por lo que fue detenida y encarcelada en la prisión de Pawlay. A pesar de ser torturada y sufrir la rotura de sus pies y piernas, nunca reveló el paradero ni la identidad de los niños liberados. Fue condenada a muerte pero, afortunadamente, la sentencia no se cumplió, ya que en el último momento, un soldado la dejó marchar, aunque al día siguiente, su nombre aparecía entre los ejecutados. Permaneció escondida hasta que finalizó la guerra.


Entonces desenterraron los botes escondidos en el manzano y cada uno de los niños recuperó su identidad. Muchos de ellos habían perdido a sus padres y fueron acogidos por otros familiares o se quedaron en el seno de otras familias. Todos ellos, a lo largo de su vida, profesaron un agradecimiento infinito a Irena Sendler.


Poco a poco su aventura fue quedando silenciada y volvió a ser trabajadora social. Para entonces ya tenía dos hijos, y jamás relataba nada de su vida pasada. Según comentaba su hija Janina, ello era debido a una mezcla de modestia y de temor a que le pudiera acarrear algún contratiempo.

Un grupo de estudiantes de Kansas se encontraron con su historia en el año 1999. Les cautivó. Decidieron escribir una obra de teatro sobre ella que titularon: "La vida en un tarro". La escenificaron en iglesias y centros sociales, logrando emocionar a cuántos la presenciaban. Uno de esos asistentes fue un profesor judío, que impresionado, ayudó a los escolares a cumplir su deseo: ir a Varsovia a visitar a Irena. Sólo les puso la condición de que, a su vuelta, "tenían que contarle todo con pelos y señales".


A parir de ese momento los reconocimientos y las visitas fueron en aumento. En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén, le otorgó el título de Justa entre las naciones y le hicieron ciudadana honoraria de Israel. En noviembre del 2003, el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca. A esta ceremonia fue acompañada por sus familiares y por Elzbieta Ficowska, una de las niñas salvadas conocida por: "la niña de la cuchara de plata", ya que cuando su madre la entregó a Irena en el gueto, entre sus ropas, dejó escondida una cuchara de plata con su nombre, Elzunia y la fecha de su nacimiento.

En el año 2007, fue nominada al premio Nobel de La Paz, a propuesta del presidente polaco Lech Kaczynski y apoyado por la Organización de Supervivientes del Holocausto.

Los últimos años de su vida transcurrieron apaciblemente en una residencia del centro de Varsovia y cuentan que, en su habitación, jamás faltó un ramo de flores frescas que recibía de "sus niños" asiduamente. Nunca perdió la sonrisa a pesar de tener que permanecer en una silla de ruedas y solo mostraba cierto disgusto cuando alguien le decía que era una heroína. "Sólo me limité a cumplir con mi deber", les argumentaba contrariada.

La madre de los niños del holocausto, como se le llamaba cariñosamente a Irena, murió el 12 de Mayo de 2008 a la edad de 98 años.




Hoy hace 100 años que un ángel bajó del cielo.


Maat











14 de febrero de 2010

Desmayarse


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

LOPE DE VEGA


En el día de los enamorados, mi más sincea enhorabuena a los pacientes de alguno/os de estos síntomas...


11 de febrero de 2010

Turco




El domingo, me encontré en las páginas de "El Semanal" una noticia hecha historia de esas que vale la pena conocer. Os invito a leerla en el siguiente link:

5 de febrero de 2010

Pinchazo

 

Llevo varios días inmersa en una espiral de visitas a profesionales, papeleos y gestiones varias que, unido a las obligaciones normales de cada día,  requieren prácticamente todo mi tiempo. La responsabilidad de cuidar a un familiar cercano que sufre la cruel enfermedad del olvido (Alzheimer) ha hecho que tenga que replantear mi marcha de vida y reconocer que las circunstancias me están desbordando. Utilizando un símil os diré que es como si en medio de un viaje en coche, de repente, una rueda sufriera un pinchazo. La reacción inmediata es salirse al arcén, señalizar para avisar al resto de usuarios y proceder a cambiar la rueda pinchada por otra que nos permita seguir el camino. 

De momento estoy en el arcén. Ya he reconocido el pinchazo. Y  mi entorno más próximo está intentando ayudarme a cambiar la rueda. 

El contemplar de cerca lo atroz que puede ser la vida con las personas a las que quieres, te lleva directamente a sentir impotencia y desánimo.  Sólo la certeza de saber que, precisamente, esas personas son las que más te necesitan "entera",  te hace reaccionar, aunque para ello tengas que realizar un esfuerzo enorme. Y estoy en ello.

Por todo esto,  mi blog lleva varias fechas sin entradas y los vuestros sin mis comentarios. Espero que en pocos días todo vuelva a ser como antes. Me relaja bastante leer poesía y me he refugiado en ella, lo que ha propiciado el hallazgo de  preciosos poemas que poco a poco iré compartiendo con vosotros desde mi blog.

Para terminar, sólo añadiros que os echo mucho de menos y  que esta corta ausencia me ha demostrado el afecto que una pequeña familia de blogueros puede despertar en lo más profundo de nosotros.

Os quiero un montón de megas.

Maat


30 de enero de 2010

Me caí del mundo...y no se cómo entrar











Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluso los pañales.

¡Se entregaron escrupulosamente a los desechables! Si, ya o sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela de bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de ...años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De "por ahí" vengo yo. Y no es que haya sido mejor...Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo", pasarse al "compre y bote que ya se viene el modelo nuevo". Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. ¡¡¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo¡¡¡ Pero por Dios...
Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me ducaron para guardarlo todo. ¡¡¡Todo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuándo las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel y cubierto. Y guardábamos...¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Todoooo lo guardábamos!!
¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!!  ¿Cómo que para qué? Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martilleábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año en la escuela. ¡¡Todoooo guardábamos!!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette-hasta partidas por la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espadas que decía: éste es un 4 de bastos".

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte a nuestos objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar   muerto a nada: ¡¡ni a Walt Disney!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡No lo voy a hacer! ¡¡Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta las amistades son descartables!!!

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto es sólo una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la "bruja" como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la "bruja" me gane mano y se ayo el entregado.

EDUARDO GALEANO













29 de enero de 2010

Por Saúl

 


Saúl necesita ayuda. Lee por favor el contenido de la siguiente entrada  y haz lo que te indique el corazón. Gracias.

            http://adiariosindoriangray.blogspot.com/2010/01/soy-saul-y-tengo-14-anos.html#comment-form

27 de enero de 2010

¿Cómo te has portado hoy?


Cuando a primeros de curso me comprometí a cuidar a Irene cada tarde, intuí que íbamos a compartir ratos muy agradables. Para mí, era una ilusión entrar en contaco de nuevo con el mundo de los niños,  ya que lo considero fascinante.

La realidad supera cada día cualquiera de mis previsiones y las anécdotas y vivencias se suceden sin tregua. De todo tipo.


A las cinco en punto, se abren las puertas del colegio y el patio está sembrado de pequeños que, en desordenadas filas,  esperan impacientes a las personas que llegamos a recogerlos. Una de esas tardes, observé que Irene estaba seria. Cuando la tuve cerca y me dispuse a tomarla de la mano para irnos a casa, me di cuenta que llevaba una diminuta pegatina roja  con los trazos de una carita apenada, en su floreado jersey. No le di mayor importancia, pues en ese momento lo que realmente me importaba era saber que le ocurría.

-¿Qué te pasa, Irene, estás enfadada por algo? -pregunté-

- No. Estoy triste.

Y ya no le apeteció darme más explicaciones a pesar de mis insistentes preguntas.

Los comentarios de las mamás de otros dos niños me aclararon la situación:

-¿Te has portado mal hoy, eh, Irene?-Le comentaron al cruzarse con nosotras.

Yo no tenía ni idea, pero la pegatina que lucía la cría era una carita triste de color rojo que significaba que  había tenido un día "movidito" en el cole. Me quedé atónita. Y como por edad, ya estoy más cerca de ser una abuela consentidora que una mamá, discretamente le quité aquella prueba que iba contando a los cuatro vientos que había tenido un mal día. Sinceramente no me gustó ese método educativo y cuando llegó su mamá a mi casa se lo comenté. Le pedí permiso para que,  cada día que una pegatina roja acompañara a la niña, pudiera quitársela en cuanto saliésemos del campo de visión de su profesora. Y me lo dio. Me parece muy bien que, si se portan mal las corrijan, pero dentro del recinto escolar y en el momento que hacen la fechoría. Lo demás...creo que sobra. Sobre todo, porque la cría tiene tan solo tres años.

Esta circunstancia me llevó a recordar algo  que ocurría en el colegio  donde estudié. Allí no teníamos pegatinas de colores, pero si unas preciosas bandas de raso de colores varios, a las que nos teníamos que hacer merecedoras a lo largo de todo un mes. La de color verde, significaba que habíamos sido puntuales a las horas de entrada al centro. La rosa se concedía a la niña más aplicada de la clase en sus deberes. La azul celeste se ganaba en las clases de Religión. La roja era para mí la más inalcanzable, pues observar buena conducta a lo largo de todo el mes era harto difícil. Y la blanca... ¡ay! la blanca. Esa era ya el colmo de la perfección, pues la niña que la obtenía, era porque durante todo el mes, había conseguido reunir todos los requisitos anteriores. Se llamaba la banda de "honor".  Vamos, el súmmum. A mí nunca me la dieron. Mejor dicho, nunca hice los suficientes méritos para ganarla.

La ceremonia de entrega de bandas tenía lugar el primer dia  del mes, en presencia de los profesores y de la directora del centro.  Era emocionante recibirla entre los aplausos  de las compañeras. Luego venía lo mejor ya que  ese día, nos dejaban marchar a casa con ella puesta.  Aquellos pedazos de raso de colores haciendo aguas, en bandolera, sobre los uniformes oscuros, lucían lo suyo. Las sensaciones vividas a lo largo del camino que separaba el colegio de nuestro hogar eran indescriptibles. Y ya en casa, se montaba la fiesta. Por la noche, recuerdo que dejaba mi banda colgada en la habitación en un lugar que la pudiera ver desde la cama y, como me costaba dormirme por la emoción, encendía varias veces la luz para mirarla y  asegurarme que estaba allí y que no era un sueño.

En todas las clases existía un cuadro de honor. Y cada mes, las fotografías de las galardonadas lucían en él para su deleite  y,  acicate del resto. En lugar destacado, figuraba la alumna de la banda blanca, que en mi curso coincidía casi siempre en la misma persona. Realmente, era una superdotada y además, curraba un montón. La tenía bien merecida.

No quiero decir que aquello fuera mejor que esto. Cada época tiene lo suyo. Lo realmente importante son los resultados. Y no dudo que los educadores van buscando los mejores métodos para encauzar  a nuestros niños las horas que están a su cargo. Pero esto de las pegatinas de colores  fuera del recinto escolar "chivándose" de un mal día de un crío de tres años me parece inapropiado. Lo mismo que la verde, que significa lo contrario. O la amarilla, que denota que el niño en cuestión, ha nadado entre dos aguas.

Si a los adultos, al final de nuestra jornada, una mano inocente nos colocara sobre nuestro pecho una pegatina de colores que evidenciara nuestra conducta del día, ¡la de sorpresas que íbamos a llevarnos...!

A ver. ¿Cómo te has portado hoy?

Maat

21 de enero de 2010

Dile



Dile que no me tema, amor, y dile
que yo estoy a su lado como el aire,
como un cristal de niebla o como el viento
que se aquieta en la tarde.

Dile que no me huya, amor, y dile
que no me vuelva a herir, que no me aparte,
que soy el brillo húmedo en sus ojos
y el látido en su sangre.

Dile que no me aleje, amor, y dile
que  yo soy el umbral de su morada,
el agua de su sed
y aquel único pan para su hambre.

Dile que no se oculte, amor, y dile
que ya no tenga rostro ni señales
de haber vivido antes de quererme.

De haber vivido, antes.
Dile que no recuerde y dile
que no respire, amor, sin respirarme.

JULIA PRILUTZKY


17 de enero de 2010

Poema del domingo triste



Este domingo triste pienso en ti dulcemente
y mi vieja mentira de olvido, ya no miente.


La soledad, a veces, es el peor castigo...
Pero, ¡qué alegre todo, si estuvieras conmigo!


Entonces no querría mirar las nubes grises,
formando extraños mapas de imposibles países;


y el monótono ruído del agua no sería
un motivo secreto de mi melancolía.


Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,


mientras corren las aguas por la calle en declive,
y el corazón se muere de un ensueño  que vive.


La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo;


y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenio impudor de una niña desnuda.


Si estuvieras conmigo, amor que no volviste,
¡qué alegre me sería este domingo triste!


JOSÉ ÁNGEL BUESA

14 de enero de 2010

Amarte


Incluso cuando me vaya

seguiré amándote.

No podrás impedirlo.

La paz seguirá habitando
en nuestras montañas,
las que tantas veces cobijaron
nuestros ratos de amor
y de anhelos cumplidos,
verdadero tesoro
de un tiempo apasionado
que sólo fue nuestro.

Cuando mi tiempo termine
seguiré amándote
como el arco iris ama sus colores,
como la noche ama sus estrellas.
Porque este amor, ya sin mí,
te seguirá amando,
desde la otra orilla, incluso.

MAAT