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19 de abril de 2012

Este jueves, un relato: Una de espías.



Tan solo se hubiera conformado con un poco de cariño. Eso hubiese hecho posible otras cosas...Pero su existencia era, desde hacia algún tiempo, una verdadera pesadilla. Llevaba siete años trabajando en esa inmunda cantina al lado de su mal oliente esposo. Sus días transcurrían aguantando ordenes y frases humillantes que le dedicaba el que un día, le prometió amor eterno. Muchos atardeceres, anhelaba desaparecer junto al sol, y perder de vista aquellos rostros de cementerio que iban sucumbiendo con el alcohol que a lo largo del día iban ingiriendo.

Las copas eran malas compañías que desataban las lenguas. Sofia no perdía detalle. Se movía con soltura entre los parroquianos, a pesar del humo del tabaco que envolvía el antro y que le ahogaba. Servía las comandas en su resplandeciente bandeja plateada, que era el único elemento del local que mantenía impoluto.

Un oficial se había fijado en ella y, entre ambos, montaron un buen negocio. Tan solo tenía que escuchar conversaciones y, atendiendo fielmente ciertos parámetros, confeccionar listas. Ese quehacer no iba a durar mucho tiempo. Sólo el justo para "limpiar" los individuos que pudieran causar problemas al nuevo régimen. A cambio, mucho dinero y papeles para abandonar el país con una nueva identidad.

Esa noche, -como otras muchas-al abandonar la cantina, Sofia entregó un bocadillo al harapiento anciano que, en la puerta, hacia sonar con cierta ternura su desgastado violín. Era su contacto. Un guiño le hizo saber que en la envoltura de su cena, iba una nueva lista. La última.

La mujer emprendió el camino de vuelta a casa con una excitación mal disimulada. Por fin, su vida terminaba de ser inútil. Se acababan los insultos, las vejaciones, las palabras soeces, el limpiar vomiteras, los pellizcos furtivos en sus nalgas... A partir de ya, le esperaba una nueva vida, muy lejos de aquel odiado lugar.

En la soledad de la alcoba y, acompañada por el silencio reinante en su destartalada casa, levantó uno de los ladrillos de debajo de su cama -escenario mudo de repulsivos momentos sufridos- donde atesoraba su gran secreto: un buen fajo de billetes fruto de sus listas, a los que acarició emocionada y devolvió sigilosamente al escondite. Mañana serían algunos más y...punto final.

Cuando la echaran de menos, ya estaría volando hacia nuevos y esperanzadores horizontes. Una malvada sonrisa se adueñó de la comisura de sus labios al recordar que, su última lista, iba encabezada por un nombre y apellidos sorpresivos: los de su esposo.



Más espionajes: http://jwancarlos.blogspot.com.es/


Maat




12 de abril de 2012

Este jueves, un relato: Colombia

Colombia puede presumir de gran solera poética. Se considera que es el país donde más gusta escuchar poemas. Quizá sea por este motivo por el que se celebra en esas tierras dos de los acontecimientos más importantes de poesía en lengua hispana: el Festival Internacional de poesía de Medellín y el Festival Hispanoamericano de poesía de Bogotá. Gracias a estos eventos, centenares de autores se encuentran plácidamente con sus fervientes lectores.

Me gusta la poesía. Durante un tiempo ha sido mi cobijo y mi sosiego. Incluso me he atrevido a juntar algunos versos creyendo componer sentidos poemas...

Esta semana, gracias al tema que nos ha propuesto Wendy, he descubierto ciertos poetas colombianos dignos de ser leídos: Jorge Isaacs, Rafael Pombo, Porfirio Barba, Tomás Carrasquilla, Gonzalo Arango, Alvaro Mutis, entre otros muchos. Y me apetece que mi participación en este jueves sea dejando en este espacio algunos de sus poemas. Para muestra, basta un botón.


REVOLUCIÓN

Una mano
más una mano
no son dos manos.
Son manos unidas.
Une tu mano
a nuestras manos
para que el mundo
no esté en pocas manos
sino en todas las manos.

GONZALO ARANGO


LIED DE LA NOCHE

Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.

ALVARO MUTIS



Mas temas sobre Colombia en: http://eurovisionojosdemujer.blogspot.com.es/


Maat

5 de abril de 2012

Este jueves, un relato: Obras en casa

Cierto día, cansada de los problemas que me ocasionaba el uso de la bombona de gas para los temas culinarios de mi hogar, opté por que me instalaran el "comodísimo" gas ciudad. No me faltaron las ofertas y reclamos de alguna que otra compañía para que me hiciera consumidora de su azulada fuente de energía. Y, además, de un tiro iba a matar dos pájaros, pues con ese cambio, se iban a terminar las incómodas duchas a medias pues, vaya usted a saber por qué, siempre se vaciaba la bombona cuando más a gusto estabas -super enjabonada-bajo el reconfortante chorro de agua templada.

Los instaladores invadieron mi cocina una mañana a eso de las 8. Llegaron tres, dos de ellos eran los portadores de todas las herramientas, cajas, tubos de cobre ...que iban a ser claveteados por mis sufridos azulejos. Después de dar las instrucciones pertinentes, el encargado tomó las de Villadiego y ya no lo volví a ver. En un pis pas, el suelo de mi pequeño reino se convirtió en intransitable. Tímidamente dejé un cepillo apoyado en una pared, pero seguramente no sabían cual era su cometido y se quedó tal cual.

El primer día lo llevé bastante bien. Me había preparado concienzudamente inspirada por una frase de mi esposo que resonaba en mi mente con fuerza según iban pasando las horas de "reforma":

-¿Te lo has pensado bien eso de meterte en cambios?

En la mañana del segundo día empezó mi particular calvario. La instalación estaba completada, algunos de mis cacharros embalados ya convivían armoniosamente con escombros, cajas de cartón vacías, pedazos de tubos, herramientas varias, etecé, etecé, etecé... Pero algo fallaba, un diminuto dispositivo negro les certificaba machaconamente la presencia de un ligero escape. Repasaron concienzudamente toda la tubería instalada, y nada. La fuga seguía dando muestras de su pertinaz presencia. Al caer la tarde, los dos "oficiales", luchaban a brazo partido con el escape, pero no se hacían con él y yo, empezaba a perder mi aplomo. Me tomé la libertad de indicarles si no podía ser que la llave de paso tuviera algún defecto que facilitara esa pérdida de gas, pero chapurreando un defectuoso castellano uno de los empleados me espetó que la pieza estaba homologada y que "eso" no era posible...Pues bien, oiga.

Terminada su segunda jornada, se marcharon cabreados y vestidos de impotencia. Desolada, en medio de mi destartalada cocina me preguntaba una y otra vez aquello de: ¿para qué me habré metido en este lio?

La mañana del tercer día fue más de lo mismo. La fuga, el escape, la pérdida azulada seguía pululando libremente por los bajos de mi cocina y haciendo "pitar" a ese pequeño artilugio que detectaba su presencia. En más de una ocasión, las manos que lo sostenían, llegaron a temblar presas de los nervios motivados por la vehemente incapacidad para localizarla.

Al mediodía, cuando los instaladores regresaron de su hora de comer, les abrí la puerta de mi casa con cara de pocos amigos- solo me faltaba el rodillo de amasar en las manos- a la vez que, sin ningún titubeo les ordené que desmontaran todo lo que habían instalado y que en una hora, los quería fuera de mi cocina. Que ya no quería el dichoso gas.

La mirada que me lanzó el "otro" empleado con sus ojos de color cielo tardaré en olvidarla. La desolación se dibujó repentinamente en aquel rostro de piel lechosa sobre la que caían caprichosos rizos dorados. Fue en ese momento, cuando me fijé en sus manos. Más parecían de un concertista de piano que de un instalador de gas. Estos rasgos físicos, unidos a su total ausencia de conversación por desconocimiento del idioma , me hizo pensar que quizá era una de las personas que habían acudido a nuestro país en busca de una vida mejor y, lógicamente, mi actitud le desconcertó.

En menos de 20 minutos, el que había tomado las de Villadiego volvió acompañado por otro "jefe" a la llamada de socorro que recibieron desde mi casa. Informados in situ del problema, actuaron con rapidez. ¿Qué hicieron? Lo primero, comprobar LA LLAVE DE PASO HOMOLOGADA, que, ante la sorpresa de todos los presentes, se comprobó que estaba defectuosa. Jamás he recibido tantas disculpas.

En apenas dos días, mi cocina volvió a la normalidad y mis ollas, pucheros y sartenes, se dejaban calentar el culete con la nueva fuente de energía no renovable, a la que casi, le prohibí la entrada en mi casa.

En unos días...todo quedó en una anécdota doméstica sin más.


Más reformas en casa del diablillo de Gus que no nos deja descansar ni en Semana Santa.

http://callejamoran.blogspot.com.es/



Maat










30 de marzo de 2012

Este jueves, un relato: Las fiestas de mi pueblo


Hace ya algunos lustros que no vivo en Valencia capital. Pero sigo acariciando la idea de, algún día, volver al lugar donde pasé una de las etapas más bonitas de mi vida, la zona de la ciudad más querida y añorada por mi, el barrio de Ruzafa.

Las fiestas de "mi pueblo", como imagino que ya habréis pensado, son las fallas. Y para hablaros de ellas, sin duda necesitaría más tiempo y espacio de los que debo emplear y ocupar hoy. Por eso, tan solo os haré un pequeño esbozo de cómo las he vivido en una determinada época de mi vida.

Por desgracia, mi familia no estaba vinculada al mundo fallero. Eran otros tiempos y, siendo cuatro hermanos, no nos podíamos permitir ciertas cosas. Pero precisamente fue en esa época cuando, paradojas de la vida, más disfruté de ellas. Una de las grandiosidades de las fallas es que todas las actividades se celebran en las calles y eso te hace poder disfrutar de todo aquello que te apetezca del programa, seas nativo, forastero o visitante. Recuerdo con especial cariño las tardes de ofrenda. Fue uno de mis mayores anhelos incumplidos, ya que nunca pude participar en ella. Durante muchos años no me perdí ninguna como espectadora. El ver desfilar a las comisiones camino de la Virgen con sus ramos de flores al son de las bandas de música, es uno de los actos más disfrutados por mi y que aún me emociona hasta las lágrimas.

Ahora, seguramente me dirían los entendidos, que es un trauma que arrastro de mi infancia, pero recuerdo con cierta ternura aquellas tardes en que una de mis mejores amigas, Mª Amparo-está a punto de ser abuela- acudía con su comisión de falla a la ofrenda. Yo estaba con ella ese día desde que empezaban a peinarla hasta que le colocaban la última pieza del espectacular vestuario de valenciana. Después, la acompañaba en su recorrido hacia la Plaza de la Virgen, pero por la acera, sorteando a los centenares de viandantes que me encontraba en el camino, pero al son de la banda de música de la comisión de mi amiga. De vez en cuando, había parones, y me asomaba entre el gentío para ver la cara de satisfacción de mi aliada y como me hacia guiños de complicidad sabedora de que yo, "también estaba haciendo mi particular ofrenda". La seguía hasta donde las vallas me lo permitían y, después, marchaba a toda prisa a esperarla al final de su recorrido para que me contara sus sensaciones vividas al entrar en la plaza y depositar el ramo de flores ante la Virgen de los Desamparados, emociones que hacia un poco mías...

Bueno, va a ser que si. Creo que el tema me tiene aún traumatizada porque, plasmando estos recuerdos en el relato, mi teclado se ha escondido tras unas inesperadas nubecillas...

Maat

Más fiestas en: http://manutais.blogspot.com.es/


15 de marzo de 2012

Este jueves, un relato: El cine, desde adentro y fuera de la pantalla.


Al leer el tema que Neogeminis nos proponía esta semana desde su blog, me he recreado repasando mis distintos gustos cinematográficos a lo largo de mi vida y lo que han supuesto para mí, desde el otro lado de la gran pantalla.

Mis recuerdos más lejanos se remontan a una improvisada terraza de verano, a la que acudíamos en familia y que suponía una de las actividades más placenteras de mi niñez. Y digo improvisada terraza de verano porque, durante el día, era una estación de autobuses y al caer la tarde, se convertía en un sufrido aforo al que invadíamos cargados con nuestros bocatas de tortilla de patata y nuestros refrescos. El único gasto realizado era el de la entrada y en nuestro caso, nos salía un poco más económico porque el novio de una de mis hermanas era el que colocaba las incómodas sillas plegables de madera para el disfrute de la proyección y en su salario, se incluía la gratuidad de alguna entrada. De aquélla época no viene a mi memoria ninguno de los títulos de las películas que pude ver, pero si recuerdo con ternura lo bien que lo pasábamos mi grupo de amigos ya que, en aquellas veladas, nos dejaban campar a nuestras anchas.

En plena adolescencia, me enganché a las películas de Romy Schneider encarnando a Sissi Emperatriz, que tenía como pareja al actor Karlheinz Böhm, dando vida a Francisco José, como su amantisimo esposo y del que -creo- me enamoré perdidamente. Me deslumbraban el vestuario que lucían, los decorados, las estancias, los paisajes...todo. Hasta la interpretación de Vilma Degischer, como la archiduquesa Sofia, suegra malintencionada de la joven emperatriz, me fascinaba.

No soy para nada una buena cinéfila, pero me he rendido ante las interpretaciones de Bette Davis. Inolvidable su buen hacer en ¿Que fue de Baby Jane?, que me impactó. También guardo un buen recuerdo de las pocas películas que protagonizó el malogrado James Dean y de las de Natalie Wood. Sencillamente soberbia.

No me he perdido ninguna de Richard Gere que, como los buenos vinos, mejora con el paso de los años.

De todas las películas que he visto, pondría en primer lugar, sin duda alguna, "La gata sobre el tejado de zinc", interpretada por Elizabeth Taylor y Paul Newman, basada en una obra teatral de Tennessee Williams, cuya trama y diálogos son pura delicia para el espectador.

Destaco especialmente "Vidas borrascosas", por la valentía de los crudos temas que trata y cuyo exquisito reparto encabezaba una inolvidable Lana Turner. Me atrevo a recomendarla.

Y para terminar, Shakespeare in love, con Gwyneth Paltrow y Joseph Fiennes. Me cautivó.

Maat


Más cine en la sala de Neo http://neogeminis.blogspot.com/


8 de marzo de 2012

Este jueves, un relato:"Sorpresas"

Mi amiga María Dolores se encontraba, una vez más, ingresada en un centro hospitalario luchando contra una enfermedad que, de tiempo en tiempo, volvía a enseñarle los dientes. La fecha de su cumpleaños estaba próxima y, una tarde, aprovechando que acudí a estar un rato con ella, me confió su temor de no llegar a poder celebrar su 50 cumpleaños. Intenté animarla y quitarle esa idea de la cabeza. Me atreví a asegurarle que lo íbamos a celebrar y que la fiesta iba a ser de esas que no se olvidan...

Esa misma noche me puse en marcha. Mi primera llamada la hice a nuestro amigo Fernando. Tardó medio segundo en decirme que si y un torbellino de ideas comenzaron a surgir...En poco tiempo, un buen grupo de amigos comunes estaban volcados con el proyecto. Emocionados recibimos la noticia de su alta médica. Para entonces, ya estaba todo diseñado y "los artistas" ya realizaban sus ensayos. Un voluntario elenco de actores preparaban con la mayor de las ilusiones dos representaciones únicas: "El lago de los cisnes" y una versión muy peculiar del Tricicle, "Soy un truhán soy un señor", de Julio Iglesias.

El viernes anterior al domingo de la celebración, había ensayo general y decisivo con vestuario incluido. A todas estas, María Dolores no tenía ni idea de lo que estábamos tramando. Esa noche, nos reuníamos toda la peña en una casa de la playa para concretar todo el programa del festejo. Ayudamos a vestirse a nuestros maridos con el "uniforme" de ballet y ahí, si que echamos el resto. No creo haberme vuelto a reír en mucho tiempo como aquella noche. ¿Os imagináis? Verlos ponerse los pantys blancos era para desternillarse. Y para remate, el tutú con la diadema de flores a juego. Indescriptible. Aún así, el ensayo general fue apabullante. El único percance lamentable de la noche-motivo de cachondeo cada vez que lo recordamos-fue el sufrido por la "estrella" del ballet-Fernando-que, entregado totalmente a conseguir una conjunción dinámica entre brazos y piernas, no se percató que los dos compañeros que lo alzaban en un movimiento determinado de la danza, calcularon mal y dieron con su cabeza en una de las vigas del patio interior de la casa, que hacia sus veces de escenario...

Conchabados con Alejando, esposo de la cumpleañera, conseguimos que a primera hora del domingo salieran de su casa en el campo al pueblo más cercano para realizar algunas compras. Unos cuantos, invadimos la parte trasera de la casa, y la llenamos de globos, guirnaldas y carteles de felicitación, mientras los otros, marchaban a esconder los coches para no ser descubiertos. Estuvimos tan bien organizados que, en pocos minutos, el jardín quedó engalanado para la ocasión. A la hora convenida, Alejandro traía de vuelta a casa a María Dolores. En el asiento de atrás del coche, varías bandejas de pasteles presagiaban la celebración. Nos esperaban a "tomar café", pero ni la más remota idea de los que iban a acudir a felicitarle.

Agazapados, esperamos que, engañada, la llevara su esposo a la parte trasera de la casa y, al verla aparecer, entonamos el cumpleaños feliz y poco le faltó para caerse al suelo...La sorpresa fue mayúscula y, emocionada, nos colmó de abrazos y besos...

La comida resulto ser un festín, pues cada uno llevó una cosa preparada y hubo viandas de sobra para los más de treinta comensales que nos juntamos a la celebración. Después de abrir todos los regalos que le llevamos ese día y gozar juntos esos momentos, comenzó el espectáculo . El éxito fue total. Lloramos de risa y ¿para qué negarlo? también de emoción. El esfuerzo estaba compensado con creces. María Dolores no paró de reír en todo el día, estaba contenta y la satisfacción le dibujaba una expresión especial en su cara. El pelo-como astracán le decía yo que era- le había vuelto a crecer y estaba muy guapa. No se perdía ni un detalle del programa y los artistas "se crecieron" como verdaderos profesionales, arrancándonos enfervorizados y merecidisimos aplausos.

La preparación de esta "sorpresa", es una de las cosas más bellas que he vivido en mi vida. Una experiencia, de la que no quisiera olvidarme nunca...

Más sorpresas en: http://remandoensanignacio.blogspot.com/


P.D. Esta entrada, quiero dedicársela especialmente a Fernando. Sé que se pasea por mi blog cada semana y, que esta, va a llevarse una sorpresa. Fue uno de los artífices de aquélla entrañable e inolvidable fiesta. María Dolores se la merecía. ¿A que sí, Fernando? Fue un privilegio tenerla como amiga.

1 de marzo de 2012

Este jueves, un relato: El apego a un objeto.




Ha sido un discreto testigo de nuestra vida familiar. Lo recuerdo en un ángulo de la sala de estar-comedor de mi primer hogar. Lucía en lo alto de una rinconera color rojo carruaje que a duras penas podía esconder sus pequeños orificios que denunciaban la presencia del corcón de la madera contra el que mi padre, pacientemente, mantenía una lucha sin cuartel. Y digo que lucía, porque mi madre se encargaba de mantenerlo impoluto y brillante como el resto de piezas de cobre que inundaban las paredes y muebles de la estancia.

Nunca supimos quien fue el primer propietario de mi familia de este cántaro. Pero ha ido pasando de generación en generación y en la actualidad está bajo mi custodia. Mi madre nos contaba que perteneció a su bisabuela, y que lo usaban para llevar agua a casa desde la fuente pública del pueblo en que vivían, Guadalupe, en la provincia de Cáceres.



Y si lo observáis, si que parece haber sido usado con frecuencia, pues su cuerpo abombado conserva las cicatrices de más de un golpe sufrido a lo largo de su existencia. Su pie es lo más desgastado y en su cuello, aún destaca el adorno repujado con mucho esmero por alguno de los afamados maestros caldereros extremeños de la época. Su silueta se remata con boca cilíndrica y tapa. La coqueta asa es de hierro forjado y está unida al cántaro con dos remaches eternos...

¿Y por qué os hablo hoy de este cántaro? Pues os lo cuento. Ahí donde lo veis, fue durante mucho tiempo "la caja fuerte" de mi madre. A lo largo del año, iba depositando en su interior las pequeñas sisas que le iba haciendo a la economía familiar. Unos días antes de Navidad, nos sentábamos alrededor de la mesa camilla y con cierta solemnidad, mi padre depositaba el cántaro en el centro de la mesa y mi madre, con estudiada parsimonia, iba sacando de su interior las monedas y billetes que había ido atesorando. Mis hermanos mayores eran los encargados de la distribución y ordenamiento y, mi padre, se encargaba de ir sumando...De vez en cuando, y como si lo tuviéramos ensayado, surgía de nuestras gargantas una exclamación coincidiendo con la aparición entre las manos de mi madre de unos pequeños sobres cerrados de color beige que contenían el importe de las "horas extras" que mi padre había podido hacer algunos meses. Sabedores que el contenido era importante, no dejaba de sorprendernos que se hubiese podido ahorrar en su totalidad. De ahí nuestra euforia.

Una vez hecho el recuento, decidíamos entre todos, su destino. Se le daba prioridad a lo más urgente y necesario, se asignaba una cantidad para las fiestas de Navidad e-imagino- que Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente pasaban por mi casa gracias a esos ahorros maternos...

Es natural que le tenga apego a este apreciado cántaro. Os podéis imaginar los bonitos recuerdos que me trae, entrañables momentos vividos con mi familia que los hacen inolvidables, una forma de vida que, ¿por qué no reconocerlo? a veces...añoro.

Maat

Más "apegos" en: http://palabrasdesindel.blogspot.com/



20 de enero de 2012

Este jueves un relato: Desde el corazón.

Eso de hablar desde el corazón en el espacio de una psicóloga, impone. Pero vamos a ello...

Soy la pequeña de cuatro hermanos. Cuando nací, los dos mayores tenían 20 y 17 años respectivamente. Chica y chico, por ese orden. La reina de la casa hasta ese día era la tercera, que ya había celebrado su noveno cumpleaños. Según me fueron contando con los años, nadie me esperaba. Pero llegué y formé un buen revuelo en la familia y caí como llovida del cielo. A mi hermana Pilar no le vino muy bien eso de perder protagonismo y se dedicó durante un tiempo a complicarme la vida...Mis tres hermanos eran pelirrojos, de cabellos ensortijados, piel lechosa y ojos claros. Con el sol, sus rostros se cubrían de pecas de todos los tamaños. Yo nací con la tez morena, con un pelo lacio rozando el color azabache y ojos grandes color caramelo.

Inspirándose en esas diferencias físicas mi hermana destronada urdió su maléfico plan. Durante un tiempo, consiguió hacerme creer que yo "no era de esa familia". Que me habían adoptado. Se aseguró-y mucho-de que mantuviera la boca cerrada, pues si se me ocurría contar "nuestro secreto" a los papás, la ira de mi padre-que me adoraba-caería sobre ella...

Todo el tiempo que duró aquel sufrimiento lo soporté en soledad. Recuerdo que cuando nos sentábamos alrededor de la mesa para comer, yo observaba a mis hermanos, buscando el más mínimo atisbo de algún rasgo que me uniera a ellos. Pero nada...Entonces, se me hacia imposible tragar bocado, lo que me proporcionó más de una regañina que aún aumentaba más mi pena. Me esforzaba en ser una "niña buena", para que no se tuvieran que arrepentir de haberme dado cobijo en esa familia y en algún momento, me devolvieran adonde me habían recogido.

Una tarde, mi madre y yo estábamos las dos solas en el salón de mi casa. Ella escuchaba la radio con sus queridas labores de ganchillo entre manos y yo, me dedicaba a mis quehaceres escolares. Me armé de valor y le hice la pregunta que llevaba preparada en mente desde hacia un tiempo:

-Mamá, ¿dónde nací?

Sorprendida, dejó su labor en el cesto rosa que mantenía en sus rodillas y mirándome fijamente comenzó a relatarme la historia más bella que jamás podría haberme llegado a imaginar...

-Tú fuiste la única de los hermanos que nació aquí, en casa. Tenías prisa por salir y no diste apenas tiempo de que llegara la comadrona. Lo pasamos muy mal tú y yo. Viniste con dos vueltas de cordón en el cuello y llegamos a temer por tu vida. Les costó recuperarte, pero cuando arrancaste a llorar, tuvimos la certeza de que eras una niña fuerte y llena de vida. Eras muy grande, y naciste con una linda melena negra que nos entusiasmó. Tus hermanos nacieron pelirrojos, como la abuela del papá, por eso nos llamó tanto la atención el color de tu pelo...

Siguió contándome más detalles en torno a mi nacimiento y unas lágrimas liberadoras acudieron a mis ojos. Ella pensó que me había impresionado por el peligro que corrí al nacer y fui incapaz de contarle lo que llevaba sufrido al respecto, por miedo a que a mi hermana le impusieran algún merecidisimo castigo.

Tampoco le conté a la autora de mi desasosiego la tranquilizadora conversación con mi madre. A partir de ese día, no le consentí que volviera a amedrantarme. Le dije tan convencida que era una mentirosa, que optó por obviar el tema. Y yo, intenté guardarlo allá dentro, bajo siete llaves, porque olvidarlo, borrar de mi mente aquella pesadilla infantil, me era imposible.

Hoy, atendiendo a la invitación de María José, he rescatado esta vivencia del fondo de mi corazón. Estas psicólogas...

Maat


Más relatos en: http://blogdemjmoreno.blogspot.com/






22 de diciembre de 2011

Este jueves un relato: Cuento de Navidad


Las calles eran verdaderos hormigueros de personas que iban y venían cargados con sus bolsas de regalos. Bonitas guirnaldas de colores se enlazaban a los presumidos edificios señalando que las fiestas navideñas habían llegado. Los árboles, medio desnudos de hojas, lucían abrazados por miles de bombillas plateadas que serpenteaban hasta las ramas más altas. En una de las concurridas esquinas, una castañera ofrecía a viva voz "castañas calentitas y sabrosas", mientras que una suave brisa fría confirmaba que la nieve estaba cerca...

Una pareja, con las manos entrelazadas, caminaba despacio por una de las calles más concurridas sin perderse nada de lo que sucedía a su alrededor. Los escaparates de las tiendas, ataviados con llamativos adornos navideños copaban su atención. A cual de todos era más elegante...

El griterío de un grupo de niños les hizo llegar hasta ellos, expectantes. Atónitos, contemplaron como parloteaban con una figura del importado Papá Noel que, a través de un escaparate y desde algo parecido a un televisor les preguntaba si habían sido buenos durante el año y qué juguetes le habían pedido en sus cartas. A los críos se les veía entusiasmados y nerviosos, los había incluso que, temerosos, no se acercaban al manoseado cristal como lo hacían los que más desparpajo exhibían.

Llegaron a la puerta de un gran supermercado y comprobaron como la gente salía con sus carros atiborrados de compras camino de sus coches. Sin duda, una gran fiesta se iba a celebrar.

-¿Te das cuenta, José? Nadie nombra a nuestro Hijo...

-María, cada cual tiene sus creencias. Son libres de vivir estos días con arreglo a ellas.

-Pero...si no creen en el nacimiento de Jesús, ¿qué celebran?

José se paró delante de ella y ajustándole la bufanda le miró a los ojos diciéndole:

-Lo importante es que vivan felices, y esa apariencia es la que tienen ¿no te parece?

Ella le sonrió asintiendo y él, abrazando sus hombros la atrajo hacia sí y siguieron caminando.

Unas estrellas luminosas colocadas en la puerta de un comercio les invitó a visitarlo. Tuvieron que aguardar turno para acceder al local, pues se encontraba repleto de personas -un buen número de ellas eran niños-que, entusiasmadas, recorrían los diferentes pasillos con una cesta en las manos eligiendo diversos artículos -en la mayoría de las veces, por indicación de la gente menuda- de las enormes estanterías que contenían todo lo inimaginable para montar belenes ,en conmemoración del nacimiento de Jesús.

María sonrió delante de los centenares de figuras que los imitaban. Casas hechas de corcho de todos los tamaños y formas, molinos, granjas, pozos, puentes, árboles, pesebres, aguardaban ordenadas en grandes estanterías, esperando ser elegidas. Pastores con sus rebaños, lavanderas, granjeros, majestuosos reyes magos y toda clase de personajes dispuestos a poblar los belenes que, en gran número de hogares iban a instalarse, esperaban pacientemente en sus lugares el nuevo destino. Podían marchar acompañados de gallinas, cerdos, cabras, vacas, polluelos, patos, peces...y los famosos bueyes y mulas que propiciaron una noche menos fría aquel 24 de Diciembre al Niño Dios...

María y José se miraron complacidos. El ver los ojos de esos niños eligiendo las figuras de sus belenes les había
reconfortado. Transmitían gozo y alegría y eso les bastaba. Había llegado el momento de volver a casa. Cuando la enorme estrella fugaz les dejó a la puerta del cielo, las voces melodiosas de un grupo de ángeles les hizo sonreír. Ya estaban preparando el cumpleaños de Jesús, quien, nada más percatarse de la llegada de sus padres, salió a su encuentro.

-¿Valió la pena esa visita a la tierra?

-Verás hijo, hay un poco de todo...

-Tranquila, Madre. Ya sabes que cuando realmente me necesitan y me llaman, yo les escucho a todos. A TODOS.

Y depositando un beso en su frente la invitó a pasar. Para entonces, la potente voz de José ya se había unido a la del coro que ensayaba bellos y alegres villancicos, mientras millones de estrellas centelleaban en el cielo uniéndose a la fiesta.

Maat


Más cuentos de Navidad en:
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21 de octubre de 2011

Este jueves, un relato: Mitos, leyendas y creencias.

Lo tenía totalmente prohibido. Pero a mi se me "olvidaba" con cierta frecuencia...

-No se te ocurra andar descalza por casa. Sabes que los enfriamientos entran por los pies y acuérdate los calenturones que te dan cuando te resfrías-

Nadie de mi familia tenía esa costumbre. Más a mí me seducía el sentir en las plantas de mis diminutos pies la caricia de los mosaicos multicolores que configuraban el suelo de mi hogar. Era una sensación que se me hacia irresistible, aún a sabiendas de las regañinas que esa práctica me deparaba.

El temor de mi madre ante esa creencia suya tenía su lógica, pues los episodios de mis anginas inflamadas con fiebres rozando el delirio eran ya habituales en esa etapa de mi infancia.


Pero la noche anterior a mi primera Comunión desoí totalmente la advertencia materna. Al nerviosismo propio del feliz acontecimiento que iba a vivir en horas, se sumó el deslumbramiento que me proporcionó el ver "expuesto" mi traje de comunión. Un matrimonio amigo de mis padres me lo habían confeccionado. Él era sastre y su esposa le ayudaba en su quehacer diario y ambos cosían como los ángeles. Sabedores de mi debilidad por las películas de Sissi, diseñaron un modelo que me emocionó sin límites cuando lo vi terminado. Y, esa noche, esperé a que todos se durmieran en casa para disfrutar a solas contemplándolo.

A hurtadillas y, por supuesto, descalza, realicé múltiples viajes de mi habitación al salón-comedor donde el pomposo vestido me esperaba para lucirse en mi compañía al siguiente día. Me quedaba petrificada observándolo, gozándolo, sobre todo, el volante de tul tableado que adornaba el bajo de la prenda. ¡Me fascinaba!

A la mañana siguiente, amanecí con los párpados de mis ojos hinchados como pequeños globos. Ni mis padres ni mis hermanos encontraban el motivo de mi dolencia matutina. Allá adentro, y en silencio, achacaba a mis andanzas nocturnas el origen del contratiempo. Ya no dudaba que el enfriamiento había entrado por mis pies, pero despistado en mitad de la noche, había pasado de largo por mis anginas y se había aposentado en mis trasnochados ojos. Pero esta vez, por suerte, no hubo regañina. El secreto quedó entre mi vestido y yo...

Maat

Más mitos, leyendas y creencias en: http://i-deariofertil.blogspot.com/

14 de octubre de 2011

Este jueves, un relato: Voces


Apenas le queda un débil hilo de voz. Es con el que, cada mañana, emite extraños sonidos cuando las auxiliares llegan hasta su cama para asearla. No se imaginan lo que le duelen los huesos cuando la mueven. Hay turnos mejores que otros y ella prefiere el de las dos muchachas que mientras le arreglan la cama le explican como ha amanecido el día e incluso canturrean alguna bonita canción tratando de alegrarle un poco el ánimo. Esas dulces voces le dan un poco de vida en el poco tiempo que las disfruta cada día. Lo que más le gusta es que la peinen y sobre todo, que le dibujen alguna caricia en sus ajadas mejillas. Luego, queda sumida de nuevo en el silencio de su triste habitación de la Residencia hasta que otras voces llegan hasta ella para administrarle el batido de la mañana, el cual, aparece rebosante en la gruesa jeringuilla blanca que desde hace meses ha cambiado por los cubiertos que ya no precisa. Su frágil y deteriorado organismo sólo admite la ingesta de líquidos.

¡Ojala! hoy empiecen por el de sabor a cacao, rumia para sus adentros.

Un grupo de voces que no reconoce llegan hasta la cabecera de su cama, la observan como desayuna y la que lleva la voz cantante, sentencia:

-Esta señora traga bastante bien. Vamos a sustituir los batidos-que resultan muy caros-por variadas cremas suaves...

Luego, no logra entender bien alguna de las palabras que intercambian entre ellos: crisis, presupuestos, déficit, recortes...

Afortunadamente, desde su lecho no puede ver el cochazo de cristales negros blindados que espera a "la voz cantante" en la puerta del edificio que visita como autoridad entendida en la materia. Un chófer y dos guardaespaldas, comentan entretenidos el último partido de la Selección, mientras aguardan el regreso del lumbrera de turno que tienen asignado, al que deben acompañar y proteger.

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Esto es una realidad "palpable" hoy en día. Pero estas cosas, no nos las cuentan en los Telediarios. Miles de personas que lo han dado "todo" a lo largo de su vida, languidecen tristemente en las habitaciones de residencias de ancianos, sin que sus voces, puedan llegar hasta nosotros y sufriendo injustamente en su persona los cacareados "recortes".

¡País!



Maat


Más voces en: http://callejamoran.blogspot.com/

Y al otro lado del charco en: http://yonky-detodocomoenbotica.blogspot.com/



6 de octubre de 2011

Este jueves, un relato: Ídolos

Recogiendo al pie de la letra el significado que la RAE asigna a la palabra "ídolo" -persona o cosa excesivamente amada o admirada-os puedo asegurar que en plena adolescencia tuve un verdadero ídolo, el cantante mejicano Enrique Guzmán.



No recuerdo cómo me enganché a su música, pero le adoraba. Tenía una pequeña libreta de tapas azules plastificadas donde iba anotando la letra de todas las canciones que le escuchaba interpretar y las aprendía al dedillo: "Dame felicidad", "Payasito", "Cien kilos de barro". "Popotitos"... Era esa época en la que vas dejando la niñez atrás y comienzas a sentir sensaciones nuevas. Una mirada, un gesto, una melodía, un roce...cualquier cosa te abría un camino hacia sentimientos
desconocidos a la vez que placenteros y, gracias a las baladas de Enrique Guzmán viví algunas de esas bonitas sensaciones.

Cerca de mi casa había una tienda de discos inmensa. Periódicamente ponían en promoción a algún cantante y un día, un enorme póster de mi ídolo presidia la entrada al establecimiento anunciando su último Lp. Mis visitas al local se repetían a diario y además, varias veces. Casi siempre iba acompañada de alguna de mis amigas que conocían mi predilección por el mejicano. Nos pegábamos al cristal del escaparate y embobadas repasábamos el físico que la foto del póster nos mostraba. Me gustaba como se peinaba, su sonrisa picarona, su mirada, su porte, por gustarme, me gustaba hasta la peca que lucia cerca de la comisura de sus labios...Había veces que incluso sonaban sus recién estrenadas canciones y el deleite era total. No se podía pedir más...

Una tarde, el
póster había sido sustituido por el de un grupo musical. El desencanto fue tremendo. Al llegar a casa, mi madre me envió a mi habitación no sé con que pretexto y me llevé una sorpresa de esas que hasta cortan la respiración: Enrique Guzmán ocupaba gran parte de una de las paredes de mi alcoba, había llegado hasta allí gracias a la intervención de mi tía Consuelo que vivía en la finca de la casa de discos y que le había pedido al gerente de la misma que, concluida la promoción, le regalara el cartel para una de sus más jóvenes fans, su sobrina...Todo un detalle que supe agradecer. Y tanto.

Por entonces aprendí lo que era ahorrar. Poco a poco reuní dinero y pude comprarme dos de sus discos. En mi casa no había tocadiscos, pero me conformaba con saber que, en aquellos pequeños círculos de vinilo estaba grabada su voz, y los guardaba como un gran tesoro en los cajones de mi ropa para que no sufrieran daño alguno.

Fue precisamente en uno de esos discos donde conocí el nombre de la casa discográfica donde grababa Enrique Guzmán sus trabajos. Sin encomendarme ni a Dios ni al diablo les envié una carta solicitándoles una fotografía dedicada de mi idolatrado cantante. Y esa fotografía dedicada me llegó, un buen día, desde el otro lado del charco. Recuerdo con detalle la cadena de emociones vividas a raíz de recibirla. A la vuelta del colegio, mi madre, que no acababa de entender cómo Enrique Guzmán había dado con mi persona, me entregaba la postal contagiada con la emoción que experimenté cuando la tuve ante mis ojos. Presidió la comida familiar y, por la tarde, me acompañó al colegio. El delirio fue colectivo, la foto pasaba de mano en mano y cada vez que mis amigas leían la dedicatoria, se escuchaban exclamaciones para todos los gustos. Cual no sería la tabarra que dimos que, la madre Encólida, suspendió algunos minutos de las clases vespertinas para que diéramos rienda suelta al jolgorio que acompañaba el acontecimiento.

Sí, Enrique Guzmán, sin lugar a dudas fue mi ídolo. La primera persona a la que admiré excesivamente.

Más ídolos en: http://elbalcondecas.blogspot.com/

Maat

24 de septiembre de 2011

Este jueves (sábado) un relato: Tu calle

Atendiendo la invitación del diablillo de Gus -que agradezco cantidad- me sumo al callejeo juevero.



(Clic para agrandar)

Mi calle está situada en un sector relativamente nuevo donde, en el pasado "boom inmobiliario", fueron edificándose bloques de viviendas con cinco alturas en terrenos usurpados hábilmente a la huerta.

Es una zona amplia y muy bien comunicada. El edificio donde vivo está orientado al este, lo que comporta infinidad de ventajas. Cada mañana, a través de los árboles del extenso cinturón verde que flanquea mi calle puedo contemplar la salida del sol. Observar el movimiento de los pajarillos que se han instalado en sus ramas, deleitarme con el aroma a tierra mojada que deja la lluvia, recibir con agrado el aire de Levante que algunas tardes llega hasta mi casa y al que dejo deambular libremente por ella. Desde mis balcones, presenciar una tormenta es espectacular, como lo es contemplar algunas noches la luna jugando al escondite con las nubes, o cuando luce de "llena". Un lujo.

Mi calle, acoge cada tarde en adustos bancos de madera a pequeños grupos de ancianos que se reúnen simplemente para ver pasar la vida mientras hablan de sus tiempos y sus casi olvidadas experiencias. Huele a azahar cuando los naranjos explotan de flores blancas. Un alto porcentaje de las personas que habitan en mi calle son parejas jóvenes que han ido instalando sus "nidos" en los modernos y cómodos pisos construidos. Les tengo un especial aprecio, quizá porque me sienta algo responsable de lo mal que les dejamos este cotarro que hay montado...



Los edificios guardan cierta similitud en sus fachadas, la mayoría de cara vista, pintados en tonos ocres y con balcones de todos los tamaños pero con un indicativo común, están casi siempre solitarios, rara vez ves a alguien asomado en ellos. Los tiempos cambian, y también nuestras costumbres. Algunos, exhiben preciosas plantas que engalanan y alegran el ambiente.

Al ser una zona nueva, han sido varios los comercios que han intentado subsistir pero, con la que cae, han ido cerrando sus puertas y dejando las plantas bajas tristemente deshabitadas. El último que ha partido del barrio, una verdi-amarilla sucursal bancaria que "no generaba" lo suficiente...

En cambio, el horno de mi calle funciona a las mil maravillas. Su horario es de infarto. Abre sus acristaladas puertas a las 7 de la mañana y baja la persiana alrededor de las diez de la noche. Tras su mostrador, Elena, una amable y cordial dependienta que siempre tiene la sonrisa puesta y que conoce al dedillo las preferencias que los parroquianos tenemos de los suculentos manjares que nos brinda el establecimiento. Otro clásico de mi calle es Germán. Regentaba un taller de coches pero en poco tiempo ha tenido que hacerse el ánimo de cerrar sus puertas. Primero, una dura enfermedad que afortunadamente ha superado y la dichosa crisis que nos acompaña después, han hecho que su negocio, de más de cuarenta años, se convierta en inviable. Ha ido perdiendo clientes, pero no amigos. Muchos ratos los pasa en la puerta de su taller, huérfano de coches averiados, recibiendo la visita de viejos conocidos con los que entabla entretenidas charlas.

Mi calle es bulliciosa en algunos momentos del día. Es paso obligado de alumnos de dos colegios y un instituto cercanos. Está bien señalizada y con la accesibilidad necesaria para todos los transeúntes. Los fines de semana cambia de aspecto gracias a los vecinos que, aprovechando las zonas ajardinadas, pasean y juegan con sus hijos otorgando un toque de alegría al entorno.

Como pura anécdota citar algo sorpresivo que hemos sufrido recientemente los vecinos de mi calle: la desaparición de todos los pomos y asideros metálicos de las puertas de nuestros patios. Una banda organizada-nos dicen-ha sido la encargada de efectuar las sustracciones. !Insólito!

Ha sido un verdadero placer dar este paseo con vosotros por un pedacito de mi vida diaria.

Gracias -una vez más- a Tésalo por la idea de los jueves y medio beso a Gus por su trabajo en mantenerla.


Más calles en:http://callejamoran.blogspot.com/


Maat

P.D. Provista con mis zapatillas de paseo, os visito después de comer...



12 de agosto de 2011

Este jueves, un relato: La playa.





Era mi primer día de playa de la temporada. Ya había conseguido esquivar los pequeños rayos de sol que intentaban colarse por la sombrilla y acariciar mi rostro. El ritual de pintarrajear mi cuerpo serrano con crema de alta protección, finalizado. Una ligera y fresca brisa había decidido acompañarnos en esa mañana soleada trayéndonos el inconfundible aroma del mar. Transcurridos los primeros momentos deleitándome con el paisaje que me rodeaba y, sintiéndome una verdadera privilegiada por vivir en una ciudad con mar,tomé uno de mis libros preferidos de poemas-de Pedro Salinas- dispuesta a gozar de sus versos mientras llegaba la hora del baño-soy muy escrupulosa con el tema de las digestiones-.

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente, dentro de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú...

Unas voces próximas me hicieron girar la mirada hacia ellas y captaron totalmente mi atención. Eran cinco personas, dos parejas jóvenes y un niño de unos 5 o 6 años. Los adultos eran invidentes y caminaban en fila, enlazados entre si. El niño era su lazarillo. Llegaron envueltos en risas y cantos. Y a partir de ese momento, mi tiempo fue para ellos. Transmitían algo especial que te enganchaba a contemplarlos. ¿Su alegría...? tal vez. Acomodados sus bártulos en las hamacas playeras que el hotel tiene dispuestas en la arena, marcharon hacia el mar de la misma forma que habían llegado. Después de un alegre baño en el que contagiaron su entusiasmo a todos los presentes-que como yo, no dejaban de contemplarlos- y sujetos a un enorme flotador amarillo que les mantenía unidos mientras jugaban entre las pequeñas olas del mar, salieron a la orilla a tomar el sol, y uno de ellos, el padre del niño, comenzó a hurgar en la húmeda arena y a construir un castillo bajo la atenta mirada e instrucciones del pequeño.

De repente, me di cuenta que el mar era mucho más grandioso de lo que en un principio me parecía, el cielo lucia otro azul más especial, casi había hecho las paces con la engorrosa arena que se pegaba a mis pies...todo cuanto me rodeaba cobró otra dimensión. El poder ver y disfrutar de ese entorno, me emocionó. El grupo de invidentes nos estaban dando una lección valiosisima. Eran, sin duda, la gente más feliz que en aquellos momentos pisaba esa pequeña playa. Cantaban, reían y nos hacían participes de su entusiasmo. Me alegré infinito de su presencia y convirtieron mi primer día de playa, en un día muy especial. Un día de saber dar las gracias por tantas cosas...

Maat



Más temas playeros en: http://jwancarlos.blogspot.com//

21 de julio de 2011

Este jueves, un relato: Sacrificio.

Es difícil calcular su edad pues su vestimenta despista lo suyo. Cubiertas de un hábito marrón oscuro, de textura áspera y austero, acuden cada martes y viernes a eso del mediodía a casa de Carmen quien, a causa de su enfermedad -Alzheimer- ha reñido con el agua. La hora del baño se había convertido en una verdadera pesadilla para su esposo que, ya entrado también en años, era incapaz de convencerla para visitar la ducha. Cuando Paz y Catalina llegan a su hogar, Carmen cambia por completo, se abandona en sus manos...Sin perder un minuto pero con toda la ternura imaginable, consiguen asearla. Una de las dos hermanas es la que se ocupa directamente de Carmen: habla con ella, se interesa por sus cosas, incluso algunas mañanas cantan viejas canciones que aún consigue recordar. Mientras, su compañera se dedica a organizar la ropa y, en silencio, ora. Es momento de agradecer a su Dios la oportunidad de estar juntas.

No piden ni admiten nada a cambio. Es su misión: dedicar su vida a facilitar la de los demás. Por eso, no es extraño encontrar a la puerta de su convento bolsas de alimentos que manos anónimas les hacen llegar. Alimentos de los que ellas viven y se dedican a repartir entre los que necesitan comer cada día y no disponen de ingresos suficientes para hacerlo. Son personas que, lejos de sus familias, convierten en suya cualquiera de las otras familias que les necesitan, con todo el sacrificio que ello supone. Su abnegación es total, movidas por el cariño hacia los demás que su inmensa fe les infunde.


Se que hay otros muchos sacrificios dignos de tener en cuenta. Pero con la que está cayendo, me ha apetecido traer este a mi blog. De vez en cuando, es bueno tener en cuenta a estas benditas almas y, a ser posible, ayudarlas a cumplir su misión, ya que viven con lo que los demás decidimos darles. Ni más ni menos...

Maat


Más sacrificios en:

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14 de julio de 2011

Este jueves, un relato: Un lugar en el mundo




Hay un pequeño lugar, guardado con inmenso cariño en mi memoria que, sin duda, ha sido muy importante en mi vida. Se trata del tramo de la Gran Vía Marqués del Turia comprendido entre las calles Ruzafa y Felix Pizcueta de mi ciudad: Valencia. Durante algunos años, se convirtió en la zona lúdica preferida por mi pandilla de amigos. Cada tarde, nos reuníamos allí para compartir unas horas de juegos y diversión. También dedicábamos tiempo a confidencias y a intercambiar los descubrimientos que, por la edad, íbamos haciendo poco a poco sobre temas importantes en nuestra existencia. Casi sin darnos cuenta, se fraguó una amistad entre nosotros que, a día de hoy, perdura. Doy gracias por ello.


Muy de tarde en tarde, me pierdo entre el ajetreo que ahora se vive en esa zona y sentada en uno de los ajados y solitarios bancos, dejo que la nostalgia empape mi alma. Ahora, nunca hay niños que alboroten y llenen de alegría el entorno con sus juegos. Los jardines, están custodiados por vallas vestidas de verde que nosotros nunca necesitamos. Simplemente nos dijeron que no se pisaban y nos cuidábamos mucho en cumplir la orden. Aprendimos a respetar y a amar el lugar en el que disfrutábamos juntos.Tampoco habían tristes bolardos anclados en el suelo impidiendo que se aparcara en zonas concretas ya que había espacio suficiente para todos. Los árboles se han hecho enormes y tupidos, restando luminosidad al ambiente, pero convirtiéndose en lujosos dormitorios para los estorninos que llegan a ellos periódicamente en bandadas. Han desaparecido de sus cortezas algunos de los nombres que, guiados de ese primer amor, tallamos ilusionados.

A veces, es duro cerrar etapas. Y mucho más añorarlas. Pero la vida sigue y hay que vivirla con intensidad. Otros lugares en el mundo aparecen a nuestro paso. De nosotros depende hacerlos inolvidables. Los tiempos actuales nos regalan lugares nuevos que disfrutar juntos. En este caso, son lugares virtuales, los blogs, desde donde también compartimos vivencias y, ¿por qué no? , podemos fraguar buenas amistades. Tan solo hay que intentarlo...

Maat


Más lugares que visitar en:

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2 de julio de 2011

Este jueves(sábado) un relato: Queridas palabras


Hace un par de años, un buen amigo virtual me inició en un hobby muy interesante: coleccionar palabras. Es apasionante tomar un libro entre las manos o cualquier escrito impreso e ir tomando nota de todas aquellas palabras que llamen nuestra atención. Luego, se clasifican en cuatro grandes grupos: verbos, adjetivos calificativos, sustantivos concretos y sustantivos abstractos. A la hora de escribir, -la colección-es de una ayuda extraordinaria.

Me he sumergido en mis apuntes y aquí os dejo algunas de mis favoritas.

PAZGUATO: cada día más pasmada de lo que veo y oigo...

PENUMBRA: mi lugar preferido para encontrarme contigo.

KARMA: intento limpiarlo a menudo, por si es cierto que luego viene otra vida.

MAMANDURRIA: en la clase política dirigente, cada día hay más gachós que se la llevan.

JINDAMA: no hay nada mejor para sentirla que escuchar un informativo.

LÁGRIMA: pedacitos de pena que corren por las mejillas en forma de gotas.

MANDUCA: mi nevera es tuya. Acomódate generosamente.

CORREVEIDILE: corre-ve-dile. Siempre han existido. Ahora les dan espacios interminables en las televisiones.

CONTICINIO: la hora de la noche en que más te extraño.

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Maat

9 de junio de 2011

Este jueves, un relato: Los pies.


- Y bien, contadnos, ¿qué tal andáis?

-Pues fatal. De puta pena-si nos permitís la grosería-

-Nos dejáis parados. ¿Qué os ocurre?

-Pues que nos tienen todo el día por los suelos. A nuestra dueña le encanta ir descalza y estamos magullados. Y eso que intentamos quitarle la costumbre dejándonos caer en todo aquello que encontramos a nuestro paso: piedrecillas, migas de pan, tapas de bolis, alguna alfiler perdida...Pero nada. No surte efecto el invento. No nos cuida como merecemos. Se sienta sobre nosotros, nos deja caer en cualquier silla, aunque su predilección es la dura mesa de su despacho. Y cuando salimos a la calle, nos sumerge en unas botas durísimas, de suelas desgastadas y sin apenas respiración. Anda aturrullada y a trompicones, de fácil tropiezo, lo que nos tiene machacadas las cabezas de nuestros ortejos mayores. Es tremebundo.

-Y a vosotros, ¿cómo os llevan?

-De fábula. Nos sentimos unos privilegiados. Nuestra propietaria nos cuida-casi-en exceso. Por la mañana nos embadurna con una loción desodorante que nos hace sentir realmente libres. Después, nos acomoda en unos zapatos suaves y mulliditos a los que antes de llegar nosotros ha rociado con un spray de lavanda que perfuma el recinto. Su andar es pausado y mimoso lo que facilita mucho nuestra existencia. Por la noche, nos agasaja con un tibio y tonificante baño de extracto de algas y sales minerales. Fascinante. Utiliza unas esponjosas toallas para quitarnos la humedad y, con un suave e interminable masaje, nos disfraza de una crema hidratante y reparadora, envolviéndonos con infinita ternura en unos suaves calcetines de lino con quienes pasamos toda la noche...Una verdadera delicia.

-¡Que suerte la vuestra! Así, cualquiera...

-En fin, a ver si la próxima vez que coincidimos nos dais mejores noticias. Cuidaros mucho. Y andad con cuidado. A estas horas, el metro va hasta los topes...

Maat


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2 de junio de 2011

Este jueves, un relato:¿Me darías la oportunidad de conocerte mejor?


Quizá no sea la mejor época de mi vida para intentar conocerme mejor, aún así, acepto el reto de este jueves y sobre todo "el empujón" que me dio Juan Carlos con el contenido del e-mail que me envió el pasado martes y que agradezco de corazón.





Hace unos años, mi amiga Goyi me confesó que se encontraba en una etapa de su existencia a la que ella llamaba "de aceptación". No la entendí. Es más, conforme avanzaba en el contenido de su explicación, una incontrolada rebeldía se iba acrecentando en mi alma. Por aquel entonces, siempre tenía mis sacapuntas preparados intentando afilar los lápices de los acontecimientos que iban presentándose en mi vida. Intentaba conseguir unos esbozos precisos que se convirtieran en dibujos perfectos. Y me agoté. Lamentablemente, Goyi ya no está a nuestro lado para poder decirle que ahora si la entiendo, que ahora soy yo la que está inmersa en esa etapa de "aceptación", que he abandonado la lucha y que me he instalado en una isla a la que me he llevado un escaso equipaje. Y en esa soledad, día a día, intento vaciar la mochila de mi vida de todas esas cosas inútiles que he ido metiendo en ella y que dificultan tanto mi caminar diario. Espero conseguirlo.




Os lo decía al principio. No es mi mejor época. Pero si creo haber alcanzado el objetivo de este jueves: conocerme un poco mejor -a día de hoy-

Y....¡ya vendrán tiempos mejores¡


Un montón de abrazos.


Maat



Más participaciones, en casa de Gus:


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9 de diciembre de 2010

Este jueves, un relato: ¿A qué animal te gustaría parecerte?


Cuando leí la propuesta para hoy jueves de Primavera, sobre a qué animal me gustaría parecerme, me vino a la memoria un viaje que hicimos hace un par de años por tierras cántabras. Me maravillaba observar a través de la ventanilla del autobús la vida que llevaban un buen número de vacas de pelaje rojizo. Diseminadas en fértiles pastos verdes, unas reposaban plácidamente al sol, otras caminaban con paso armonioso y lento, y las menos, nos observaban apáticas mientras desfilábamos por delante de sus hocicos irrumpiendo en su apacible existencia.

-Si fuera verdad eso de la reencarnación, no me importaría ser una de estas vacas en otra vida, -comenté ante la mirada perpleja de mi esposo.
Paseos, comer cuando tienes ganas, dormitar, tomar el sol y, de vez en cuando, recibir la visita de un torito apañaete -digo yo- ¡Y... a vivir, que son dos días!

Pero hoy, me lo he pensado bien, y lo que realmente me gustaría ser es una gaviota. No concibo mi vida sin estar cerca del mar. Me despertaría cada día con el sol, disfrutando de las primeras luces que dibuja al despertar sobre el cielo, volaría majestuosamente al ras de los azules del mar intentando capturar mi alimento, descansaría sobre ondulantes y tranquilas olas, mientras la brisa acariciara mi plumaje, y al anochecer, en una cercana roca, me dormiría mirando el titileo de las estrellas bajo la luz plateada de la luna. Me gusta la forma de vida de las gaviotas. Siempre están en compañía, e incluso cuando migran para habitar cerca de otros mares, lo hacen en pequeños grupos. La gaviota risueña, es una de las más comunes, y su nombre se debe a que emite un sonido muy parecido a la risa de los humanos. Pues con ella me quedo.

Jamás se me había ocurrido pensar en este tema. Y hoy, gracias a Primavera y Gus, sin olvidar a Tésalo, se me ha planteado la ocasión. Cuesta tan poco soñar...


Maat

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