1 de marzo de 2012

Este jueves, un relato: El apego a un objeto.




Ha sido un discreto testigo de nuestra vida familiar. Lo recuerdo en un ángulo de la sala de estar-comedor de mi primer hogar. Lucía en lo alto de una rinconera color rojo carruaje que a duras penas podía esconder sus pequeños orificios que denunciaban la presencia del corcón de la madera contra el que mi padre, pacientemente, mantenía una lucha sin cuartel. Y digo que lucía, porque mi madre se encargaba de mantenerlo impoluto y brillante como el resto de piezas de cobre que inundaban las paredes y muebles de la estancia.

Nunca supimos quien fue el primer propietario de mi familia de este cántaro. Pero ha ido pasando de generación en generación y en la actualidad está bajo mi custodia. Mi madre nos contaba que perteneció a su bisabuela, y que lo usaban para llevar agua a casa desde la fuente pública del pueblo en que vivían, Guadalupe, en la provincia de Cáceres.



Y si lo observáis, si que parece haber sido usado con frecuencia, pues su cuerpo abombado conserva las cicatrices de más de un golpe sufrido a lo largo de su existencia. Su pie es lo más desgastado y en su cuello, aún destaca el adorno repujado con mucho esmero por alguno de los afamados maestros caldereros extremeños de la época. Su silueta se remata con boca cilíndrica y tapa. La coqueta asa es de hierro forjado y está unida al cántaro con dos remaches eternos...

¿Y por qué os hablo hoy de este cántaro? Pues os lo cuento. Ahí donde lo veis, fue durante mucho tiempo "la caja fuerte" de mi madre. A lo largo del año, iba depositando en su interior las pequeñas sisas que le iba haciendo a la economía familiar. Unos días antes de Navidad, nos sentábamos alrededor de la mesa camilla y con cierta solemnidad, mi padre depositaba el cántaro en el centro de la mesa y mi madre, con estudiada parsimonia, iba sacando de su interior las monedas y billetes que había ido atesorando. Mis hermanos mayores eran los encargados de la distribución y ordenamiento y, mi padre, se encargaba de ir sumando...De vez en cuando, y como si lo tuviéramos ensayado, surgía de nuestras gargantas una exclamación coincidiendo con la aparición entre las manos de mi madre de unos pequeños sobres cerrados de color beige que contenían el importe de las "horas extras" que mi padre había podido hacer algunos meses. Sabedores que el contenido era importante, no dejaba de sorprendernos que se hubiese podido ahorrar en su totalidad. De ahí nuestra euforia.

Una vez hecho el recuento, decidíamos entre todos, su destino. Se le daba prioridad a lo más urgente y necesario, se asignaba una cantidad para las fiestas de Navidad e-imagino- que Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente pasaban por mi casa gracias a esos ahorros maternos...

Es natural que le tenga apego a este apreciado cántaro. Os podéis imaginar los bonitos recuerdos que me trae, entrañables momentos vividos con mi familia que los hacen inolvidables, una forma de vida que, ¿por qué no reconocerlo? a veces...añoro.

Maat

Más "apegos" en: http://palabrasdesindel.blogspot.com/



19 comentarios:

Neogeminis dijo...

Pero qué preciosos recuerdos!...ese acto compartido de sumar y distribuir entre toda la familia los ahorros de todo un año me resulta conmovedor, y además un gesto digno de destacar y recordar. Merecido lugar de privilegio tienen ese cántaro en tus recuerdos!Gracias por compartirlos.

Un abrazo.

Pepe dijo...

Es natural que le tengas apego a ese cántaro, Maat. Te trae recuerdos de entrañables momentos vividos junto a tus padres y hermanos. No podría ser de otra forma. No son los objetos, no. Son los instantes que a través de ellos y por ellos llegan a nuestros recuerdos, como instantáneas de un tiempo que ya no vuelve.
Un abrazo.

José Vte. dijo...

Como me ha gustado, y que recuerdos me ha traido. También recuerdo, de muy pequeño, cuando mi madre sacaba de un pequeño cofre en forma de baul, el dinero que iba ahorrando, entonces eso de los bancos era cosa de ricos, el gozo de ir contando el dinero como antesala de algunos regalos y compras de ropa muy necearias y escasas.

Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

Maat, entrañable cántaro con sus mellas, reluciente. La lámpara de Aladino, por tantas manos ha pasado, contiene memorias, deseos, ilusiones, imposible no amarlo.
Que te dure, son resistentes pero piden mimos.
Besitos.

CAS dijo...

Me dejas un sabor dulce de antaño, de esas épocas que uno recuerda con ternura, con la necesidad de encontrar los sabores del hogar. Me llevo un momento de color "rojo carruaje" (será como el abanico que tengo tan cerca, otro objeto que me recuerda una amiga querida?)
Yo también te quiero robar algo....

CAS dijo...

besos, abrazos y achuchones.
ME OLVIDABA LO PRINCIPAL, jajajajaj

gustavo dijo...

te voy a contar un cuento, lupe...
a veces se puede escribir de algo nuestro...a veces, cuando se escribe algo nuestro hasta lo hacemos delicado y bonito y...no sé..no, sí lo sé...sé que en este texto descriptivo, a parte de estar tú y tu pasado, está la impronta de un buen texto...
sabes, me he levantado hace poco...quizá sea por ello que los jueves que he leído hasta ahora, en estando bien, carecen, eso me parece a mí, incluyo el mío, de belleza lingÜística. muy por le cointrario que este tuyo...no sé, quizá me hayas pillado en la hora tonta y...jja, broma...
medio beso, maat.

Carmen Andújar dijo...

Hombre, voy a estrenar los comentarios, me alegro. Ese cántaro se ve precioso y con la historia que has contado, no me extraña que le tengas cariño, se lo merece y mucho. Todos esos ahorros que tu madre con trabajo conseguía os hizo más feliz vuestra vida.
Un beso

Carol dijo...

Emocionante relato Maat, es el último que leo porque he ido por orden de aparición-solo he dado un salto sin querer- y te aseguro que las lágrimas me están inundando los ojos-ya que me había maquillado esta tarde de viernes...-y es que es conmovedor, un objeto que no tiene precio.

Si algún día lo hereda alguien de tu familia que lo cuide con tanto cariño como tú lo haces, se lo merece, es mucho más que un objeto.

Un beso Maat.

San dijo...

Maat que recuerdos!!! inolvidables seguro, ese cántaro en el centro de la mesa y todos compartiendo la misma ilusión y ansidad por ver cuanto habia dentro. Todo un año de sacrificio para poder ser disfrutado entre padre e hijos. Precioso.
Un abrazo.

Sindel dijo...

Maat que belleza ese cántaro, luminoso, brillante y lleno de bellos recuerdos.
Esta historia me gustó muchísimo, cuando contás lo que hacía tu madre con él. Que mujer maravillosa, ahorrar de a poco para después disfrutarlo con sus seres amados.
Me dio mucho placer leerte.
Gracias por participar.
Un abrazo enorme!!!

Juan Carlos dijo...

¡Qué magnífica escritora costumbrista eres! Trasmites con tu escritura unos detalles que nos sitúan en el lugar, el el tiempo y en la emoción de lo que narras.
Viví la escena con la ilusión de que hubiera mucho dinero en ese cántaro, que entiendo el valor, que fuera de lo monetario, tiene para ti.
Un beso.

Gastón Avale dijo...

Un bello recuerdo, que va pasando de generación en generación es muy lindo. Verlo, conocer su historia... digna de conocerse... además me gusto lo de la repartija eh..jeje... que lindos momentos!

un besito

maria jose moreno dijo...

No me extraña que los añores, a mi tb me ocurre cuando volvemos la vista atrás y nos paramos a pensar en lo que hemos vivido. Pero aún nos queda disfrutar de muchos objetos.
Un beso, guapa

Mercedes Ridocci dijo...

Me gusta ver como desde una misma propuesta, cada relato es diferente en su forma y contenido.
El tuyo desprende nostálgica ternura.

Un abrazo.
Mercedes.

Abuela Ciber dijo...

Precioso y conmovedor lo que has compartido.

Le daras la misma utilidad que tu Madre????

Cariños

rosa_desastre dijo...

Contesto tarde, amiga, me he pasado unos dias en Salamanca...
Y leyendote ahora me descubres momentos muy parecidos que tenia almacenados en mis recuerdos, porque en "la casa de los pobres" era muy importante contar con la complicidad de un cacharro para guardar tesoros y como en este caso, era tu madre la que tocaba con su varita mágica.
Un beso

MAJECARMU dijo...

Maat,gracias por tu visita,que te agradezco en el alma,amiga.
Tu relato es entrañable y conmovedor...Esos objetos,que nos muestras son símbolos de tu interior,que sabe guardar con respeto e infinito amor cada instante de la vida,sentido y eternizado...
UNA GOZADA LEERTE Y SENTIRTE,COMO SEIMPRE,Maat.
Mi felicitación y mi abrazo inmenso.
FELIZ SEMANA Y SÉ FELIZ,AMIGA.
M.Jesús

Salvador Pliego dijo...

El buen escritor hace brillar cualquier objeto... Bien!!!

Un placer leerte y un fuerte abrazo.