Mostrando las entradas con la etiqueta un relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta un relato. Mostrar todas las entradas

8 de marzo de 2012

Este jueves, un relato:"Sorpresas"

Mi amiga María Dolores se encontraba, una vez más, ingresada en un centro hospitalario luchando contra una enfermedad que, de tiempo en tiempo, volvía a enseñarle los dientes. La fecha de su cumpleaños estaba próxima y, una tarde, aprovechando que acudí a estar un rato con ella, me confió su temor de no llegar a poder celebrar su 50 cumpleaños. Intenté animarla y quitarle esa idea de la cabeza. Me atreví a asegurarle que lo íbamos a celebrar y que la fiesta iba a ser de esas que no se olvidan...

Esa misma noche me puse en marcha. Mi primera llamada la hice a nuestro amigo Fernando. Tardó medio segundo en decirme que si y un torbellino de ideas comenzaron a surgir...En poco tiempo, un buen grupo de amigos comunes estaban volcados con el proyecto. Emocionados recibimos la noticia de su alta médica. Para entonces, ya estaba todo diseñado y "los artistas" ya realizaban sus ensayos. Un voluntario elenco de actores preparaban con la mayor de las ilusiones dos representaciones únicas: "El lago de los cisnes" y una versión muy peculiar del Tricicle, "Soy un truhán soy un señor", de Julio Iglesias.

El viernes anterior al domingo de la celebración, había ensayo general y decisivo con vestuario incluido. A todas estas, María Dolores no tenía ni idea de lo que estábamos tramando. Esa noche, nos reuníamos toda la peña en una casa de la playa para concretar todo el programa del festejo. Ayudamos a vestirse a nuestros maridos con el "uniforme" de ballet y ahí, si que echamos el resto. No creo haberme vuelto a reír en mucho tiempo como aquella noche. ¿Os imagináis? Verlos ponerse los pantys blancos era para desternillarse. Y para remate, el tutú con la diadema de flores a juego. Indescriptible. Aún así, el ensayo general fue apabullante. El único percance lamentable de la noche-motivo de cachondeo cada vez que lo recordamos-fue el sufrido por la "estrella" del ballet-Fernando-que, entregado totalmente a conseguir una conjunción dinámica entre brazos y piernas, no se percató que los dos compañeros que lo alzaban en un movimiento determinado de la danza, calcularon mal y dieron con su cabeza en una de las vigas del patio interior de la casa, que hacia sus veces de escenario...

Conchabados con Alejando, esposo de la cumpleañera, conseguimos que a primera hora del domingo salieran de su casa en el campo al pueblo más cercano para realizar algunas compras. Unos cuantos, invadimos la parte trasera de la casa, y la llenamos de globos, guirnaldas y carteles de felicitación, mientras los otros, marchaban a esconder los coches para no ser descubiertos. Estuvimos tan bien organizados que, en pocos minutos, el jardín quedó engalanado para la ocasión. A la hora convenida, Alejandro traía de vuelta a casa a María Dolores. En el asiento de atrás del coche, varías bandejas de pasteles presagiaban la celebración. Nos esperaban a "tomar café", pero ni la más remota idea de los que iban a acudir a felicitarle.

Agazapados, esperamos que, engañada, la llevara su esposo a la parte trasera de la casa y, al verla aparecer, entonamos el cumpleaños feliz y poco le faltó para caerse al suelo...La sorpresa fue mayúscula y, emocionada, nos colmó de abrazos y besos...

La comida resulto ser un festín, pues cada uno llevó una cosa preparada y hubo viandas de sobra para los más de treinta comensales que nos juntamos a la celebración. Después de abrir todos los regalos que le llevamos ese día y gozar juntos esos momentos, comenzó el espectáculo . El éxito fue total. Lloramos de risa y ¿para qué negarlo? también de emoción. El esfuerzo estaba compensado con creces. María Dolores no paró de reír en todo el día, estaba contenta y la satisfacción le dibujaba una expresión especial en su cara. El pelo-como astracán le decía yo que era- le había vuelto a crecer y estaba muy guapa. No se perdía ni un detalle del programa y los artistas "se crecieron" como verdaderos profesionales, arrancándonos enfervorizados y merecidisimos aplausos.

La preparación de esta "sorpresa", es una de las cosas más bellas que he vivido en mi vida. Una experiencia, de la que no quisiera olvidarme nunca...

Más sorpresas en: http://remandoensanignacio.blogspot.com/


P.D. Esta entrada, quiero dedicársela especialmente a Fernando. Sé que se pasea por mi blog cada semana y, que esta, va a llevarse una sorpresa. Fue uno de los artífices de aquélla entrañable e inolvidable fiesta. María Dolores se la merecía. ¿A que sí, Fernando? Fue un privilegio tenerla como amiga.

20 de enero de 2012

Este jueves un relato: Desde el corazón.

Eso de hablar desde el corazón en el espacio de una psicóloga, impone. Pero vamos a ello...

Soy la pequeña de cuatro hermanos. Cuando nací, los dos mayores tenían 20 y 17 años respectivamente. Chica y chico, por ese orden. La reina de la casa hasta ese día era la tercera, que ya había celebrado su noveno cumpleaños. Según me fueron contando con los años, nadie me esperaba. Pero llegué y formé un buen revuelo en la familia y caí como llovida del cielo. A mi hermana Pilar no le vino muy bien eso de perder protagonismo y se dedicó durante un tiempo a complicarme la vida...Mis tres hermanos eran pelirrojos, de cabellos ensortijados, piel lechosa y ojos claros. Con el sol, sus rostros se cubrían de pecas de todos los tamaños. Yo nací con la tez morena, con un pelo lacio rozando el color azabache y ojos grandes color caramelo.

Inspirándose en esas diferencias físicas mi hermana destronada urdió su maléfico plan. Durante un tiempo, consiguió hacerme creer que yo "no era de esa familia". Que me habían adoptado. Se aseguró-y mucho-de que mantuviera la boca cerrada, pues si se me ocurría contar "nuestro secreto" a los papás, la ira de mi padre-que me adoraba-caería sobre ella...

Todo el tiempo que duró aquel sufrimiento lo soporté en soledad. Recuerdo que cuando nos sentábamos alrededor de la mesa para comer, yo observaba a mis hermanos, buscando el más mínimo atisbo de algún rasgo que me uniera a ellos. Pero nada...Entonces, se me hacia imposible tragar bocado, lo que me proporcionó más de una regañina que aún aumentaba más mi pena. Me esforzaba en ser una "niña buena", para que no se tuvieran que arrepentir de haberme dado cobijo en esa familia y en algún momento, me devolvieran adonde me habían recogido.

Una tarde, mi madre y yo estábamos las dos solas en el salón de mi casa. Ella escuchaba la radio con sus queridas labores de ganchillo entre manos y yo, me dedicaba a mis quehaceres escolares. Me armé de valor y le hice la pregunta que llevaba preparada en mente desde hacia un tiempo:

-Mamá, ¿dónde nací?

Sorprendida, dejó su labor en el cesto rosa que mantenía en sus rodillas y mirándome fijamente comenzó a relatarme la historia más bella que jamás podría haberme llegado a imaginar...

-Tú fuiste la única de los hermanos que nació aquí, en casa. Tenías prisa por salir y no diste apenas tiempo de que llegara la comadrona. Lo pasamos muy mal tú y yo. Viniste con dos vueltas de cordón en el cuello y llegamos a temer por tu vida. Les costó recuperarte, pero cuando arrancaste a llorar, tuvimos la certeza de que eras una niña fuerte y llena de vida. Eras muy grande, y naciste con una linda melena negra que nos entusiasmó. Tus hermanos nacieron pelirrojos, como la abuela del papá, por eso nos llamó tanto la atención el color de tu pelo...

Siguió contándome más detalles en torno a mi nacimiento y unas lágrimas liberadoras acudieron a mis ojos. Ella pensó que me había impresionado por el peligro que corrí al nacer y fui incapaz de contarle lo que llevaba sufrido al respecto, por miedo a que a mi hermana le impusieran algún merecidisimo castigo.

Tampoco le conté a la autora de mi desasosiego la tranquilizadora conversación con mi madre. A partir de ese día, no le consentí que volviera a amedrantarme. Le dije tan convencida que era una mentirosa, que optó por obviar el tema. Y yo, intenté guardarlo allá dentro, bajo siete llaves, porque olvidarlo, borrar de mi mente aquella pesadilla infantil, me era imposible.

Hoy, atendiendo a la invitación de María José, he rescatado esta vivencia del fondo de mi corazón. Estas psicólogas...

Maat


Más relatos en: http://blogdemjmoreno.blogspot.com/






21 de octubre de 2011

Este jueves, un relato: Mitos, leyendas y creencias.

Lo tenía totalmente prohibido. Pero a mi se me "olvidaba" con cierta frecuencia...

-No se te ocurra andar descalza por casa. Sabes que los enfriamientos entran por los pies y acuérdate los calenturones que te dan cuando te resfrías-

Nadie de mi familia tenía esa costumbre. Más a mí me seducía el sentir en las plantas de mis diminutos pies la caricia de los mosaicos multicolores que configuraban el suelo de mi hogar. Era una sensación que se me hacia irresistible, aún a sabiendas de las regañinas que esa práctica me deparaba.

El temor de mi madre ante esa creencia suya tenía su lógica, pues los episodios de mis anginas inflamadas con fiebres rozando el delirio eran ya habituales en esa etapa de mi infancia.


Pero la noche anterior a mi primera Comunión desoí totalmente la advertencia materna. Al nerviosismo propio del feliz acontecimiento que iba a vivir en horas, se sumó el deslumbramiento que me proporcionó el ver "expuesto" mi traje de comunión. Un matrimonio amigo de mis padres me lo habían confeccionado. Él era sastre y su esposa le ayudaba en su quehacer diario y ambos cosían como los ángeles. Sabedores de mi debilidad por las películas de Sissi, diseñaron un modelo que me emocionó sin límites cuando lo vi terminado. Y, esa noche, esperé a que todos se durmieran en casa para disfrutar a solas contemplándolo.

A hurtadillas y, por supuesto, descalza, realicé múltiples viajes de mi habitación al salón-comedor donde el pomposo vestido me esperaba para lucirse en mi compañía al siguiente día. Me quedaba petrificada observándolo, gozándolo, sobre todo, el volante de tul tableado que adornaba el bajo de la prenda. ¡Me fascinaba!

A la mañana siguiente, amanecí con los párpados de mis ojos hinchados como pequeños globos. Ni mis padres ni mis hermanos encontraban el motivo de mi dolencia matutina. Allá adentro, y en silencio, achacaba a mis andanzas nocturnas el origen del contratiempo. Ya no dudaba que el enfriamiento había entrado por mis pies, pero despistado en mitad de la noche, había pasado de largo por mis anginas y se había aposentado en mis trasnochados ojos. Pero esta vez, por suerte, no hubo regañina. El secreto quedó entre mi vestido y yo...

Maat

Más mitos, leyendas y creencias en: http://i-deariofertil.blogspot.com/

9 de junio de 2011

Este jueves, un relato: Los pies.


- Y bien, contadnos, ¿qué tal andáis?

-Pues fatal. De puta pena-si nos permitís la grosería-

-Nos dejáis parados. ¿Qué os ocurre?

-Pues que nos tienen todo el día por los suelos. A nuestra dueña le encanta ir descalza y estamos magullados. Y eso que intentamos quitarle la costumbre dejándonos caer en todo aquello que encontramos a nuestro paso: piedrecillas, migas de pan, tapas de bolis, alguna alfiler perdida...Pero nada. No surte efecto el invento. No nos cuida como merecemos. Se sienta sobre nosotros, nos deja caer en cualquier silla, aunque su predilección es la dura mesa de su despacho. Y cuando salimos a la calle, nos sumerge en unas botas durísimas, de suelas desgastadas y sin apenas respiración. Anda aturrullada y a trompicones, de fácil tropiezo, lo que nos tiene machacadas las cabezas de nuestros ortejos mayores. Es tremebundo.

-Y a vosotros, ¿cómo os llevan?

-De fábula. Nos sentimos unos privilegiados. Nuestra propietaria nos cuida-casi-en exceso. Por la mañana nos embadurna con una loción desodorante que nos hace sentir realmente libres. Después, nos acomoda en unos zapatos suaves y mulliditos a los que antes de llegar nosotros ha rociado con un spray de lavanda que perfuma el recinto. Su andar es pausado y mimoso lo que facilita mucho nuestra existencia. Por la noche, nos agasaja con un tibio y tonificante baño de extracto de algas y sales minerales. Fascinante. Utiliza unas esponjosas toallas para quitarnos la humedad y, con un suave e interminable masaje, nos disfraza de una crema hidratante y reparadora, envolviéndonos con infinita ternura en unos suaves calcetines de lino con quienes pasamos toda la noche...Una verdadera delicia.

-¡Que suerte la vuestra! Así, cualquiera...

-En fin, a ver si la próxima vez que coincidimos nos dais mejores noticias. Cuidaros mucho. Y andad con cuidado. A estas horas, el metro va hasta los topes...

Maat


Más historias de pies en:

http://callejamoran.blogspot.com/


20 de octubre de 2010

Este jueves un relato: Robótica


Empiezo a estar arrepentida del dinero que invertí en alguno de los Robots Humanoides que adquirí en la pasada feria de la Robótica. Aunque reconozco que no todo es negativo. Os cuento.

Esta mañana, el día amaneció con temperaturas muy bajas para lo que estamos acostumbrados por aquí. El aire fresco se colaba por cada rendija de la ventana de mi dormitorio y, acurrucada en mi cama, he querido holgazanear un rato. Me ha sido imposible. A su hora programada, mi robot doméstico se ha colado en mi habitación y me ha dado un gran susto. No termino de acostumbrarme a esos azulados ojos que me escudriñan cada nueva mañana. He tenido el tiempo justo de brincar por el otro lado del lecho y, cuando aún no había puesto los pies en el suelo, los articulados brazos fuertes de "Pelos tiesos" ya ahuecaban en el aire mi delicada almohada de plumas de cisne blanco.




Resignada, he decidido darme una buena ducha para recuperar mi norte mañanero. También he sufrido algunos inconvenientes. Apenas me había desprendido de una de las mangas de mi bonito pijama de flores malva, la voz estridente y metálica del susodicho robot ha comenzado a recitar: te sobran taitantos kilos, te sobran taitantos kilos...y claro, no he tenido más remedio que, al grito de cállate so artefacto, echarle la puerta del baño a los tornillos morreros, consiguiendo que se quedara mudo en seco. ¡Posiseñor!

Enfundada en un confortable albornoz de rizo en suave algodón , me he dirigido al despacho y después de comprobar que mi desayuno estaba preparado y en el ordenata ya aparecía la primera página de mi periódico preferido (el que sólo incluye buenas noticias) y sobre todo, recuperada ya del susto, no he tenido más remedio que sentirme condescendiente con Pelos Tiesos y hemos firmado la paz...

No he tenido la misma suerte con la robota "Perejila". Sus sensores de entrada no acaban de dar paso a los nuevos menús otoñales. Sigue preparándome cada día ensaladas de pasta y diversos platos fríos. Su inteligencia artificial no acaba de asimilar las secuencias nuevas y hace un par de días, después de programarle para que realizara un apetitoso cocido madrileño, me tuve que conformar con una sencilla -pero exquisita, todo hay que decirlo- sopa de ajo castellana. Tendré que programarla nuevamente a través de su regenerador y, aunque es muy suya, espero conseguirlo. Si todo fuera como su físico...Pero ha salido con la mecánica dura. Muy dura.





Afortunadamente tengo a "Hugnoide".


Los días que se me ponen difíciles robóticamente hablando, me invita a pasear y a ir de tiendas. No sé cómo lo hace ni contra que cuenta la carga-ni me importa-pero utiliza una Visa para pagar mis compras a la que jamás se le termina el saldo. Como os decía al principio, no todo es negativo en estas nuevas tecnologías. Y tan sólo estamos al principio del camino. Seguro que vendrán tiempos mejores. Y más ahora, que hemos tenido una remodelación en el gobierno. Eso sí, procurad no caer enfermos...

P.D. Sin querer he regresado al mundo de los hombres. Y de las mujeres, Aido, y de las mujeres. Tu ministerio, aunque suprimido, me ha dejado su impronta.

Por invitación de Tésalo, Gus y Verónica, más Robótica en:

http://callejamoran.blogspot.com/

Maat

17 de junio de 2010

Este jueves, un relato: "Bichos"

Gustavo, desde su blog http://callejamoran.blogspot.com/ nos invita a hablar este jueves de "bichos". Concretamente de insectos.




Parece increíble lo que puede llegar a trastornar, en algunos momentos, su presencia en nuestra confiada existencia. Por lo menos, en la mía. Es lo que peor soporto de esta época del año, incluido el pegajoso calor mediterráneo. Me estoy refiriendo a los mosquitos "caseros".



Irrumpen sobre mi cuerpo serrano en las mejores horas. Unas veces, cuando entregada en los brazos de Morfeo disfruto de un reconfortante descanso. Y es cuando más me molestan. Hay noches que anuncian su visita con el clásico zumbido que llega a despertarme. De un salto, enciendo la luz de la alcoba y, armada con el spray de insecticida, me dedico con vehemencia a darle su merecido y no cejo en el empeño hasta que, localizado, lo envuelvo en una nube tóxica que le lleva directamente a su paraíso. Lo peor es cuando ya me despierta el picor del bocado sufrido-porque no pican, muerden-os lo aseguro. El ritual es casi como el anterior pero, primero, me dedico a embadurnar la caricia del cagachín con una crema calmante que procuro nunca falte en mi mesilla de noche. Estos hechos suelen acontecer de madrugada y a partir de ahí, la vigilia casi está asegurada. La guinda suele ponerla mi esposo, quien medio durmiendo y casi ininteligiblemente se asoma entre las sábanas para pronunciar la frase que más me exaspera en esas circunstancias:

-¿Es que hay algún mosquito?

-Pues mira, no. Estaba aburrida y me ha dado por ensayar unos pasos de baile.

Como a él no le pican...

Otras veces, cuando en la tranquilidad de la noche me dedico a leer o a escribir, con una música de fondo, suave, osan acribillarme las piernas rompiendo el encanto del momento. Y todo esto, a pesar de tener aparatos de esos eléctricos de varías las clases, en cada una de las estancias que ocupamos.

Lo curioso de la historia es que me he dedicado a investigar sobre mi enemigo para ver la forma de vencerlo y ha sido peor. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he conocido que quien me "pica" no es él, si no ella. Es la hembra la que, a través de su trompa fina y alargada, armada interiormente de un aguijón, extrae la sangre de los mamíferos, de la que obtiene las proteínas que necesita para el desarrollo de los huevos. Puede llegar a poner hasta 200 de ellos en su corta vida que alcanza-como mucho- a 15 días. Pocos días, desde luego, pero bien aprovechados. Según mis informaciones, hacia el atardecer, los mosquitos machos se reunen en enjambres y esperan con entusiasmo la visita de las hembras para copular. Las muy espabiladas, no se conforman con uno, ya que se montan la fiesta con varios de ellos. Y claro, pasa lo que pasa.

Tras una ingesta de sangre, la hembra reposa unos días mientras los huevos se desarrollan con los nutrientes extraídos, hasta que están lo suficientemente desarrollados para ser depositados. En unos diez o catorce días, los nuevos mosquitos serán adultos y podrán pulular a sus anchas. Mientras ellas reposan, los machos-que sólo viven siete días- (no me extraña), se dedican a alimentarse de néctar. Para reponerse, digo yo.

Y claro, desde que sé todo esto, cuando de madrugada me despierta el aguijón de una de estas lagartonas, enseguida pienso lo bien que se lo ha pasado visitando el enjambre y como consecuencia, necesitando mis proteínas, y ¿para qué engañaros? me acuerdo hasta de Noé. ¿Qué falta haría que metiera una parejita de estos molestos insectos en su famosa arca? Con lo bien que les hubiera venido aquel diluvio universal. Seguro que a él no llegaron a picarle

.
Hay otras palabras para referirse al mosquito que tienen su chispa: Violero (desde luego violan la tranquilidad de sus víctimas), cagarropa (pueden clavar su aguijón a través de los tejidos), cenzalino de trompetilla (sobre todo) y la más chocante, culícido (sin comentario)

.
Para terminar, deciros que me marcho en cuanto cuelgue mi relato a comprar unos aparatos que me han asegurado que son muy eficaces. Unos ahuyentadores de mosquitos por ultrasonidos. A ver si tengo suerte y los aleja de mis proteínas, por lo menos, hasta el Sudeste de Asia, que es de dónde proceden...

Maat

13 de mayo de 2010

Este jueves, un relato: Nombres



Al leer la propuesta de esta semana en el blog de Gustavo http://callejamoran.blogspot.com/, decidí relataros la simpática anécdota familiar que envolvió la designación de mi nombre de pila.


Cuando mi madre recibió los primeros avisos de mi llegada, nadie esperaba, ni por asomo, que la familia pudiera aumentar. Mi padre, prácticamente acariciaba la cincuentena y fue el que más celebró la buena nueva. Mis hermanos mayores, veinteañeros, tardaron en asimilar el hecho, y para la que hasta entonces había sido la pequeña y mimada de la familia, fui un golpe bajo.

Pero mira por donde que mi futura presencia iba, de entrada, a solventar un problema que en el seno de mi familia se había estancado desde el mismo momento que a mi hermana- la del golpe bajo- le pusieron de nombre María del Pilar. Y os lo explico.

En mi hogar, teníamos la clásica tía mayor, soltera, con cierto protagonismo en los asuntos familiares. Era una persona con profundas convicciones religiosas y, como buena extremeña, devota de Nuestra Señora de Guadalupe. Ya intentó que a mi hermana mayor le pusieran este nombre, pero mi padre, al ir al juzgado, la inscribió como María del Carmen, quiero imaginar que con el beneplácito de la madre de la criatura. Tuvieron sus más y sus menos cuando mi tía conoció la noticia, pero mi progenitor, con mano izquierda, la convenció de que, al fin y al cabo, le habían puesto el nombre de otra Virgen, y que todas las advocaciones se referían a la Madre de Dios. Y parece que coló...

Luego vino un varón. Y llegaron tres nombres para él: Vicente, Luis, Eusebio. El primero, para seguir la tradición familiar, el segundo, me imagino que fue para alagar a la tía, quien presumía de un nombre compuesto: Balbina Luisa, el tercero, en honor del abuelo...

Con la llegada de la siguiente niña, parecía estar claro el nombre que iba a recibir. Pero tampoco. Fue inscrita como María del Pilar y ahí comenzó el conflicto. De nada sirvieron las explicaciones. Esta vez no coló ninguna de ellas. Y ante lo irremediable de la situación, la señora Balbina Luisa comenzó y -amenazó que para siempre- a llamar a mi hermana "Encarnita". Y lo cumplió.

La condescendencia que mis padres tuvieron con ella fue infinita. Hasta que yo llegué...

Mis tres hermanos eran pelirrojos y de piel muy blanca. Cuando yo nací, mi tez era morena, como si viniera de tomar el sol en una playa caribeña, y mi pelo era largo y negro azabache...

-Es morena, como la Virgen de Guadalupe...-musitó mi tía asomándose a la cuna.

Por aquellos días, mi padre hubiese sido capaz hasta de subir en globo si alguien se lo hubiese pedido.

Recibí las aguas bautismales con el nombre de María de Guadalupe. Nombre que acorté con mis primeros balbuceos, dejándolo en un escueto "Pupe". Así me llaman todavía en el entorno familiar.

A mi hermana María Pilar, nunca más volvieron a llamarle Encarnita.

Maat