3 de mayo de 2010

Lo que queremos nos quiere



Lo que queremos nos quiere
aunque no quiera querernos.
Nos dice que no y que no,
pero hay que seguir queriéndolo:
porque el no tiene un revés,
quien lo dice no lo sabe,
y siguiendo en el querer
los dos se lo encontraremos.
Hoy, mañana, junto al nunca,
cuando parece imposible
ya,
nos responderá en lo amado,
como un soplo imperceptible,
el amor
mismo con que lo adoramos.
Aunque estén contra nosotros
el aire y la soledad,
las pruebas y el no y el tiempo,
hay que querer sin dejarlo,
querer y seguir queriendo.
Sobre todo en la alta noche
cuando el sueño, ese retorno
al ser desnudo y primero,
rompe desde las estrellas
las voluntades de paso,
y el querer siente, asombrado,
que ganó lo que quería,
que le quieran sin querer,
a fuerza de estar queriendo.
Y aunque no nos dé su cuerpo,
la amada, ni su presencia,
aunque se finja otro amor
un estar en otra parte,
este fervor infinito
contra el no querer querer
la rendirá, bese o no.
Y en la más oscura noche,
cuando
desde otra orilla del mundo,
la bese el amor remoto
se le entrará por el alma,
como un frío o una sombra
la evidencia de ser ya
de aquel que la está queriendo.

PEDRO SALINAS



2 de mayo de 2010

Día de la madre


FLORES Pictures, Images and Photos





Mamis, ¡Feliz día!


Hoy he recibido vía mail, una invitación para leer un texto que lleva a una reflexión. Os dejo el enlace por si os apetece dedicarle unos minutos:

http://webcatolicodejavier.org/mimadremimejoramiga.html



Maat

30 de abril de 2010

El otoño de las rosas


Vives ya en la estación del tiempo rezagado:
lo has llamado el otoño de las rosas.
Aspíralas y enciéndete. Y escucha,
cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.

FRANCISCO BRINES

(Premio Reina Sofía de Poesía 2010)

29 de abril de 2010

Este Jueves, un relato: Soledad.


Esta semana, la propuesta de Tésalo "Este jueves, un relato", la ha organizado Mª José Moreno. Lleva por título: Soledad
Podréis encontrar todas las participaciones en:

http://blogdemjmoreno.blogspot.com/


Arturo



Lo veo pasar cada tarde por delante de mi casa. Su figura es menuda y ligeramente encorvada por el paso de los años. Pero su andar es resuelto y acompasado por un viejo bastón que le sirve de fiel compañero. Las manos y su cara, atezadas, delatan que han permanecido muchas horas al aire libre, lo que les confiere un aspecto triste y ajado. Sus ojos, de mirada cansada y perdida, conservan un ligero brillo que los hace encantadores.


Desconozco su nombre, pero yo lo llamo Arturo. Me gusta observarlo. De vez en cuando, se detiene a contemplar lo que casi nadie es capaz de ver. Puede ser un agujero en el suelo, adornado por inquietas filas de hormigas que, presurosas, acuden a su escondite con las provisiones multicolor recién capturadas por los alrededores. Otras veces, su mirada persigue a los pájaros que revolotean entre las ramas de los árboles que, con sus piares, parecen disputarse los mejores lugares donde pasar la noche.

Algunos ratos descansa en uno de los bancos del jardín. Cruza las manos sobre la empuñadura de su garrote y se dedica, con pausado interés, a observar cuanto ocurre a su alrededor. Obsequia graciosos guiños a los críos que juguetean en su entorno causándoles una agradable sorpresa. Sigue con su vista el grácil caminar de los perros pequeños que pasean ante él y en todos ve algo que le recuerda a su querido Pipo, que no superando la pérdida de su ama, murió de pena pocos días después de la marcha de su querida e inolvidable esposa.

La tarde se torna lenta sobre la harapienta soledad de Arturo. Como un ritual, alza la mirada al cielo, como buscando alegres recuerdos que le consuelen en el silencio de su vacía existencia, mientras caprichosas nubes bailan al compás de una música que sólo ellas pueden escuchar.

Cuando el sol da sus últimos lametazos sobre los tejados de los edificios más altos, el anciano desanda el camino recorrido. Sin prisas. Parece habitar en un mundo distinto, sosegadamente irreal. Su caminar es ahora más lento, como si no quisiera llegar al lugar que le aguarda. La suciedad polvorienta va enseñoreándose de los bajos de sus pantalones como si se trataran de los de un mendigo. Sus fuerzas para avanzar, parecen haberse quedado desparramadas en el hosco, sucio y solitario banco del jardín con el que cada tarde comparte su desamparo.

De vuelta a casa, siempre le acompaña la misma idea que, poco a poco, se convierte en un deseo. ¿Será ésta la última vez en acudir al parque? ¿Tendré la suerte de que mañana sea el día del reencuentro con mi querida e inolvidable esposa? ¿Estará Pipo con ella, esperándome?

La soledad se ha convertido en una carga demasiado pesada para él. Tan pesada, que apenas puede arrastrarla...

Maat

26 de abril de 2010

Una broma de la vida

La sorpresa que se dibujaba en los rostros de mis personas queridas y la sorna que acompañaba a los saludos en sus visitas, me confirmaban que la vida me estaba gastando una de sus bromas. Por lo menos, así he querido tomármelo cada vez que han hecho alusión a mi dolencia y a la edad en que la he padecido. Nos hemos reído juntos-yo, con alguna dificultad por la tirantez de los puntos-poniendo un toque de humor al hecho traumático de tener que pasar por un quirófano...

Con las primeras sombras de la tarde del pasado día cinco comenzaron a llegar las molestias. Al principio, de forma suave, a modo de olas de mar que, partiendo del centro de mi abdomen, se extendían hasta el hueso de la cadera derecha donde rompían con un dolor más entusiasmado. Pensando que algo me había caído mal opté por no cenar y tomar alguna que otra infusión. La intensidad del oleaje fue en aumento y, temiendo una posible apendicitis-luego confirmada-a las tres de la mañana, decidí acudir a urgencias. Una joven y amable doctora fue la que me hizo el primer reconocimiento. Quería asegurarse que mi apéndice estaba pidiendo a gritos ser retirado y solicitó varías pruebas para confirmar lo que -casi- le parecía evidente. Me apuntó la posibilidad de seguir aguantando el dolor sin calmantes para no enmascarar el diagnóstico y asentí. La analítica confirmó sus sospechas pero, de acuerdo con el cirujano de guardia, decidieron ampliar el estudio con más pruebas. La siguiente, fue una radiografía que no aclaró nada. Le siguió una ecografía de la que obtuve una inquietante frase por parte de la doctora que la estaba realizando: "Observo una sombra, pero no sé decirle qué puede ser. Voy a solicitarle un TAC"

No sé el tiempo que permanecí sola-durante las pruebas no permiten acompañantes- sentada en la silla de ruedas que me asignaron, en un frío, desierto e inacabable pasillo del hospital. En ese periodo de espera, un remolino de ideas y temores pugnaban en mi interior. Las varillas del abanico de posibilidades se iban reduciendo en mi mente y llegué a sentir pánico. En un último esfuerzo decidí vivir minuto a minuto la situación para no desperdiciar energías. ¡Cuánto hubiese agradecido en esos momentos tener una mano a la que aferrarme, sentirme acompañada! Tan sólo coincidí en esa larga espera con una empleada de la limpieza que, con una inmensa mopa, barría hasta el más minúsculo objeto que encontraba a su paso sin apenas levantar la mirada del suelo.

Superada esta última y decisiva prueba, me llevaron a una pequeña habitación y ya comenzaron a administrarme calmantes para mitigar el implacable dolor que seguía alojado en mi cuerpo. Al poco rato, una enfermera me acompañó a otra habitación y me facilitó el uniforme de los pacientes internados en el centro. Hasta ese instante, nadie me había confirmado el ingreso. El mensaje me llegó antes que el mensajero, y decidimos esperar a que el cirujano de turno me confirmara el resultado de las pruebas y el programa a seguir.

En esas estábamos cuando se abrió la puerta de la habitación y un pedazo de galeno, del tamaño de un armario de dos puertas, hizo su inolvidable aparición en escena. Dirigiendo su dedo índice hacia mi persona, con bastante autoridad me espetó:

" La van a pasar por cuchillo"

No me caí redonda porque estaba sentada en la camilla. Miré a mi esposo que seguía pegado a mí como un extraordinario guardaespaldas y comprobé como su rostro había palidecido. Con cierta ironía y desagrado acerté a balbucear a mi amable interlocutor:
"Creí que aún operaban con bisturí. Me deja usted muerta..."

A pesar de todo, la fortuna me acompañaba. Ese ingenioso doctor no iba a ser el que liberara mi apéndice. Sólo cumplía el encargo del cirujano con el que, en pocos momentos, iba a encontrarme en el quirófano. De esa forma tan peculiar me diagnosticó y anunció lo que venía. Con la misma prisa que entró en la habitación, la abandonó. ¡A Dios gracias!

-Es muy buen médico- aseveró la enfermera intentando disculparlo mientras me ayudaba a cambiar mi ropa por el infame camisón hospitalario que deja al descubierto toda la espalda y el resto de cuerpo que le sigue...

A partir de aquí, todo fue rápido. La intervención presentaba alguna dificultad por el lugar -algo escondido- en el que se encontraba el apéndice. Se cumplían diez horas de mi llegada al hospital cuando me tendían en la mesa de operaciones. Los calmantes habían sido efectivos y estaba tranquila y resignada a mi suerte. Mientras dos enfermeras endilgaban en mis brazos extraños brazaletes, una mascarilla cubrió parte de mi rostro y se me invitó a aspirar un gas dulzón. Lo hice intensamente, deseando que aquello terminara lo más pronto posible...

En los dieciocho días que han transcurrido desde entonces, he tenido tiempo suficiente para reflexionar sobre muchos aspectos a los que, por asiduos, no daba la importancia que ahora tienen para mí. El necesitar una persona a mi lado hasta para lo más elemental, me ha puesto de manifiesto lo frágiles que podemos llegar a ser, pues nuestra vida cambia en décimas de segundo. Las veinticuatro horas que tuve que pasar sin ingerir líquidos me hicieron ver la suerte que tenemos de paladear un vaso de agua fresca cada vez que tenemos sed. El permanecer durante diez días sin poder ladearme en la cama me llevó a añorar con vehemencia las noches en que podía dormir a pierna suelta. De repente, tuve que suspender todas mis actividades y dedicarme tan sólo a recuperarme. Ello me demostró que nadie es imprescindible. Amiga de hacer favores, me aterra pedirlos. Estos días he tenido que aceptar con emoción el hecho de que, a casa , llegaran mis amigos cargados de fiambreras con sus menús más exquisitos para que no tuviéramos que preocuparnos mi esposo y yo de la intendencia. Ellos, y mi familia más cercana me han cuidado, atendido y -quizá- mimado en exceso. Sin duda, esto ha contribuido a que remonte las horas bajas que he tenido y que, día a día, me haya ido encontrando mejor. El próximo cuatro de mayo tengo consulta con el cirujano. ¡Ojala todo esté bien para entonces y me den el alta! Haré borrón y cuenta nueva.

Quiero agradeceros a vosotros, amigos blogueros, los comentarios de ánimo dejados en mi blog, vuestros correos, llamadas telefónicas y las muestras de cariño que me habéis dispensado. ¡Es una delicia teneros tan cerca en estos momentos!

Os dejo un vídeo que he preparado con una de mis canciones preferidas. Es un pequeño regalo para compensar vuestras atenciones y para que disculpéis la extensión de esta entrada. Pero comprendedme. Veinte días sin escribir...son muchos días.

Un fuerte abrazo para cada uno de vosotros.

Maat



8 de abril de 2010

Silencio forzoso



Una inoportuna apendicitis pascuera me tiene alejada de la blogosfera. En cuanto la docena de grapas que me atenazan  sean retiradas intentaré pasear por vuestros blogs y por el mío. Sólo deciros que os echo mucho de menos...

Un montón de abrazos para todos.

Maat







5 de abril de 2010

Lunes de Pascua




En Valencia hoy celebramos el lunes de Pascua y es festivo. Es típico de este día merendar la clásica "Mona de Pascua" que está elaborada con aceite de oliva virgen extra, azúcar, harina de fuerza, ralladura de limón y de naranja. Es una masa que se trabaja manualmente y a la que se deja reposar más de doce horas para que fermente. Todavía hay panaderos que utilizan hornos de leña, alimentando el fuego con ramas y troncos de naranjo, de bóveda refractaria que dan a la mona el punto exacto de cocción. El ingenio de estos artesanos posibilita que las monas adquieran las figuras más sorprendentes, haciendo las delicias de los niños que son realmente a quienes van dirigidas estas suculentas meriendas. Normalmente, van acompañadas de un huevo cocido aunque, en los últimos años, se ha ido sustituyendo por uno de chocolate y adornadas con anisitos multicolores.

Parece ser que esta costumbre data de la época anterior a la expulsión de los moriscos de nuestra Península, cuando cultivaban las tierras como arrendatarios en la provincia de Valencia. Entre los regalos con los que solían obsequiar a los dueños de los campos, figuraban unas cocas llamadas munnas y que con el tiempo, pasaron a llamarse monas.

Tal día como hoy, las familias se reunían en grupos y se dirigían a las afueras de la ciudad , al campo, para merendar y celebrar de esta forma la Pascua. Uno de los alicientes de la tarde era la hora de golpear por sorpresa, con el huevo cocido de la mona, la frente de algún familiar o amigo, creando situaciones muy divertidas. Era una fiesta que se disfrutaba en el entorno de la familia, pues durante muchos años, era el padrino de los niños el encargado de regalar la mona a su ahijado en este lunes de Pascua.

Como todo, esta costumbre va tomando nuevas formas, y la clásica mona se acompaña de toda clase de figuras de chocolate, amoldándose a los tiempos.



Esta clásica merienda, se repite dentro de siete días, el próximo día 12, en el que se celebra la festividad de San Vicente Ferrer, patrón de la Comunidad Valenciana.

¿Os apetece probarla? Estáis invitados...

Maat







1 de abril de 2010

Jueves Santo

La Iglesia Católica conmemora hoy el Jueves Santo y coincidiendo con ello, he querido traer hasta mi blog uno  de los poemas  que recuerdo con más intensidad de mis años de colegiala. Con los años, supe que era  uno de los más bellos sonetos de la poesía mística española y que aparece en las principales antologías poéticas en lengua castellana. 

Su autoría se ha atribuido a distintos personajes, entre los que se encuentran San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, o el P. Antonio Panes, franciscano de la provincia de Valencia. Pero a día de hoy, no hay pruebas suficientes para poder afirmar categóricamente quién compuso el poema. Si que hay constancia, en cartas que conserva la orden de los franciscanos, que sus misioneros enseñaban este soneto a los indios americanos como una oración cotidiana y que guardaban manuscrita.


No me mueve, mi Dios,  para quererte 
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.



La imagen que he elegido para esta entrada pertenece a un crucifijo que conservo con mucho cariño. Era de mis padres y, durante 52 años,  presidió la cabecera de su cama. Para mí tiene un significado más amplio, pues además de lo que representa, guarda una enseñanza que mi padre me dejó: ser tolerante. Mi madre era creyente y practicante, y su deseo de que ese Cristo presidiera su alcoba fue respetado siempre. Y hay algo más. De niña, mi obsesión era desclavar las imágenes de sus cruces.  Lo hice en varias ocasiones con distintos rosarios que había en mi casa. Me trajo algunas regañinas, pero no cejé en mi empeño. Si os fijáis, el Cristo de esta imagen tampoco está clavado en la cruz. Una de las veces que se pintó en mi casa y que ese crucifijo estuvo a mi alcance, los diminutos clavos que lo sujetaban desaparecieron...Mi padre con toda la paciencia del mundo -quizá fue el único que  entendió lo que me ocurría- se limitó a sustituir los clavos por pegamento. Y así continúa.  En aquella ocasión, también fue tolerante conmigo. Deben ser ya miles los besos que le llevo enviados. Lo hago cada vez que mis ojos se encuentran con este crucifijo que con tanto cariño guardo en mi casa.  Una de mis mejores joyas. 


Maat


27 de marzo de 2010

Poema de la espera



Por un agua de hastío voy moviendo estos remos,
que pesan tanto al irme y tan poco al volver;
pero quizá un día no nos separemos,
mujer mía y ajena, como el amanecer.

No importa que me quede ni importa que me vaya,
mientras pasan las nubes sin dejar de pasar,
porque tu corazón es igual que una playa,
que, pudiendo ser tierra, nunca llega a ser mar.

Tu amor nunca responde cuando mi amor te nombra;
tu amor, que sin ser mío, tantas veces perdí;
y yo empuño los remos y viajo hacia las sombras,
pues todo se hace sombra si estoy lejos de ti.

Filibustero loco tras el botín de un beso,
viajo por aguas tristes que me entristecen más;
pero tu amor es siempre camino de regreso,
mujer que nunca llegas y que nunca te vas.

Tu amor es un remoto país desconocido,
más allá del mañana, más allá del ayer;
y ya sólo recuerdo las veces que me he ido
recordando las veces que tuve que volver.

Hay virtudes tan tristes, que es mejor ser culpable,
y más si es una culpa de amor amarte así;
pero, si en nuestras vidas hay algo inevitable,
inevitable tú serás para mí.

Ya me duelen las manos de remar en mi hastío;
pero yo sé que un día dejaré de remar,
y he de mirar el mundo como si fuera mío,
y romperé los remos en la orilla del mar...

JOSÉ ÁNGEL BUESA








25 de marzo de 2010

Las flores de la primavera salen





Las flores de la primavera salen, 
como el apasionado dolor del amor no dicho;
y con su aliento, vuelve el recuerdo de mis canciones antiguas.
Mi corazón, de improviso, se ha vestido de hojas verdes de deseo.
No vino mi amor, pero su contacto está en  mi cuerpo
y su voz me llega a través de los campos fragantes.
Su mirar está en la triste profundidad del cielo, pero
¿dónde están sus ojos? Sus besos zigzaguean por el aire,
pero sus labios ¿dónde están sus labios?

RABINDRANATH TAGORE

23 de marzo de 2010

¿La viste?

Hoy se cumplen 20 años del estreno de la película Pretty Woman. Creo que no exagero si digo que la he visto más veces que años tiene. La música, los escenarios de rodaje, el trabajo de Julia Roberts, el amable director de hotel, el vestuario, la frescura del guión...Bien, todo esto, muy bien. Pero tengo que reconocer que lo que me lleva a encandilarme ante la pantalla es su protagonista, Richard Gere. ¿Para qué engañarse? Me da igual que sea en la televisión-todas las veces que la programan la veo- o en ese DVD que cuando me ve llegar a la estantería se esconde para que lo deje tranquilo. Y es que Richard Gere en esta película es mucho Richard Gere. Ya me llamó algo la atención con "American Gigoló". Con "Oficial y caballero" entró por la puerta grande a mi lista de actores preferidos. Pero con Pretty Woman, lo cerré a cal y canto en el espacio cinematográfico de mi corazón. Él, se turna con Robert Redford y sus "Memorias de África" para acompañarme en las largas horas de plancha cuando mi cesto de la ropa a desarrugar, se desborda. Aunque no lo creáis, con este método, las camisas casi se planchan solas. Y quien lo dude, que pruebe. Ya me contareis...



La última película que disfruté de él fue: ¿Bailamos?. Ya estaba más mayor-como yo-tenía más canas y había recurrido al tinte-como yo-, pero seguía igual de encantador que siempre... ¿O no?




Actualmente, el halo que le confieren sus creencias budistas le ha dado un toque especial que lo hace-si cabe-más encantador y atractivo...





¿O no?

¡Feliz aniversario! y que cumplas muchos más... (Y yo, que lo vea)

Maat


21 de marzo de 2010

Día Mundial de la Poesía




Coincidiendo con la entrada de la Primavera, se celebra hoy el Día Mundial de la Poesía.
Entre mis libros de poemas hay uno, al que le tengo especial cariño. Era de mi padre. Sus hojas ya amarillean y su lomo cruje lastimosamente cuando lo tomo entre mis manos para gozar de las pequeñas joyas que contiene. El título es, casi ya, un poema: "Primer Florilegio de Poesía del Marqués de Montesión Conde de las Atalayas". Su encuadernación es rústica, es decir, cosido a mano con una especie de hilo que ya da señales de no poder aguantar mucho más tiempo el cometido de tener las hojas unidas. Por eso, trato de leerlo sólo en ocasiones especiales, y hoy es una de ellas. Es mi forma de celebrar este día con los que paséis por mi blog. El poema que he elegido es un soneto en verso endecasílabo y se titula:

PRIMAVERA EN OTOÑO

Tus labios temblorosos he besado,
y de tan dulce encanto seducido,
en la red del amor quedé prendido,
y me sentí de aromas embriagado.

El valle está de flores esmaltado,
el cielo en luminarias encendido;
el amor en mi pecho ha florecido,
¡oh prodigio del dios ciego y alado!

Al libar de tus labios la ambrosía,
al mirarte en mis brazos prisionera,
inundóse de luz el alma mía.

Tú tornaste mi Otoño en Primavera,
mi oscura noche en placentero día,
y se vistió de flores mi pradera.


Sólo añadir que, el libro, se acabó de imprimir en Sevilla, el 27 de Marzo de 1948, y que la edición fue tan sólo de 50 ejemplares.


Seguro entendéis que sea el libro más mimado de mi estantería...

Maat





20 de marzo de 2010

Una falla que vuelve a sus orígenes

La palabra valenciana falla proviene del latín facula que  significa antorcha. El origen de las fallas actuales se remonta al siglo XIII. Por aquel entonces, la jornada laboral de los carpinteros en los meses de otoño e invierno hacia que se trabajara por las tardes a la luz de candiles, los cuales colgaban de un palo en forma de cruz llamado parot. La víspera de San José, las carpinterías  se limpiaban a fondo y los restos de maderas y serrín eran sacados a las calles a la vez que, aprendices y chiquillos, recorrían el barrio  solicitando a los vecinos trastos y muebles viejos que   plantaban encima del parot, señal inequívoca de que las jornadas de trabajo nocturno se daban por concluidas. Poco a poco, el espíritu satírico de los artesanos vistió  y calzó al parot. El ingenio y el humor valenciano hicieron el resto. De esa forma tan sencilla nació el ninot, que se convirtió en la figura principal de la falla y que servía para criticar a algún vecino del barrio como consecuencia de los líos propios de la convivencia. De ahí se pasó a denunciar temas sociales, a citar hechos relevantes ocurridos en el año, y  a criticar con sorna a los políticos de turno. Las fallas se convirtieron con los años,  en una explosión de arte de un pueblo que sabe crear, que a través de la sátira y la critica humorística, proclama a los cuatro vientos las realidades de la sociedad en que vive. Un pueblo que sale a la calle a vivir y hacer vivir a todo el mundo la fiesta que durante todo un año lleva preparando. Son muchas las familias que subsisten gracias al trabajo que genera el mundo fallero, muchas más de las que a simple vista pudieran parecer.

Este año, la comisión de la falla  Blanquerias  ha tenido-a mi modo de ver- una original idea. Recordando esos orígenes,  ha plantado una falla con trastos y muebles viejos. Y ha sido un éxito.



Por si algo le faltaba a esta ingeniosa idea, muchos de los objetos que se encontraban dispuestos a ser quemados han sido "indultados" del fuego gracias a  que muchos de los visitantes de esta falla,  en singular subasta,  han ido rescatándolos antes de ser pasto de las llamas... 

A estas horas, en Valencia reina el silencio. Los 760 monumentos que se han plantado este año
ya forman parte de la historia y  los servicios de limpieza aún andarán recogiendo sus cenizas.
Ya no se escucha el explotar de los  petardos por las calles, la pólvora de las mascletás ha enmudecido, tampoco se escuchan las alegres melodías de las bandas de música que durante  estos días nos han acompañado, el cielo valenciano ya no se vestirá de colores cada noche. El mundo fallero ya descansa. Pero sólo por unas horas... Justo el tiempo preciso para reponer fuerzas y comenzar a preparar las fallas del 2011.


Maat








14 de marzo de 2010

Tu dices que has vivido


Después de estar unos días alejada del mundo bloguero por imperativos personales, regreso con un poema de uno de mis poetas preferidos: José Ángel Buesa. Estos versos los descubrí hace tan sólo dos noches, lo que supuso para mí una alegría, ya que llevo tres años detrás de su obra que, incomprensiblemente, está publicada de forma muy mermada.

A los que durante estos días habéis estado "ahí", os dejo un fuerte abrazo con inmenso afecto. Gracias.


TÚ DICES QUE HAS VIVIDO
Tú dices que has vivido, quizás. Puede ser cierto.
No importa si eres joven ni importa tu vejez.
Haber vivido, a veces significa haber muerto,
porque a veces los hombres mueren más de una vez.
La vida es poca cosa. Qué más da su medida,
si el que vive más años no simpre vive más;
porque un instante, a veces, llena toda una vida,
y a veces ese instante no se vive jamás.

Tú dices que has vivido, quizás. Yo no sé nada.
No sé lo que te queda del tiempo que se fue.
Y acaso, en el misterio de una noche estrellada,
te encogerás de hombros sin preguntar por qué.

Lo demás llega y pasa: Pobres cosas de un día,
fantasma de su sueño, formas de tu ilusión;
nada más que hojas secas en tu mano vacía,
nada más que hojas secas sobre tu corazón,

sin embargo, no importa. Ya llegará el olvido.
Después de un gran silencio, como un punto final.
Y te sabrá a ceniza lo poco que has vivido,
cuando pasen los años y todo siga igual.

JOSÉ ÁNGEL BUESA





1 de marzo de 2010

Vida

 
Atravieso una de esas etapas de la vida en las que, casi inconscientemente, replegas velas, echas el ancla, y buscas un puerto seguro esperando  arrecie la tormenta  que, de improviso, ha hecho acto de presencia en el horizonte. Anoche, dando un vistazo a mi buzón, encontré un mail que me envió una amiga virtual con una presentación power point de un texto de Charles Chaplin; captar el mensaje que encierra fue un destello, una ligera brisa que se coló en el alma. Os invito a leerlo. Creo que os gustará...

Ya perdoné  errores casi imperdonables. 
Traté de sustituir personas insustituibles, 
olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
cuando nunca pensé decepcionarme,
más también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado. Pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de tanta felicidad.

Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto muchas veces.
Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia...

Tuve miedo de perder a alguien especial,
(y terminé perdiéndolo)
¡Pero sobreviví!
¡Y todavía vivo!
No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías pasar...

¡VIVE! 

Bueno es ir a la lucha con determinación,
abrazar la vida y vivir con pasión,
perder con clase y vencer con osadía,
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho para ser insignificante.

CHARLES CHAPLIN


Me quedo con ese menaje: "Abrazar la vida y vencer con osadía..."

Maat