5 de febrero de 2012

Fue la placa base...


Hace unos días os comentaba las peripecias sufridas con algunas de mis pertenencias. El coche ya funciona a las mil maravillas. Espero que el tiempo suficiente para que me recupere del gasto invertido en ello. Le ha seguido mi ordenador. Mi querido e indispensable-ya-ordenador. Su placa base me dijo una buena noche: hasta aquí hemos llegado, guapa. Y dejó de funcionar. Algunas piezas más le acompañaron en su adiós a la vida debido, al parecer, a una subida de tensión eléctrica que no pudieron soportar. Unos cuantos días en el taller de Paco y con los mimos precisos de Ángel -el nombre le hace justicia- lo han dejado perfecto. Me ofrecieron dos presupuestos: uno, para un ordenador nuevo de trinqui o, el mio con piezas a estrenar, algo más económico. Con la que está cayendo opté por la segunda opción. Aún así, espero que la inversión lo aguante hasta que la prima esa de riesgo que de repente nos ha salido a todos, no esté amenazante y la salud de nuestros bolsillos vaya mejorando. Falta nos hace...

El lavavajillas sigue en dulce letargo. De reposo absoluto. Y celoso. Muy celosón, de ver como mis euros discurren por otros derroteros que no son los suyos. Espero que no me tome represalias cuando le llegue su vez...Por cierto, ¿le llegará algún día?

Y que voy a deciros de mi móvil nuevo. No acabamos de encajar. Cuando mi esposo lo puso ante mis ojos, me dio una especie de repelús. Fue lo mismo que cuando te presentan a una persona y le notas "algo" que presientes va a ser un obstáculo entre ambos. Aunque viene con las mejores bendiciones de una ¿competente? compañía telefónica, no me complace. Eso de que sean mi dedo indice y su regordeta yema los protagonistas de su uso no me convence. Si leyerais lo que escriben desde ese minúsculo teclado. ¡La cantidad de palabras nuevas que estoy inventando! Pá descojonarse. El resto de los dedos están ofendidos y fingen-de pura venganza- que se les escapa de la mano cuando tienen que arroparlo para atender sus llamadas. Demasiado escurridizo, se me quejan. Y eso que ya lo he revestido de una bonita funda de silicona contra golpes inesperados. Pero ni así. Vamos a tomarnos un poco más de tiempo porque, creo que al final, nos vamos a hacer inseparables.

Hasta puedo pasearme por vuestros blogs desde su pantalla. Pero es tan pequeñaja la joia...

Maat


5 comentarios:

TriniReina dijo...

Es que cuando una cosa se desarregla hay como una especie de comunión de los cacharros y se ponen de acuerdo para acompañarse:)

Yo tengo mi PC en la misma escala que mi lavavajillas. No sé vivir sin uno ni sin otro y ambos crujen que es un gusto. Los pobres andan avisándome para que no me coja por sorpresa su irse para el otro mundo de los cacharros:):)
De momento murió el monitor y un alma caritativa me ha prestado uno.

Besos y paciencias

Mar dijo...

Genial Maat! Todo tan doméstico y te ha dado para un texto bueno y divertido. Jajaja ¡Pobre lavavajillas por eso! Los celos son muy malos...
Un besote guapa, leí tu mensaje en Facebook y se me pasó contestarte. Gracias por el saludo.

Verónica Marsá dijo...

Va, ese problema lo tengo yo cada vez aunque me regalen una tostadora. Cada vez que cambio de teléfono lo mismo que tú, vuelve a encontrar todo y vuelve a familiarizarte... un reto que ya aburre. La tecnología cambia a cada segundo, y ahora ya es vieja la de antes!!!!

Besito.

Manuel dijo...

Yo a esas circunstancias las llamo la venganza de los seres inanimados, a veces parece que se pusieran de acuerdo en una secreta confabulación.
Poco apoco vemos que recuperas el control, jajajajaja.
Un beso

Matices dijo...

Uff!! a mi me regalaron una tablet y cuando empecé a hacerme a ella voló por los aires (literal)... el caso es que me quedé sin ella. Ahora miro de reojo a la lavadora, no quiero que me pille, estas la tienen tomada conmigo, sería ¡¡la segunda!!
Besos, me alegro que todo vaya marchando poco a poco.