28 de septiembre de 2009

El seminarista de los ojos negros


Desde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto...
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.

Él, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello,
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.

Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo,
la tal salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve sólo a uno de ellos;
su seminarista de los ojos negros.

Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa a la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle: "¡Te quiero; te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero.!"

A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto,
pues cuatro, llevaban a hombros el féretro
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos,
los seminaristas iban en silencio,
todos en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corrieron los años, pasó mucho tiempo...
y allí en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros.

MIGUEL RAMOS CARRIÓN


15 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Muy triste el poema..

Pero hermosamente escrito..

Un abrazo
Saludos fraternos.


Que tengas una semana estupenda..

Manolo Jiménez dijo...

Me gustó Maat. A pesar de que es largo el romance me gustó. Para aprenderlo y recitarlo en una tarde de las que se avecina en vez de ver la televisión.

Abrazos.

HADALUNA dijo...

Preciosos versos, preciosas palabras y sentimientos.

Besitos dulces.

RMC dijo...

Triste y bonito poema, es un reflejo de la vida misma, se siente la soledad de la salmantina, cosiendo y rezando en silencio, viendo pasar el tiempo...
ha sido un placer leer tu bello verso, te felicito.

Un beso
RMC

MAJECARMU dijo...

Precioso poema,que nos implica verso a verso.. Magistral la forma triste y profundo el contenido..

Ver la vida pasar.. y no poder vivirla, mientras el alma espera envuelta en un sueño..!!

Nos deja pensando en esa vida, que sólo fue espera.. y después recuerdo.

Gracias Maat.. la vida asi es muchas veces.

Un abrazo inmenso.
M.Jesús

Neogeminis dijo...

Leí el texto por primera vez hace muy poco. Me parece muy emotivo.

Un abrazo.

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

!Qué injusta la vida y la muerte!
De los seminaristas, el de los ojos negros, el más bello.
De las niñas rubias tras los cristales, la salmantina hermosa.
Ayyy, no existan cristales ni seminarios que el amor maten.

Saludos y un bsito, natalí

Guada G Narbaitz dijo...

Me aprendí este poema para una clase de literatura en la secundaria - hará quince años - y creo que desde ese entonces que no lo he vuelto a leer... Gracias por hacermelo recordar, porque siempre me ha gustado, y yo, como la mayoría de las personas, tiendo a veces a dejar atrás cosas que me gustan sin darme cuenta.

Arwen dijo...

Precioso el poema aunque triste...se trasluce la soledad de una vida que pasa sin saborearla y sentirla...muy bello Maat, besitos cielo

TriniReina dijo...

No recuerdo dónde oí o leí antes este poema; pero sé que antes de aquí supe de él, mas no lo asociaba al autor.

Sí, triste y hermoso y con musicalidad.

Besos

mimbre dijo...

Hola Maat...
El amor tiene esas cosas que estan más alla del entendimiento humano... Por momentos los juegos de Cupido, resultan dolorosos para los amantes, bonito poema, trite pero bonito¡¡ Gracias por tus palabras AMIGA¡¡
Un abrazo enorme
Osvaldo

Rafa dijo...

Pues yo no lo conocía, quizas porque no soy aficionado a la zarzuela algunos autores los tengo de lado. Debiera corregir mis manías. Este poema que hoy nos presentas de este dramaturgo es una buena muestra. Será que por ser yo sevillano conozco mas a los hermanos Quintero.

Un saludo.

norma dijo...

Bellísima, recuerdo la primera vez que la oí, fue por radio en una emisora donde un locutor leía poesía, y escuché cuando relató ésta que me llegó hasta el alma. Muy bella, yo la tenía en mi otro blog. es muy triste.te mando un beso grande.

XoseAntón dijo...

Triste, de una época más triste, qué Dios nos enseñó que era buena la tristeza. No sé si el seminarista debería de estar muerto, pero se puede comprender; en cambio, qué inmensa tristeza coser y mirar por la ventana, mirar por la ventana y coser, hasta la muerte.

Dolorosa poesía, y más porque no deja ninguna puerta abierta.

Bikiños

Lujo dijo...

Holaaa Maat,
Por aquí estoy de nuevo. Leí este poema cuando lo publicaste y me embargó la pena...
Sí, soy sensiblona y rarita ;). Te aclaro que como es de nacimiento no me estorba ;P ;P ;) ;) ;) :)
Muy lindo.....
Chiquita, olé el gusto que tienes.
Abrazotes enormes!!!