3 de noviembre de 2007

Escapada a Andalucia, día 3º - Cádiz







Llegamos hasta la zona de la playa de la Victoria, donde nos esperaban para comer. Lo hicimos en un Restaurante en el que habían habilitado un salón para nosotros, cosa que agradecimos, pues a esa hora el local estaba hasta la bandera. Fue un menú sencillo y del agrado de todos. Que ya es difícil... La playa de la Victoria es la más grande de Cádiz, con una longitud de 3300 metros y 60 metros de ancha y con un oleaje moderado.


Nuestra primera visita en Cádiz fue a la playa de La Caleta. Personalmente, y a pesar de vivir en una ciudad con mar, esta playa me sorprendió. Es preciosa. La envuelve una luz especial. Incluso puedo aseguraros que el mar tiene un color único, distinto. Las pocas olas que llegaban hasta la orilla iban coronadas por una sencilla espuma pero que no era blanca como solemos ver, si no que era de un color gris plata encantador. A esa hora, disfrutaban de esa playa un grupo de gaviotas a las que no les importó lo más minimo el compartir con nosotros ese tesoro de playa. Unas barcas pequeñas de pesca, amarradas en la orilla, terminaban de dar esa sensación de paz y sosiego que -por lo menos a mi- me produce acercarme al mar.

La playa de La Caleta, fue antiguamente, el puerto de la ciudad de Cádiz, usado como tal desde los fenicios. Es la playa del centro histórico de Cádiz, del que destaco por su proximidad al barrio de La Viña, que comenzó a construirse en el siglo XVIII con el nombre de "Barrio del Nuevo Mundo" y que se encontraba separado del resto de la ciudad por huertas. En la actualidad, no puede concebirse Cádiz sin este barrio, donde, según nos comentó nuestra guia, "se inspiran" muchas de las coplillas de las chirigotas del carnaval de Cádiz, especialmente, bajo este Ficus de un montón de años.....
















Barrio humilde, de pescadores, donde se respira arte puro, barrio de tascas, donde por las tardes, se reúnen grupos de amigos y lo convierten en salpicados escenarios del Falla, donde las coplas y los versos de la crónica social, toman vida a ritmo de palmas. Como sólo Cádiz sabe hacerlo. En el barrio de la Viña se encuentra el templo de la Virgen de La Palma, una diminuta talla vestida a la que la devoción de los gaditanos arranca desde finales del siglo XVII, cuando le construyen una capilla en su honor. Pero en 1754 un incendio la destruye, y es en el año siguiente, cuando finalizada una nueva sacristía, la imagen de la Virgen es entronizada en la misma para veneración de sus fieles, y es allí, donde se encontraba cuando el 1 de Noviembre de 1755, se produce un maremoto en las costas de Cádiz y los gaditanos se aclaman a Ella, atemorizados, y se le atribuye el milagroso hecho de que la ciudad de Cádiz no pereciera tragada por el maremoto. Hecho que los gaditanos conmemoran con sentido agradecimiento desde entonces. Cuentan....que las campanas del templo de La Virgen de La Palma, tienen un sonido distinto, atronador...


La longitud de la playa de La Caleta es de 450 metros y una anchura media en bajamar de 50 metros. Su arena es fina, de color dorado y naturaleza silea-calcárea. En el año 1997, se le concedió la Bandera Azul de los Mares Limpios de Europa. En sus aguas, se albergan gran cantidad de especies marinas, entre las que se destaca el cangrejo moro, las mojarritas, los erizos de mar y las caballas caleteras.

La playa de La Caleta adquirió una importancia suprema en la historia, ya que era un lugar por el que podía llegar el invasor y que había que defender. Para ello, se construyeron dos castillos que la protegían: el castillo de San Sebastián y el Castillo de Santa Catalina. Además, existían otras fortificaciones, como el Baluarte del Orejón, que es la entrada al Castillo de San Sebastián, al que los gaditanos llaman la Puerta de La Caleta, el Baluarte de San Pablo y el Baluarte de San Pedro.

En el centro de la playa de La Caleta, pudimos admirar el restaurado Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real, hoy dedicado al Centro de Arqueología Subacuática.




Es un edificio que se inauguró en el año 1926, y sustituía a los tradicionales Baños del Real, que eran de madera y que databan de principios del siglo XIX. El mal estado de las casetas, llevó a la Diputación a promover un concurso para construir un nuevo balneario para ofrecer un espacio de ocio a los habitantes del casco antiguo de la ciudad. La propuesta elegida fue la presentada por Enrique García Cañas. El edificio se encuentra apoyado en su totalidad sobre unos finos pilares empotrados en la arena y que cuando hay marea alta, los baña. Su forma es semicircular, con unas grandes galerías laterales que dan la sensación de querer abrazar al mar, en cuyos extremos se abren pabellones cubiertos por cúpulas. Mira hacia el horizonte, desde donde es contemplado por el castillo de San Sebastián...El acceso al Balneario se realiza por un pabellón que está construido sobre la muralla de la ciudad.


A pesar de estar en Noviembre, había gente en la playa, que como yo, -imagino- estaban disfrutando del puente festivo y en esa hora mágica de la "siesta", descansaban en la tranquila playa de La Caleta, sin duda, un pedacito de cielo que casi, casi, se sale del mapa....Un privilegio.

Carmen, nuestra guía, nos hacía señas desde el paseo para que volviésemos al autobús. Me supo a muy poco la visita a esta playa, e instintivamente, antes de abandonarla, no pude reprimir el deseo de acariciarla, de permitir que mis manos entraran en contacto con esa finísima arena y llevarme un puñadito de recuerdo.

Ya en el autobús, Carmen nos invitó a "callejear" por Cádiz. Si la visita a La Caleta me supo a poco, os diré que visitar el centro histórico de Cádiz se me hizo cortisimo. No le aconsejo a nadie que visite Cádiz en una tarde...eso es de locos. Son tres mil años de historia la que guardan cada uno de los rincones de ésta Cái construida con piedra ostionera...

Yo me plantee que aquéllo iba a ser un aperitivo, solo eso. Volvería seguro. Y con mucho más tiempo. Para conocerla a fondo y sobre todo, para disfrutarla.


Visitamos el Monumento a Las Cortes de Cádiz. Es uno de los orgullos de los gaditanos.




Está situado en la Plaza de España. La idea de su construcción se remonta al 27 de marzo de 1812, a petición del Municipio gaditano, que lo solicitó al Congreso Nacional, y
que fue aprobado por Las Cortes. Aún así, dicha construcción se realizó un siglo después, durante los años 1912/1929. Con este espectacular monumento, se quería conmemorar uno de los más importantes acontecimientos ocurridos en la vida española en ese periodo. Durante la guerra de la Independencia, y conforme las tropas francesas iban ganando terreno en la península, la Junta Central de Gobierno se trasladó a Cádiz, ya que consideraron que la situación de la ciudad era estratégica, pues se encontraba fortificada por sus poderosas murallas, lo que hacía imposible el poder ser atacada con éxito. Además, porque Cádiz, gozaba de un ambiente liberal y era en ese momento, un reducto que no había sido vencido por el invasor. El 24 de Septiembre de 1810, en la isla de León (San Fernando), se inauguran Las Cortes, que posteriormente se trasladan a Cádiz donde tienen lugar sus sesiones y donde se elabora la Constitución de 1812, convirtiéndose en la primera constitución liberal del país, destacando en su elaboración Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero y Pérez de Castro, siendo sus principales rasgos:

* Soberanía nacional.
* División de poderes: legislativo, judicial, ejecutivo.

* Nuevo derecho a la representación
* Procedimiento electoral por sufragio universal masculino.
* Igualdad de los ciudadanos ante la ley.
* Se omitió la referencia a los territorios con fueros.
* Reconocimiento de los derechos individuales.

* El catolicismo es la única confesión religiosa permitida.

Dos años después, se restableció el absolutismo, y el rey Fernando VII abolió ésta Constitución, y además, quedó totalmente prohibido la sola mención de su nombre, por lo que los liberales ya no podían pronunciar aquéllo de "Viva la Constitución". Una vez más, el ingenio de los gaditanos se puso de manifiesto, y ante la coincidencia de que la Constitución fue aprobada el 19 de Marzo de 1812, festividad de San José, y lejos de querer cumplir dicha prohibición, encontraron una forma de referirse a la misma sin nombrarla y pasaron a llamarla La Pepa, y de esta forma nació el "Viva la Pepa", frase que con el correr de los años ha ido perdiendo carácter político y es usado coloquialmente para referirnos a una situación desenfadada en la que reina un completo desorden.

Los autores del Monumento a Las Cortes de Cádiz fueron el arquitecto Modesto López Otero y el escultor Aniceto Mariñas. Por aquéllos años, en la Plaza de España, donde se ubicó el Monumento, quedaba un espacio abierto al mar, pudiéndose contemplar el mismo desde la Bahía de Cádiz. Es una obra digna de ser admirada y estudiada con todo detalle. Pero voy a permitirme comentar solamente su parte central, en la que podemos observar el sitial presidencial, sobre una tribuna, donde se encuentra un sillón vacío, cuyo respaldo está decorado con unas sencillas flores de lis, y que hace clara alusión a la ausencia del monarca. Tras el sillón, elevada, encontramos la figura que preside el Monumento.

Se trata de una matrona, vestida con una larga túnica, cuyos atributos permiten considerarla un símbolo de la Constitución. En su mano derecha, la ley escrita, y en su mano izquierda, una espada. A sus pies, un rótulo con la palabra Constitución. El broche que recoge los pliegues de la túnica en su pecho, tiene el escudo de la nación española.

Al centro del Monumento, un monolito con una inscripción: "Las Cortes Generales y Extraordinarias fundadas en Cádiz aprobaron y promulgaron en ésta ciudad la primera Constitución de los españoles el 19 de Marzo de 1812".



Y una llama, al aire de Cádiz, arde sin descanso en su memoria.

Han sido varias las definiciones que de Cádiz he leído y oído. Después de visitar la ciudad y contemplar este Monumento, la que más me gusta, sin lugar a
dudas, es una que Antonio Burgos le dedica en uno de sus libros: "Cádiz, la cuna de la libertad". Todo queda dicho.

Sin abandonar la Plaza de España, nuestra guía, nos habló de la casa de las cinco torres.


En la foto, las torres que aparecen a la derecha, en un segundo plano, no forman parte de la Casa de las Cinco Torres, y de ésta, la foto solo muestra tres de sus cinco torres.
Se trata de un conjunto de cinco casas diferentes, pero de idéntica estructura. Se construyeron en el año 1771 y son de estilo barroco. Es una clara imagen de lo que eran las casas gaditanas para las familias que las habitaban, que se dedicaban en la mayoría de los casos al comercio. Cada casa cuenta con cuatro plantas, que se distribuían de la forma siguiente: en la planta baja se encontraba el almacén de mercaderías, la planta primera la destinaban a oficinas, la tercera consistía la vivienda de la familia, y la cuarta planta era utilizada por los trabajadores de la casa.
Todas cuentan con un patio interior y una torre, que es de planta cuadrada tipo garita. Ésta, ocupa el centro de la azotea y es de madera recubierta por chapas de cinc. La cupulilla se corona con remates decorativos.

Seguimos callejeando por el centro histórico de la ciudad. Un verdadero placer para los sentidos. Las calles, largas, muy largas, suelen conducir todas al mismo sitio, al mar. Construidas serpenteantes para protegerse de los vientos del sur o de levante que se cuelan en Cádiz, donde no hay montañas que la cobijen. Por eso, cuando lanzas la mirada buscando el final de la calle, un pedacito de mar te saluda, con ese azul especial que luce en Cái.

Admirando calles, fachadas, y dejándome atrapar sin poner ninguna resistencia
al efecto que iban haciendo en mi las distintas torres-mirador con las que me encontré a lo largo de nuestro paseo "guiado", llegamos a la Plaza de La Mina. Fue en el año 1838 cuando la zona que era huerta y enfermería del convento de San Francisco pasa a convertirse en esta acogedora Plaza. Empezó el proyecto el arquitecto Torcuato Benjumeda, prosiguiendo luego los trabajos bajo la dirección de Juan Daura, quedando estructurada en forma cuadrada con cuatro calles diagonales que se cruzan y formando en el centro una glorieta que en la actualidad acoge un sin fin de especies en el jardín que la ocupa, entre las que se encuentran Boneteros, Pino carrasco, Falsa Acacia, Magnolio, Palmera canaria, Madroño, Ficus, Almez, Laurel de India, Cordilina, Yuca, Latania, Olmo, Árbol del cielo, Ave del Paraíso, por citar algunas y destacando la Aralia cuyo origen puede ser de Asia o del Continente americano, y de la que solamente se tenía un único ejemplar en Cádiz y del que se han plantado otros ejemplares en el parque Genovés.


Pues bien, ensimismada me encontraba disfrutando de las explicaciones de nuestra guía en medio de este maravilloso jardín cuando algo me llamó la atención.

Un par de palomas nos sobrevolaron dedicándose entre ellas gritos, picotazos y alguna que otra escaramuza. Por un momento, la visión de las palomas, símbolo de paz, montando ese pequeño desencuentro, captaron toda mi atención. Les seguí con la mirada. Después de darse varios picotazos en pleno vuelo, una de ellas, se posó sobre un tronco de uno de los árboles de La Plaza, pero permanecía pendiente de los movimientos de la otra paloma.

De repente, se puso alerta, por el otro extremo del tronco, -y ahora ya voy a incluir sexos-, el macho, se acercaba con cortos saltitos hacia ella, con bastante sigilo y sin dejar de mirarla, me hizo el efecto, que al menor movimiento de ella, en contra, él saldría volando. Pero no. Ella lo espero, paciente, -dispuesta a firmar la paz-, hasta que lo tuvo a su lado. Y él, sin dudarlo, se puso a acariciarle con su cara la zona donde al parecer, unos segundos antes, le había dejado algún picotazo. Ella, se acurrucó, y simplemente, se dejó acariciar....




Mis compañeros de grupo ya ocupaban un lugar distinto en La Plaza mientras yo seguía tomando imágenes de las palomas. Carmen les hablaba de los distintos edificios que en ella se encuentran. Me uní al grupo intentando meterme en el tema, aunque de vez en cuando, volvía la mirada a las palomas que seguían con sus arrumacos.






La Plaza de La Mina, se halla rodeada de hermosos edificios de distintos estilos arquitectónicos, pero la mayoría son de estilo isabelino. El nombre de la Plaza tiene su origen en el general Espoz y Mina, héroe de la guerra de la Independencia y de quien fue colocada una estatua en el centro de la Plaza, desaparecida hace ya años. Con el tiempo, fue perdiendo la primera parte del nombre, perdurando hasta nuestros días como La Mina. A destacar el edificio del siglo XIX que alberga al Museo Arqueológico de Cádiz, obra del arquitecto Juan Daura, donde se encuentra también la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios, y la Real Academia de Bellas Artes. En él podemos admirar colecciones arqueológicas fenicias y romanas, sarcófagos antropomorfos y pinturas españolas de los siglos XVII/XIX, entre otros, de los pintores Murillo y Zurbarán. En el número 3 de dicha Plaza una lápida nos recuerda que en esa casa nació Manuel de Falla, el 23 de Noviembre de 1876, que con el paso de los años se convertiría en uno de los más destacados compositores españoles del siglo XX. En el número 6, encontramos una casa-palacio de estilo de transición barroco-clásico y que posee un patio de gran riqueza, construida hacia 1820. Las casas pertenecientes a los números 7 y 8 fueron construidas en 1879 por Cayetano Santaolalla y son de estilo isabelino. En el número 11 pudimos admirar un palacete de estilo isabelino con un interesante balcón tribuna y torre mirador, construido en 1870.
La Plaza de La Mina, parece ser un centro de reunión
importante para los gaditanos. Vale la pena perderse un buen rato por ella.

Ya casi abandonábamos la Plaza, cuando dirigí mi última mirada a las palomas. Continuaban en el árbol, arrullándose, ajenas a todo lo que ocurría a su alrededor...

Nuestra simpática guía gaditana nos encaminó a la Plaza de San Antonio. Los últimos rayos de sol aún jugueteaban con las torres de la Iglesia de San Antonio cuando pisamos la Plaza.


Está situada en pleno corazón del casco antiguo. Es una plaza rectangular de unos 75 metros cuadrados. En ella se proclamó el texto de la Constitución de 1812. Conocida antiguamente por Campo de la Jara, debido a que cercano a ella se encontraba el pozo de la Jara, que surtía de agua potable a la ciudad, pero al construirse en el siglo XVII la Iglesia de San Antonio en honor al santo, en lo que hasta entonces era una ermita, pasó a llamarse Plaza de San Antonio. En ella, Cádiz vivió uno de los momentos, sin duda, más emotivos de su historia religiosa, la Coronación de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad. Era el día 4 de Mayo de 1947. Los que lo vivieron directamente, cuentan que el día fue el más esplendoroso de los conocidos por Cádiz. Las Patronas de otras localidades de la provincia gaditana fueron llegando a la ciudad por carretera y por mar. Acudían como "invitadas" a la fiesta de coronación. La Virgen del Carmen de San Fernando, Nuestra Señora de las Virtudes de Conil de la Frontera, la Virgen de los Remedios de Chiclana, Nuestra Señora del Rosario de Rota, Santa María Coronada de San Roque, la Virgen de los Angeles de Jimena de la Frontera, Nuestra Señora de Lourdes de Puerto Real, Nuestra Señora de los Santos de Alcalá de los Gazules y la Virgen del Carmen de Barbate, fueron concentrándose en la Catedral y de allí, todas juntas, marcharon a la Plaza de San Antonio, donde en una emotiva ceremonia, la imagen, fue coronada por el Cardenal Segura. Los gaditanos presentes en el lugar, arrodillados, siguieron el acto, mientras que la batería de San Felipe disparaba 19 cañonazos.

En la Plaza de San Antonio se conservan edificios muy significativos en la vida social de Cádiz. En el número 14, residió José María Pemán, gaditano de reconocida fama mundial, político, poeta, ensayista, orador, novelista, dramaturgo y articulista. El edificio ha sido rehabilitado por Caja San Fernando según proyecto de los arquitectos Julio Malo de Molina y Juan Jiménez Mata.


En el mismo se encuentran más de 16.000 volúmenes de los siglos XVII al XX, manuscritos, revistas, y correspondencia del escritor. Manuel Bustos, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz en colaboración con Antonio Llaves Villanueva, que fue secretario de Pemán, han creado un equipo que ha clasificado, catalogado e informatizado todo el patrimonio de la casa.
En la actualidad, acoge además, a la sede administrativa del Consorcio para la conmemoración de II Centenario de la Constitución de 1812.

También nos encontramos con el Casino gaditano. Se trata de un edificio de estilo neoclasico del siglo XVIII, y que fue durante un tiempo, residencia de una importante familia gaditana, los Istúriz, ya que uno de sus miembros, Francisco Javier, nacido en Cádiz en 1785, participó activamente en la Guerra de la Independencia y fue considerado como un liberal exaltado
, y que intervino activamente para que se hiciera posible el restablecimiento del régimen constitucional de 1812. Fue Presidente de Las Cortes de Cádiz tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, votando la suspensión de Fernando VII en el ejercicio de su autoridad como Rey. Pero al vencer la reacción absolutista, se exilió en Londres.
Hoy en día, este edificio es sede de la Fundación Centro de Estudios Constitucionales, y en su interior se custodia una importante Biblioteca sobre temas gaditanos. Está exquisitamente decorado con una ambientación neomudéjar.

En el número 10 de la Plaza, se celebró el primer sorteo de la lotería. Este sorteo se creó a propuesta del Ministro del Consejo y Cámara de Indias Ciriaco González Carvajal, que fue aprobada por las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz, en sesión del 23/11/1811 sin un voto en contra.

En el número 13, residió el diputado José Mexía Lequerica, ecuatoriano, catedrático de Filosofía, que llegó a España ene el año 1809, en principio para estudiar nuestro patrimonio pero que acabó luchando contra los franceses en Madrid. En 1810 fue nombrado Secreta
rio de Estado y convocado a las Cortes como diputado suplente por el Virrenaito de Santa Fe (Venezuela). Fue uno de los más entusiastas partidarios de que las Cortes se trasladaran a Cádiz desde las Isla de León, alegando para ello la seguridad de sus fortificaciones.
Destacado en las Cortes de Cádiz por sus discursos en favor de la libertad de imprenta y en contra de la Inquisición. Murió en Cádiz, el 2 de Octubre de 1813, víctima de la epidemia de fiebre amarilla.

También pudimos ver un palacete de estilo isabelino que en su tiempo fue el famoso café Apolo, testigo de numerosas tertulias y debates de los intelectuales y literatos de la época y que hoy se ha convertido en la sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social.


A destacar de la visita a la Plaza la Iglesia de San Antonio, de estilo barroco y neoc
lásico. Se finalizó su construcción en el año 1669. Es de planta de cruz latina inserta en un rectángulo con 3 naves divididas en tramos por pilastras. Su fachada y las torres fueron renovadas a mediados del siglo XIX por Fernando Ortíz de Vierna, quien también construyó la capilla del Sagrario de estilo neorenancentista. En la fachada de la Iglesia se encuentra la imagen de San Antonio. Esta parroquia tiene importantes obras artísticas de escultura, pintura y orfebrería. El retablo mayor es de estilo neoclásico del siglo XIX y contiene además, otros retablos barrocos de los siglos XVII y XVIII.

La Plaza de San Antonio sigue siendo un escenario único para muchos actos sociales de los gaditanos, destacando el Pregón de los carnavales que se vive en este lugar. Unos naranjos y algunos magnolios rodean la Plaza, engalanándola más si cabe....


Con el cambio de hora, ya habíamos perdido una hora de sol. Un sol que en Cádiz ti
ene un luz especial. Como especiales son los gaditanos. Se les nota que viven en una ciudad donde a fuerza de recibir gente de fuera a lo largo de miles de años, han conseguido que los que la visitamos, nos sintamos como en casa. Y nuestra guía fue un ejemplo de eso. Lo hizo posible. Nos atendió, cuidó e informó, solo con esa gracia que se destila en Cái.

La última hora de la tarde la pasamos visitando -muy de pasada-la Plaza de las
Flores, donde no pude resistirme a adquirir un par de ejemplares preciosos que me cautivaron en cuanto los vi...



La Plaza de las Flores, en realidad Plaza de Topete, ha tomado este nombre porque en ella hay varios puestos donde se pueden encontrar flores variadisimas. En esta plaza hay también bares donde recuperar energías disfrutando de los clásicos: pescaito frito, cazón en adobo, pijotas, pescadilla, gambas rebozadas, chipirones....sin olvidar las indispensables tortillitas de camarones, y bastantes tapas más. También se encuentra en la Plaza de las Flores el edificio
de Correos y Telégrafos, de estilo regionalista, construido en el año 1925 en el que destaca el arco de la fachada principal en la puerta de acceso y en la parte izquierda, podemos admirar una de las famosas torres mirador gaditanas.
En la Plaza de Las Flores pudimos comprobar la vida comercial de la que goza esta zona del casco antiguo de la ciudad.


Seguimos callejeando con nuestra simpática guía. Y llegamos hasta la Catedral. Personalmente sufrí una decepción, pues a esa hora no era posible visitar su interior, ya que se encontraba cerrada. Carmen, la guía, le echó guasa gaditana al asunto y nos dijo que ya teníamos una buena excusa para volver a visitar Cádiz...



Con la desilusión en el rostro, por no haber podido disfrutar de la visita al interior de este monumento, nos dirigimos hacía la zona en que el autobús nos tenía que recoger para llevarnos de regreso a Sevilla. Sin duda, nuestra guía tenía razón. Una segunda visita a Cádiz casi se hacia ya indispensable. Quedaba mucho, pero que mucho por conocer. Esto, sólo había sido un aperitivo...

Llegamos a la Plaza de San Juan de Dios donde se encuentra el Ayuntamiento de Cádiz.


Es un bello edificio con dos estilos arquitectónicos, el neoclásico y el isabelino. Su fachada destaca por su color blanco, que cuenta con un pórtico con arcadas y un cuerpo central de columnas jónicas rematado por un frontón triangular, en el que descansa una torre con un sobrio reloj que da las horas. Del interior, destacar el Salón de Sesiones, de estilo isabelino y la Alcaldía, salón iluminado por una lámpara de cristal de Murano del siglo XVIII.

Nos despedimos de Carmen, nuestra guía, agradeciéndole su trabajo y con la esperanza de volverla a encontrar en un futuro para que siga mostrándonos su Cái...

Ya estaba adelantada la tarde cuando pasamos con el autobús por delante del Carranza. Una bulliciosa afición "amarilla" llenaba las gradas. Esa tarde, se disputaba un partido entre dos clásicos rivales, Cádiz - Jerez. La victoria seria de los locales por la mínima (1-0)

Cuando el autobús tomó de nuevo el puente que separa Cádiz del resto de la península, no pude evitar que una mezcla de sentimientos me invadieran. Cádiz me había sabido a poco. Demasiada historia para conocerla en tan poco tiempo. Cádiz, a pesar de que su nombre fenicio significa castillo, fortaleza, recinto amurallado, nos había recibido con los brazos abiertos. Había oído hablar del carácter gaditano, pero nada mejor que vivirlo de cerca para dejarse llevar por esa alegría, esa guasa, esa hospitalidad, esa pizquita de orgullo gaditano que se les cae por los cuatro costados...Despidiéndome de la bahía con la mirada, me prometí que volvería en cuanto me fuera posible. A la primera ocasión que se presentara. Tenía que volver a La Caleta, para empaparme de su luz, de su paz, de ese mar plateado y quieto. Tenía que volver para perderme, sin prisas ni horarios, por esas calles del casco antiguo de Cádiz, donde sin querer evitarlo, se quedaba un pedacito de mi corazón....

MAAT





2 comentarios:

fran dijo...

alaaa, soy gaditano pero como tu has descrito a mi caleta, a mi bahia y a mi tacita de plata, no lo haria yo seguro, por cierto todo el que biene a cadiz ya es gaditano.

bueno aqui te dejo la direccion de mis blogs, en ellos tengo un video de cadiz hecho por mi, y sale la caleta..jajaja.
un saludo.

Anónimo dijo...

Dios¡¡¡ andaba deambulando por internet y entre de casualidad,no creo que ningun gaditano describa a cadiz con el amor que lo has hecho tu y mira que los de aqui adoramos nuestro Cai chiquito.
Empece a leer el primer parrafo y me he leido el blog enterito.
Un abrazo de una gaditana
Piconer@