9 de enero de 2013

Este jueves, un relato: Mayores


Loa padres de Paula, buscando una vida mejor, abandonaron su pequeño pueblo natal en la provincia de León por el año 1924. Su destino fue Madrid, capital que para ellos, iba a ser el escenario de una existencia digna donde, por fin, iban a ser felices. Pero los planes les fallaron y las ilusiones se disiparon. Paula, recién nacida y con un hermano de algo más de un año de edad, fueron los primeros que sufrieron la tragedia de la inesperada  muerte de su padre. Ricarda, la angustiada madre, encontró trabajo en casa de unos "señores" como ama de leche, y sus hijos los entregó a unos familiares, en su pueblo,  para que cuidaran de ellos, pues en el hogar que le daban trabajo, no había espacio para tantas bocas. Y de alimentar a su hija, pasó a darle el pecho a una extraña, hija de unos extraños que, egoístamente la contrataron ante la imposibilidad de criar ellos mismos a su pequeña, nacida casi al mismo tiempo que Paula.

Eran tiempos de verdadera hambruna y los familiares que andaban al cuidado de Paula y de su hermano se negaron a seguir haciéndolo por falta de recursos. Ricarda acudió a por sus hijos al pueblo y  los trasladó a Madrid. Pero no a vivir con ella. Los "señores"-que seguían sin tener sitio para esos niños en su casa- se encargaron de todo y a Paula la dejaron en un convento de religiosas y de su hermano, nunca supo nada más...

Así transcurrieron los primeros años de la infancia de Paula. A su madre la veía dos o tres veces al año y, de entonces, uno de los recuerdos más amargos que guardaba en su memoria era revivir los domingos en que compañeras suyas recibían la visita y las muestras de cariño de sus familias. Las noches de esos domingos, "inexplicablemente" para ella, amanecía mojada su cama y, era castigada. Envuelta en sus sábanas mojadas, permanecía en el patio del convento hasta que su ropa de cama se secaba mientras sus mejillas se empapaban de lágrimas, sin que nadie, jamás, la consolara. 

Al estallar la guerra, las niñas de ese convento fueron evacuadas a varios puntos de Valencia después de un viaje insufrible. Una tarde, en una pequeña localidad muy cercana a la capital, se hizo bando. Los familiares que quisieran recoger a los niños evacuados, podían pasar por el cine del pueblo a conocerlos. Carmen y Vicente fueron uno de los matrimonios que, solícitos, acudieron a dicha cita y de todos los niños que estaban en el escenario del cine para que los vieran, eligieron a Paula. Dicho matrimonio tenía tres hijos varones y no hacia mucho que habían perdido a una hija.  Paula, afortunadamente, se integró en esa familia como si fuera una verdadera hija. En ese hogar vivió todos los años que duró la  absurda -como todas-contienda nacional.

Con los primeros meses de "paz nacional", todas las niñas evacuadas en esta zona fueron recogidas y llevadas de nuevo a sus respectivos colegios madrileños. Pero Paula  no quería vivir allí. Había sido muy feliz en Valencia, viviendo en familia y no dejaba de llorar ni de día ni de noche. No admitía imposiciones, ni le convencían con ninguna clase de argumentos. Para ella solo contaba lo vivido. Y eso, no lo cambiaba por nada. Sus ¿cuidadoras?, alertaron a Ricarda. Consultaron con Carmen y Vicente si querían que la niña viviese con ellos para siempre y Paula pudo volver a Valencia y "vivir" con la que ya consideraba su verdadera familia. Y así lo ha sido.

Pasaron los años y Paula conoció al buenazo de Luis. Se casaron, pero no tuvieron hijos. Durante muchos años han vivido felices, el uno para el otro. Han podido disfrutar juntos de una vida tranquila y placentera. Sin grandes lujos, pero sin privaciones. Este año, será su 58º aniversario de boda. Pero ahora, ya no son tan felices. Una inoportuna nube negra llamada Alzheimer se ha colado en sus vidas. Paula ya es una persona totalmente dependiente y recibe las atenciones que precisa en una Residencia de Ancianos. Luis no ha querido separarse de ella y aguanta estoicamente la degradación física que la enfermedad va causando en su  querida esposa. A veces, se queda mirándola y sus ojos se llenan de lágrimas. Pero sigue ahí, a su lado. De día y de noche. Cuidándola, mimándola, protegiéndola con todas sus fuerzas. Con las fuerzas de un joven enamorado que el próximo mes de Julio cumplirá 90 años.

Carmen y Vicente eran los abuelos de mi esposo. Os he traído hoy a los más "mayores" de nuestra familia. Y, aunque la tarea de ocuparnos constantemente de sus necesidades a veces es ardua, os aseguro que tiene sus compensaciones. Me da mucha paz el hacerlo.

Esa paz, se verá gratamente aumentada cuando, la Consellería de "Justicia" y "Bienestar" Social de la Comunidad Valenciana, apruebe  la propuesta PIA, pendiente de resolución  desde Mayo del 2011 y que asignará una cantidad concreta para que a Paula y Luis les sea más llevadero el gasto del coste de dicha residencia, gasto que, a día de hoy,  ronda  cerca de los 3.000 euros mensuales. 

No hay dinero suficiente para la Dependencia, me argumentan en Consellería...  

¡Con lo fácil que sería! Que a todos los chorizos que se lo han llevado, les obliguen a devolverlo. ¡Sobraría y todo! Seguro.

El pensar la cantidad de Paulas y Luises que viven pendientes de que nuestros políticos les faciliten algo su existencia, me aterra.

Disculpadme. Me he salido del tema.

Más Mayores en el blog de Gus

Lupe

 

18 comentarios:

rosa_desastre dijo...

Por resumir en una palabra tu historia real, CONMOVEDORA podria servir, pero yo rebosaría de calificativos cada uno de los renglones. Página de humanidad que no tiene precio.
Un abrazo.

Tracy dijo...

Te apoyo totalmente, aunque no hubieras sacado el tema ya lo venía pensando yo desde mediada la lectura de tu entrada, que me ha emocionado tanto... que es difícil no indignarse con esta gentuza.

Natàlia Tàrraco dijo...

¿Y que fue de Ricarda?
Vidas de criaturas expuestas a los elementos de aquellos duros tiempos, vidas que se rodaron buenamente, hasta tropezar con lo imponderable. Mayores nos hacemos todos, no sabemos si terminaremos necesitando esa ayuda que RECORTAN como tantas cosas imprescindibles.

No te saliste del tema Lupe, de lleno le diste con humanidad infinita, besito.

Celia dijo...

Querida amiga:
He pasado por tu página, y me he quedado a leer este triste texto. Cuántas calamidades por una guerra absurda. Pero ¿no es absurda toda guerra?
El Alzheimer, otra dura prueba de la vida.
Nunca olvides que detrás de su incoherencia, está su Alma intacta. La mirada es el termómetro que mide que es así. A lo largo del día observa esos ojos. Alguna vez, están en su mundo, y vive el vacío. Otras muchas, está presente, aunque pienses que no, ya que du mirada tiene el destello de quien realmente es.
Un abrazo grande.

Carmen Andújar dijo...

Cuanta razón tienes Lupe, hay dinero para lo que les interesa; pero para lo que se necesita no hay un duro. Es dura esa enfermedad; pero como dices, se siente uno tranquilo cuidando de ellos.
Una preciosa historia
Un abrazo

Juan Carlos dijo...

Apasionante. Tanto la historia como el modo en que la cuentas. Como padre de dependiente te diría que la Ley fue mera demagogia y como hijo de quien no llegó a serlo, me tocó estdiar residencias para mi madre, ella no llegó a vivir para ser internada. Muy caras, aunque nada fuera suficiente para ella.
Me ha encantado el relato. Besos, aamiga.

LuisBernardo Rodriguez dijo...

Para nada está fuera de lugar el reclamo. Como relato está es llevadera y la lectura te atrapa, como historia real me deja un gusto amargo por tantas penurias en su infancia. Este es un caso particular, que nos acercas con tu buena forma de relatar. El enfurecido y justificado final es un pedido de dignidad. Espero que hayan buenas noticias para esta historia inconclusa y que se repita en otros que también están esperando

Matices dijo...

Esta enfermedad que tiene tantos daños colaterales, simplemente por que los que están cerca sufren... si a eso le añades que hay poca ayuda o ninguna, para muchos de ellos es muy duro sobrellevarlo. Bien se merece esta pareja tener un poquito de paz y tranquilidad al final de sus días.
Un relato que llega dentro...
Besos

juliano el apostata dijo...

¿que te has salido del tema? ¡¡¡y un güevo¡¡, de eso nada...
mi comentario va a ser este:
SOS, NIÑOS ROBADOS...
una peli francesa creo recordar..espera que lo miro...es esta:
http://peliculas.labutaca.net/amour-love
tuve la oportunidad de verla hace na de na y...
sos, niños robados por aquello de la posguerra...
la peli por aquello del alceimer, o como se escriba.
medio beso, lupe.

Pepe dijo...

¿Fuera del tema dices?. Creo que has dado de lleno en el tema y lo has hecho de la forma más humana y real que puede hacerse, con una historia real y cercana que conmueve y llega.
Un abrazo.

San dijo...

Lupe no te has salido para nada del tema, has hecho diana. Dura vida pasada y dura manera de dejarla. De las ayudas que no llegan si que hay para desgranar, pero será en otro momento.
Suerte tener hijos y nietos pendientes de ellos, al menos son afortunados en cantidad de afectos.
Un abrazo.

Neogéminis dijo...

Vaya!...tremenda historia la de Paula!...hay gente que ha debido lidiar con carencias y tristezas desde muy temprano y resulta doblemente indignante que al final, cuando al menos deberían poder disfrutar en paz de un mínimo de estabilidad y seguridad,tienen que estar pendientes de si el Estado asume o no sus responsabilidades para con ellos.
Muy triste historia que nos has contado con mucho cariño, como se ve que sientes por ellos.

Un abrazo

Teresa Oteo dijo...

Efectivamente, has puesto el dedo en la llaga y lo has hecho con una historia conmovedora.
Muchos besos!

maria jose Moreno dijo...

Conmovedor relato y muy triste final. Con los políticos hemos topado...
UN beso

Sindel dijo...

Una historia muy emotiva, se hace más dura sabiendo que es real.
Me ha dejado pensando mucho en nuestros mayores y sus necesidades.
Un abrazo.

Manuel dijo...

Para nada te ha salido del tema, es mas, ese es el verdadero tema. Parece como si nunca fuéramos a ser mayores, nunca fuéramos a ser dependientes en mas o menos grado. El problema cada vez es mayor y su crecimiento sera exponencial. Tiempo habrá de que nos avergoncemos de lo que NO estamos haciendo.
Un beso

Medea dijo...

Querida Lupe que maravillosa historia nos has traído. Sabia desde el principio que se trataba de algo vivido ,muy cercano a tu piel.
se que cuidas de tus mayores como nadie,eres un ejemplo que me gustaría saber seguir.
Un beso amiga y que la vida te devuelva con creces tu entrega.

casss dijo...

CONMOVEDOR. SACUDE HASTA AL MAS INDIFERENTE.
Una historia real, contada de forma excelente y un alegato final se suscribe absolutamente.

un fuerte abrazo Lupe. Cierto es, que tu vida está muy comprometida con estas vidas...

Deseo que la paz y alegría que mereces sea tu recompensa siempre.