15 de noviembre de 2012

Este jueves, un relato: Una de tres


Cada domingo, el mismo ritual. Llegaba a casa jadeante por el esfuerzo de subir cuatro pisos en un pis-pas luciendo todavía  en su cabeza el largo velo blanco,  fruncido entre sus trenzas,  como parte del uniforme que debía vestir para asistir a la impepinable Misa de 12 en la capilla de su colegio. Los lunes, la madre Julia pasaba lista y la ausencia de cruces de asistencia en la lista correspondiente, daba origen a íncomodos interrogatorios...

Ilusionada, y con una sonrisa en el rostro que solo ella conocia qué la motivaba, pasaba  a realizar el trabajo que más grato le era de toda la semana. En la galeria, y encima de la artesa que su madre utilizaba para lavar la ropa, se empleaba a fondo para embadurnar, con un diminuto pincel, sus sandalias de los días de fiesta. En unos minutos, ese lechoso tinte espeso con el sol de cómplice,  las dejaba impolutas, como recién compradas. 



Las horas del resto del día, hasta las 5 de la tarde, se hacían interminables. A esa hora, entre risas y carreras, y engalanadas con sus almidonados vestidos de los domingos, acudía con su grupo de amigas a la clandestina y casta cita en  la señorial calle de La Paz, para "ver" a sus chicos. Y empleo bien el verbo ver, porque tan solo iban a eso, a verse. Ellas paseaban picaronas por un lado de la calle, y ellos, por la acera opuesta, les regalaban piropos entre llamativos aspavientos. El suyo era Pici, y le tenía colada hasta los huesos. Cada una se había elegido uno, incluso había candidatos con más de una enamorada. "Su" chico era  Pici porque nadie lo quería, pues para el resto de la panda femenina era el más feo y destartalado de los muchachos. Por eso ella lo habia elegido, e incluso le había puesto nombre, Pici, por áquello de "mas feo que Picio". Pero tenía la sonrisa más bonita de todos y un salero especial para guiñarle el ojo.

Así transcurría el resto de la tarde hasta la inexorable hora de volver a casa. Calle arriba, calle abajo, recogiendo sonrisas, piropos, alentadoras palabras sueltas, guiños, momentos maravillosos vividos con intensidad que alimentaban el resto de la semana, esperando el próximo domingo para volver a ver a sus chicos. Solo verlos y escucharlos desde la otra acera. Porque estar juntos en el mismo lado todavía lo tenían prohibido. No tenían edad...Se conformaban tan solo, con vivir una quimera.

Lupe

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18 comentarios:

Neogéminis dijo...

Pero qué belleza!...nos has regalado un precioso manojo de cándidos recuerdos, narrados con las pinceladas justas y la inocencia de la adolescencia aun no estrenada!
=)

Un abrazo y muchas gracias por participar!

Valaf dijo...

Me traes recuerdos de lo que escuchaba decir a mi madre, eso de ir a un lugar a ver (sin tocar) a su enamorado (que con el debido tiempo y mucha paciencia, aseguraba mi él, fue mi padre)

Un beso

Natàlia Tàrraco dijo...

Me has evocado esa "calle Mayor" de Bardem, arriba y abajo las vidas jóvenes en aceras enfrentadas, y ese tinte blanco para teñir zapatos, casi lo huelo...Ayyy de aquellos tiempos estos lodos, alegrías, de todo.
Besito agradecido por las evocaciones que me traes frescas, por suerte no todo lo padado fue mejor, del presente, uf, corro tupido velo.

Leonor dijo...

Bendita inocencia, cuando todo está por descubrir, una larga vida por delante cargada de sorpresas. Lo importante es seguir disfrutando tanto de los recuerdos del pasado como de los momentos presentes, y por supuesto tener proyectos para mañana.
Muchas veces miro a mi nieta de 11 años y recuerdo a la niña que fui. Me produce una gran nostalgia.

Un beso

rosa_desastre dijo...

Tardes de fiesta con el vestidillo y el corazón almidonados, huele a regaliz y a chufas, a estreno de ilusiones, a risas y a lazos...
Calle tallada para siempre en nuestra memoria.
Un abrazo

Carmen Andújar dijo...

Ya lo dicen: Nunca un tiempo pasado fue mejor; Hemos avanzado un poco; aunque en este caso los recuerdos nunca se olvidan.
Un abrazo

juliano el apostata dijo...

no entiendo para qué demonios queremos fotos, no entiendo para qué demonios queremos grabaciones, es decir, no entiendo para qué ese empeño en plasmar el pasado recordado con una serie de avances existiendo gentes que lo hacen requetebien con palabras...
medio beso.

Pepe dijo...

Tiempos de recato y decoro, tiempos de hipocresía de buenas maneras, tiempos de urbanidad, tiempos de amar a hurtadillas, tiempos de chicas por un lado y chicos por otro, tiempos magníficamente retratados en tus letras. ¿Para qué las cámaras como dice nuestro Juliano?.
Un abrazo.

Juan Carlos dijo...

Ah, que bien aprovechaste la opción de la quimera, esas quimeras adolescentes que tal vez sean irrealizables, pero eran importantes.
Besos.

Maria Liberona dijo...

Wooommm !!1
que relato me ha encantado y recordar y volver a aquellos momentos de adolescente aahhh!!! vaya que hermosos momentos

San dijo...

Que recuerdos tan cándidos, tan inocentemente bellos. He visto esos vestidos almidonados y he blanqueado las sandalias de los domingos.
Un placer Lupe.
Un abrazo.

Alfredo Cot dijo...

Creo que yo fui el Pici de alguna caritativa dominguera con sandalias blancas y calcetines de ganchillo.

No en la calle de la Paz, claro. Lo mio eran los barrios próximos.

Fascinado quedo por el contenido de tu relato, tierno, íntimo, próximo y con una sencillez narrativa difícil de conseguir.

Besos

casss dijo...

Una preciosa y romántica fotografía de un tiempo ido y sus quimeras.
Seguro que quedó mucho en el corazón, de todos aquellos sueños que alimentan la realidad de hoy.
Valió la pena, endomingarse entonces.

besos y achuchones!

Teresa Oteo dijo...

Muy bonito tu relato, me ha encantado lo de "pici", buen apodo le quedó al muchacho, mejor no explicar de donde le viene jajaja.
Muchos besos.

Mar dijo...

Que relato más tierno e inocente. Recuerda otros tiempos.
Bss.

maria jose Moreno dijo...

Me he visto dando con el pincelito en las sandalias, lo que me gusta revivir contigo cosas de mi vida. Excelente manera de abordar este jueves. Un beso muy fuerte

Fabián Madrid dijo...

Paseo arriba, paseo abajo. Eso ahora no se lleva, pero antes sabíamos leer en la distancia, cosas que ahora se dicen y son difíciles de explicar. Un beso.

miralunas dijo...

precioso.
me ha dejado una suave melancolía.