25 de febrero de 2009

De soledades. Galerías. Otros poemas.


LXXVII
Es una tarde cenicienta y mustia,

destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hiponcondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que, en la noche de una fiesta,
se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

ANTONIO MACHADO

3 comentarios:

Felisa Moreno dijo...

Es la angustia que a veces se apodera de nuestra alma, espero que este poema no refleje tu estado de ánimo.

un beso

Mercedes dijo...

Es cierto, Maat, buscamos a Dios entre la niebla.
Leer a Machado siempre supone un lujo.
Un beso amanecido.

izara dijo...

¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los halitos mas puros de la vida
la blanca sombra......
Gracias Maat, gracias por acercarnos a Machado (el poeta que mas hondo penetra en mi alma) y gracias por acercarte a mi blog.
Un saludo.