30 de noviembre de 2008

Nocturnos

Yo no volveré. Y la noche
tibia, serena y callada,
dormirá el mundo, a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo no estará allí,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si abrá quien me aguarde
de mi noble ausencia larga,
o quien bese mi recuerdo

entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores,

y suspiros y esperanzas,
y amor en las avenidas,
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche,
pensativo, en mi ventana.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ






29 de noviembre de 2008

Rima XXX


Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, eela por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?",
y ella dirá: "¿Por qué no llore yo?"

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER




28 de noviembre de 2008

Cómo llenarte, soledad


Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.

LUIS CERNUDA




27 de noviembre de 2008

El invierno


El invierno
de lunas anchas y pequeños días
está sobre nosotros. Hace tiempo
yo era niño y nevaba mucho,
mucho. Lo recuerdo
viendo a la tierra negra que reposa,
apenas por el hielo
de un charco iluminada.
Es increíble: pero todo esto
que hoy es tierra dormida bajo el frío,
será mañana, bajo el viento,
trigo.
Y rojas
amapolas. Y sarmientos...
Sin esperanza:
la tierra de Castilla está esperando
-crecen los ríos-
con convencimiento.

ÁNGEL GONZÁLEZ





26 de noviembre de 2008

Ayer, al anochecer

Las sombras descendían, los pájaros callaban
la luna desplegaba su nacarado olán.
La noche era de oro, los astros nos miraban
y el viento nos traía la esencia del galán.

El cielo azul tenía cambiantes de topacio,

la tierra oscura cabello de bálsamo sutil;
tus ojos más destellos que todo aquel espacio,
tu juventud más ámbar que todo aquel abril.

Aquella era la hora solemne en que me inspiro,
en que del alma brota el cántico nupcial,
el cántico inefable del beso y del suspiro,

el cántico más dulce, del idilio triunfal.

De súbito atraído quizá por una estrella,
volviste al éter puro tu rostro soñador...
Y dije a los luceros: "¡verted el cielo en ella!"

y dije a tus pupilas: "¡verted en mí el amor!"

VICTOR HUGO



25 de noviembre de 2008

Asunción de tí


1

Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
vengo un poco a ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.

2

Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.

3

Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu dueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.

MARIO BENEDETTI


24 de noviembre de 2008

Orilla


Si no fuera por la rosa
frágil, de espuma, blanquísima,
que él, a lo lejos se inventa,
¿quién me iba a decir a mí
que se le movía el pecho
de respirar, que está vivo,
que tiene un ímpetu dentro,
que quiere la tierra entera,
azul, quieto, mar de julio?

PEDRO SALINAS

23 de noviembre de 2008

De boda...


Ayer fue un día muy especial para una de mis mejores amigas. Se casaba su hija mayor, y todos los que las queremos, deseábamos que disfrutaran de un día inolvidable. Si todo el mundo se merece ser feliz, mi amiga lo merece un poco más. Los últimos años no han sido justos con ella y ha tenido que luchar en varios frentes a cual de todos, más difícil. Y aunque alguno de esos frentes continúa abierto, una discreta tregua, le ha permitido disfrutar de los preparativos y de esa boda con toda intensidad.

Como la ocasión requería estar "más guapa" de lo habitual, me fui a la peluquería, donde me abandoné, primero a la maquilladora, luego a la peluquera y por último, a la manicura. (A estas alturas, mi Visa se ha atrincherado en el billetero y ya no se deja coger)

No sé por qué motivo, la peluquería es un lugar de confidencias. Me ha ocurrido en varias ocasiones y ese día, fue una de ellas. El tema central de la conversación con la maquilladora surgió casi sin darnos cuenta, al comentarle que me iba de boda. Bastaron pocos minutos, mientras iba acicalando mi rostro son sus mágicos potingues, para que yo tuviera una perspectiva, de lo que era su vida en pareja con dos hijos en plena adolescencia. Ante sus temores y dudas sobre su papel de madre, sólo se me ocurrió el citarle algo que escuché a una persona dedicada profesionalmente al mundo de los jóvenes. Límites. Los padres deben saber poner límites a los hijos. Muchos problemas actuales, no existirían, si en algún momento y a ciertos adolescentes, de niños, en sus casas, les hubieran puesto límites. Y alrededor de ese tema siguió la conversación. Me agradó tanto su trabajo -me dejó estupenda- como los minutos de charla que mantuvimos. Nos despedimos como si fuésemos viejas amigas y pasé a manos de la peluquera.

Le expliqué más o menos la idea que llevaba sobre mi peinado y rápidamente se puso en marcha.
A la vez que su secador y cepillo comenzaban a moldear mis cabellos, me dirigió una frase cargada de amargura:

-al principio todo es muy bonito, pero luego....

Casi sin capacidad de respuesta la miré a través del espejo que teníamos delante y me limité a escucharla. Separada, treintañera, con sólo un hijo pero con muchos problemas para vivir cada día. Tuve la infeliz idea de preguntarle, si en su situación, había conseguido conciliar su horario laboral con el de su vida familiar y ahí tocó fondo el tema. El verbo "conciliar" no había comenzado a conjugarse en su vida. Ni creía poder hacerlo en un futuro. La llegada de la manicura para hacerse cargo de mis manos relajó un poco el ambiente. Se trataba de una chica muy joven, que con mi mano izquierda entre sus manos, comenzó a tararear una canción que llegó como un soplo de aire fresco. Canción que sólo interrumpió para saludar a un chico que llegó con paquetes, y que por la forma de saludarle, me dio ganas, de enviarla a la trastienda de la peluquería, con el recién llegado, lugar hasta donde sus ojos le siguieron, mientras a mis uñas les daba un ligero descanso...

Ya estaba a mitad de camino hacia mi casa cuando me dí cuenta que no iba escuchando música en mi coche. Es lo primero que hago cuando entro en él. Pero mi paso por la peluquería me había llenado de sensaciones que todavía iba reviviendo, en silencio, al volante de mi Polo (creo que es el único que queda en Valencia) Y que dure.

Las últimas luces del sol se despedían de los edificios más altos de la ciudad, cuando Laura, del brazo de su joven hermano y padrino, entraba en el templo. Todos los allí reunidos, luciendo nuestras mejores galas, vivíamos emocionados el momento. El sacerdote oficiante, personalizó todo el contenido de la ceremonia en los novios. Dos frases concretamente me impactaron:

"Debeis amaros en libertad" y un poco después: "vaís a convertiros en maestros de vida".

La primera frase, me encantó. Cuando escuché la segunda, me ocurrió como cuando apretamos el botón de una batidora, todas las ideas, sentimientos, sensaciones que sentí por la mañana en la peluquería, giraron de nuevo en mi mente. Eso eran la maquilladora, su esposo, la peluquera, su ex, con sus hijos, "maestros de vida"; con toda la responsabilidad que lleva consigo y con la insuficiente ayuda que la sociedad, en general, les estamos brindando para facilitarles su misión. A ellos y a miles de "maestros de vida" que hay a lo largo y ancho de nuestras tierras. Tema, por lo menos, para meditarlo. Todos. Esa es mi modesta opinión.

La cena que los novios nos ofrecieron fue perfecta. La fiesta que siguió, inolvidable. Me deleité mirando a los novios como daban comienzo al baile con el clásico vals, a la vez que miraba a mi amiga como disfrutaba de cada minuto de la noche, y que por cierto, estaba guapisima, igual que su hijo, que resultó un jovencisimo y apuesto padrino, y al que hay que valorar con generosidad, el que consintiera "meterse" en un frac...

Mi esposo y yo, abandonamos la fiesta mientras un buen número de invitados bailaba con los recién casados al son de Coyote Dax "no rompas más". La felicidad se reflejaba en sus rostros. Felicidad que les deseo, de todo corazón, para cada día de su nueva vida en común.

Os he querido traer un recuerdo de la boda. Se trata de una canción de Il Divo, que interpretó el baritono del grupo, que a lo largo de la ceremonia religiosa, nos deleitó con su repertorio. Es preciosa. Fue un bonito broche a la celebración en el templo.

Para vosotros y gracias por estar ahí....



video


Maat

22 de noviembre de 2008

Las caricias



¡Qué música del tacto
las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!
¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas
los astros más distantes.
¡Qué música del tacto
las caricias contigo!

MANUEL ALTOLAGUIRRE



21 de noviembre de 2008

Al otro lado del quirófano

De todas las experiencias que vivimos, sean buenas o malas, siempre podemos aprender algo. Y si conseguimos quedarnos con lo positivo que busquemos en ellas, mejor que mejor. Hace unos días, os decía que había tenido que pasar por el quirófano. Y es de eso de lo que hoy voy a escribiros.

Eran las cinco de la tarde, cuando dos camilleros entraron en mi habitación para llevarme hasta la sala de operaciones. Aunque hubiese preferido ir andando, tuve que hacerlo metida en la cama, no sé muy bien por qué, pero así está establecido. El trayecto habitación-quirófano lo hice acompañada por mi esposo y mi hijo. Los camilleros llevaban una descriptiva conversación. Uno al otro, relataba los colores que estaba poniendo en las paredes de su futuro hogar, elegidos cada uno de ellos por su novia. Parecían tan ajenos a quien transportaban, como lo estaba yo a sus preferencias sobre el arco iris. Llegamos a la zona de los quirófanos y mi familia ya no podía acompañarme más trecho. Me dieron un beso y un apretón intentando transmitirme todos los ánimos posibles... Atravesé un pasillo en el que unas placas grandes de luz se deslizaban por encima de mi. Recordé, una vez más en ese día, que unos años antes, en esa misma fecha, entré a otro quirófano. Entonces, mi hijo estaba a punto de nacer y el ánimo no tenía nada que ver-lógicamente- con el de esa tarde. Son coincidencias que trae la vida. Me permití emocionarme en el recuerdo pero por poco tiempo. Mi cama y yo quedamos aparcadas en una antesala al recinto en donde iba a ser intervenida. A mi lado, una estantería ocupaba gran parte de la pared, repleta de utensilios médicos, que de vez en cuando era visitada por personal sanitario para coger cosas. No recuerdo bien cuántas personas llegaron a pasar por allí , lo que si recuerdo es que todas, absolutamente todas, ignoraron mi presencia. No prentendía yo en ese momento que se quedaran conmigo hablando del fluctuar de la bolsa, pero tampoco que no vieran más allá de una cama. Un simple "hola", un guiño, un algo, por pequeño que fuera, hubiese venido muy bien, para una persona asustada, impaciente y sobre todo...sola. De nuevo intenté darme ánimos para salir lo mejor posible de la situación. En esos momentos, viene bien tener un poco de fe, y yo comencé a rezar a la Virgen de Guadalupe. Me tranquilizaba hacerlo. Después, decidí cerrar los ojos, primero para no ver a las personas que entraban y salían, y luego, para tratar de recordar imágenes que en directo me relajan. Y me centré en el mar, una de mis pasiones. Por ejemplo ese mar del que disfruto algunos veranos en Cullera, en un apartamento que alquilamos en plena bahía y que ofrece unas vistas maravillosas -piso 22- de ese pedazo de Mediterráneo. O la playa de la Malvarrosa, en Valencia, vista desde un malecón del puerto, al que acudo más de un domingo. Una gozada. Como el invento me iba dando sus frutos, mi pensamiento se fue un poco más lejos. Intenté recordar con todo lujo de detalles mi travesía de este verano por la bahía de Cádiz, el color de su cielo, la tonalidad de su mar, la paz y el silencio que se disfruta mar adentro, la brisa, los miles de estrellas que desde la ventana de mi camarote se divisaban en el cielo cada noche. Y ya en Cádiz, me recreé especialmente en la playa de La Caleta. Ya os he escrito sobre ella en mi blog y del efecto que me produce animicamente sólo recordarla. Y puesto que había conseguido situarme a unos 800 kms. de esa sala donde seguia aparcada, -la mente es prodigiosa- quise evocar la sensación que sentí cuando visité la torre de Poniente, en la Catedral de Cádiz, y desde la ventana sur contemplé el oceáno atlántico. Indescriptible.

En esas estaba cuando comencé a oir unas voces que intentaban controlar a la paciente anterior a mí que se encontraba en el quirófano y que al parecer, intentaba tirarse de la cama. Y ahí...me descontrolé... Apreté mis ojos con fuerza como si eso fuera a evitar que oyera lo que pasaba al otro lado de la puerta, y al cabo de unos minutos una voz me sacó del mal momento: ¿Duermes?

Era el anestesista que me anunciaba que "ibámos a empezar". Le hablé de mi temor a la anestesia y después de una detallada explicación, consiguió tranquilizarme. Me entraron al quirófano y comprobé en su reloj, que habían pasado 40 minutos desde que me bajaron de la habitación. Sin duda creo que esos minutos, podrían haberse reducido por lo menos a la mitad, si se pensara un poco más en el paciente...paciente. Una vez dentro, todo fue bastante rápido. En cuánto me colocaron la via en la mano izquierda me avisaron que si me mareaba un poco era normal y ya no me enteré de nada más...

Cuando volví a estar consciente me encontraba en el pasillo de las grandes placas de luz. No tenía a nadie al lado, y eso me hizo pensar que todo había ido bien. La ausencia de personal sanitario era prueba inequivocaba de que mi estado no los necesitaba. Me alegré. A los pocos minutos, alguien comenzó a empujar mi cama hacía la salida de la zona restringida. En cuánto se abrió la puerta ví a mi hijo y rompí a llorar. Toda la emoción contenida en esos momentos, se desparramó en cuánto me encontré con los míos. Ahora eran más que antes. Un grupo de amigos íntimos habían querido estar allí esperándome. Y les dí un buen susto, pues al llorar, creían que salía con malas noticias del quirófano. En un primer momento, no comprendieron que lloraba por la emoción de verlos de nuevo, y porque necesitaba dar salida a todos esos sentimientos que durante 40 inútiles minutos fui almacenando por ahí dentro.

Ya en la habitación, más calmada, comprobé que en mi mano izquierda, un gotero iba administrando la medicación oportuna para mi cuerpo. Y casi sin darme cuenta, mi mano derecha, se convirtió en otro gotero, buscó en todo momento contacto humano que llevara sosiego a mi espiritu. En la cabecera de mi cama, en el sillón del "acompañante" se instaló mi hijo que fue turnándose con mi esposo. Los dos días que permanecí ingresada, necesité estar unida a ellos a través de esa mano, que incluso dormida, los buscaba . No me conformaba con tenerlos al lado, tenía que sentirme unida a ellos. Los 40 minutos aparcada allá abajo, sola, temerosa y asustada, pasaban factura.

Concretaros que no me estoy refiriendo a un hospital público. Se trata de una cliníca privada, dónde menos por respirar, nos lo han cobrado todo...

Al principio os decía que de todas las vivencias podemos aprender algo. Y yo, en esta ocasión, quiero quedarme, por encima de todo lo físico, que con el tiempo olvidaré, con la parte afectiva. No creía que pudiera querer a los míos más de lo que los quería. Y esta circunstancia ha reforzado mucho más mi cariño hacía ellos. Lo mismo que a esos amigos que quisieron acompañarnos en esos momentos y que cada día se interesan por mi evolución. Me han hecho sentirme una privilegiada.

Y no me olvido de un par de buenos amigos "virtuales", que fueron dejando mensajes en mi correo, y que al volver a casa y leerlos, me emocionaron.

¡ Cuánto os quiero a todos ! Gracias por ser como sois y estar ahí.


Maat











20 de noviembre de 2008

Envidia

Cuanto te rodea
me llena de envídia
y quiero serlo todo
quiero ser tu orilla.

Sentirme a tu lado
vivir otra vida
volcar mis sentidos
sentir que me miras.

Soñar que me abrazas
fundirme en tu dicha
llenarte de besos
lejana utopía.

Buscar tu mirada
recibir tu brisa
saborear tus palabras
deshacer tu enigma.

Entrar en tu cielo
de alma de niña
contar tus estrellas
besar tu sonrisa.

Rozar con mis dedos
esa piel bendita
tan cerca del cielo
y para mí huidiza.

Deseo que me escuches
desde mi agonía
y decirte te quiero
aunque tú no lo digas.

JERÓNIMO GARCÍA
(BROTHER)


18 de noviembre de 2008

Tu nombre, poesía




















Y saber luego que eres tú
barca de brisa contra mis peñascos;
y saber luego que eres tú
viento de hielo sobre mis trigales humillados e írritos:
frágil contra la altura de mi frente,
mortal para mis ojos,
inflexible a mi oído y esclava de mi lengua.

Nadie me dijo el nombre de la rosa, lo supe con olerte,
enamorada virgen que hoy me dueles a flor en amor dada.

Trepar, trepar sin pausa de una esquina a la otra
y ser ésta la espina cuadragésima,
y estar siempre tan cerca tu enigma de mi mano,
pero siempre una brasa más arriba,
siempre esa larga espera entre mirar la hora
y volver a mirarla un instante después.

Y hallar al fin, exangüe y desolado,
descubrir que es en mí donde tú estabas,
porque tú estás en todas partes
y no sólo en el cielo donde yo te he buscado,
que eres tú, que no yo, tuya y no mía,
la voz que se desangra por mis llagas.

GILBERTO OWEN



17 de noviembre de 2008

Nocturno IV



















Así estás todavía de pie bajo la lluvia,
bajo la clara lluvia de una noche de invierno.
De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa;
de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.

Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos.
Y tu voz que nacía del fondo de tus ojos,
y tus manos cansadas que se iban en el viento...

Y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles,
y la hoja aquella que te cayó en el seno...
y el rocío nocturno dormido en tus pestañas,
y engarzando diamantes en tu vestido negro.

Así estás todavía lejanamente cerca,
desde tu lejanía de sombra y de silencio...
Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia;
de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño.

La vida es tan pequeña que cabe en una noche.
-Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso-
Y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia,
el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.

Si, me has dejado triste porque pienso que acaso,
ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo;
Y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia,
con las manos temblando de frío y de deseo.

Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes,
y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo,
siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
bajo la lluvia clara de una noche de invierno...

JOSÉ ÁNGEL BUESA

16 de noviembre de 2008

La casada infiel

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oido,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revolver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé al río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

FEDERICO GARCIA LORCA



15 de noviembre de 2008

Abandono


¡Qué dulce dolor de ancla
en el corazón sentías!
Tu corazón reteniendo,
duro coral, mi partida.

Ahogada en amor, tu amor
como un mar me sostenía.
Altos vientos me empujaron
solitario a la deriva.

Si mi nave se fue lejos
más profunda quedó hundida
tu dura rama de sangre,
rota el ancla de mi vida.

Solo, entre las grises nubes
que mis sienes acarician,
sin ti voy por entre nieblas
recordando tu agonía.

MANUEL ALTOLAGUIRRE






14 de noviembre de 2008

Aqui en esta orilla blanca


Aquí
en esta orilla blanca
del lecho donde duermes
estoy al borde mismo
de tu sueño. Si diera
un paso mas, caería
en sus ondas, rompiéndolo
como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño
hasta el rostro. Tu hálito
te mide la andadura
del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve
me entrega ese tesoro
exactamente: el ritmo
de tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
toda entera, desnuda,
cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,
a que abriendo los ojos
renuncies a tu ser
invulnerable. Busco
tu sueño. Con mi alma
doblada sobre ti
las miradas recorren,
traslúcida, tu carne
y apartan dulcemente
las señas corporales,
por ver si hallan detrás
las formas de tu sueño.
No lo encuentran. Y entonces
pienso en tu sueño. Quiero
descifrarlo. Las cifras
no sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

LUIS CERNUDA




13 de noviembre de 2008

He andado muchos caminos



He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

ANTONIO MACHADO


12 de noviembre de 2008

Comunicado
















Abandono.
Enmudezco.
Me silencio aquí.
Liberados, pues, aquellos que veníais a visitarme por compromiso.

(Los que me quieren, ya saben donde encontrarme)


Rosa_Desastre


11 de noviembre de 2008

Ya está la ventana abierta

Ya está la ventana abierta.
Tenía que ser así
el día.
Azul el cielo, sí, azul
indudable, como anoche
le iban queriendo tus besos.
Henchida la luz de viento
y tensa igual que un vela
que lleva el día, velero,

por los mundos a su fin:
porque anoche tú quisiste
que tú y yo nos embarcáramos
en un alba que llegaba.
Tenía que ser así.
Y todo,

las aves de por el aire,
las olas de por el mar,
gozosamente animado:
con el ánima

misma que estaba latiendo
en las olas y los vuelos
nocturnos del abrazar.
Si los cielos iluminan
trasluces de paraíso,
islas de color de edén,
es que en las horas sin luz,
sin suelo, hemos anhelado
la tierra más inocente
y jardín para los dos.
Y el mundo es hoy como es hoy
porque lo querías tú,
porque anoche lo quisimos.

PEDRO SALINAS

10 de noviembre de 2008

Soneto a algunos poetas

Todas vuestras palabras son oscuras.
avanzáis hacia el hombre con serena
palidez: miedo trágico que os llena
la boca de palabras más bien puras.

Decís palabras sórdidas y duras:
"fusil", "muchacha", "dolorido", "hiena".
Lloráis a veces. Honda es vuestra pena.
Oscura, inútil, triste entre basuras.

España es una plaza provinciana
y en ella pregonáis la mercancía:
"un niño muerto por una azucena".

Nadie se para a oíros. Y mañana
proseguiréis llorando. Día a día.
...Impura, inútil, honda es vuestra pena.

ÁNGEL GONZÁLEZ



9 de noviembre de 2008

Nocturno


La noche es lo mejor de la jornada
su sombra es un refugio de la paz
en la noche frugal y acogedora
uno suele soñar

con la noche podemos entendernos
porque el sol ya no puede encandilar
y ante las exigencias de lo oscuro
la tristeza se va

en la sencilla noche recordamos
la infancia prisionera de su afán
y los años radiantes que jugaban
con la felicidad

la noche lleva a cuestas su secreto
que tal vez nunca lo revelará
pero nosotros se lo respetamos
no le pedimos más

los nuevos pasos pasan y repasan
la dulce y bienvenida oscuridad
en esta noche limpia que es de todos
uno puede soñar.

MARIO BENEDETTI


8 de noviembre de 2008

Despedida del mar

Por más que intente al despedirme
guardarte entero en mi recinto
de soledad, por más que quiera
beber tus ojos infinitos,
tus largas tardes plateadas,
tu vasto gesto, gris y frío,
sé que al volver a tus orillas
nos sentiremos muy distintos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.

Este perfume de manzanas,
¿de dónde viene? ¡Oh sueño mío,
mar mío! ¡Fúndeme, despójame
de mi carne, de mi vestido
mortal! ¡Olvídame en la arena,
y sea yo también un hijo
más, un caudal de agua serena
que vuelve a ti, a su salino
nacimiento, a vivir tu vida
como el más triste de los ríos!

Ramos frescos de espuma... Barcas
soñolientas y vagas... Niños
rebañando la miel poniente
del sol... ¡Qué nuevo y fresco y limpio
el mundo...! Nace cada día
del mar, recorre los caminos
que rodean mi alma, y corre
a esconderse bajo el sombrío,
lúgubre aceite de la noche;
vuelve a su origen y principio.

¡Y que ahora tenga que dejarte
para emprender otro camino!...

Por más que intente al despedirme
llevar tu imagen, mar, conmigo;
por más que quiera traspasarte,
fijarte, exacto, en mis sentidos;
por más que busque tus cadenas
para negarme a mi destino,
yo sé que pronto estará rota
tu malla gris de tenues hilos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.

JOSÉ HIERRO




7 de noviembre de 2008

Del pasado efímero

Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía;
bajo el bigote gris, labios de hastío,
y una triste expresión, que no es tristeza,
sino algo más y menos: el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza.

Aún luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalón abotinado,
y un cordobés color de caramelo,
pulido y torneado.
Tres veces heredó; tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Bosteza de política banales
dicterios al gobierno reaccionario,
y augura que vendrán los liberales,
cual torna la cigüeña al campanario.

Un poco labrador, del cielo aguarda
y al cielo teme; alguna vez suspira,
pensando en su olivar, y al cielo mira
con ojo inquieto, si la lluvia tarda.

Lo demás, taciturno, hipocondríaco,
prisionero en la Arcadia del presente,
le aburre; sólo el humo del tabaco
simula algunas sombras en su frente.

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

ANTONIO MACHADO

(Óleo de Enrique Reyes)



6 de noviembre de 2008

Tiempo de recorrer caminos



I

Vamos, amor, a recorrer caminos,
el tiempo rompe afuera sus relojes.
Todo es propicio para iniciar el viaje.
Ven, no temas.
Tuyo es el día y mía es la noche.
Tenemos junto a nosotros a los hijos, la cosecha mayor.
Y mi corazón, jamás ha sentido como ahora este llamado.
Vamos, amor, sube hasta las escaleras del sueño.
Desciende luz primera sobre las flores del verano.
Camina sobre las antiguas palabras, esas que guardo
entre los libros, siempre a la espera del poema
que no logró terminar. Camina, amor, sobre nubes
y ciudades. Para nosotros no hay horizonte. Todo es cielo
o mar. El fuego que llevamos dentro.

II

Vamos. Nos espera la tarde y sus vientos amarillos.
Es nuestro el canto. Y en torno de las cosas, la luz se ha vuelto
pajarera. Todo es terso como hoja recién lavada por la lluvia.
Tengo en mis manos las llaves de la infancia.
Oigo al padre que viene por el largo corredor.
Los hermanos corren por el patio,
sueltos venados de una fábula casi perdida en la memoria.
Madre no está. Nunca estuvo, excepto aquella noche
en que tuve fiebre y caí en cama y llegó el médico del pueblo
y me devolvieron a la vida los rezos de un viejo pastor.
Esa vez si vi a madre entre los cristales de un sueño.
Nunca hablé de ello a nadie. Madre estuvo junto a mí
y se hizo el milagro de todos los días. Tomé a los pájaros,
a los árboles y a los ríos.
Basta de recordar. Aún es tiempo de recorrer caminos.

III

Vamos, amor. La vida es nuestra. Aprendamos un poco
de la hormiga. Sintamos la terquedad del viento.
Somos ala, corazón de la nieve, lluvia que lava
el ojo entristecido. Vamos, sandalia,
tuyos son los pasos. Camina. Deja tus huellas
en bosque, ciudades como viejos museos, trenes,
buses, hoteles, calles y bulevares. En todo sitio
siembra tu amor, roba privilegios al tiempo, destrúyete
en ti mismo. Has prevalecer tus lámparas de asombro.
Sueña, amor, sueña.
Y al vivir así, intensa, di al caminante
"aún es tiempo de recorrer caminos".

ITALO LÓPEZ VALLECILLOS





5 de noviembre de 2008

Ausencia forzosa

Después de varios días sin poder atender a mi blog, regreso hoy, para contaros que, el día 30, tuve que pasar por el quirófano, y aunque la intervención no era de gravedad, si que es cierto que el post-operatorio ha resultado más difícil y doloroso de lo que yo esperaba. Hoy, que he comenzado a sentirme mejor, me he animado a volver por aquí, a ver si poco a poco retomo la normalidad, porque...¿sabéis? os echaba de menos.



Maat



Hallazgo


No te busco
porque sé que es imposible
encontrarte así, buscándote.

Dejarte. Te dejaré
como olvidada
y pensando en otras cosas
para no pensar en ti,
pero pensándote a ti
en ellas, disimulada.
Frases simples por los labios:
"Mañana tengo que hacer..."
"Eso sí, mejor sería..."
Distracción. ¡Qué fácil todo,
qué sencillo todo ya, tú
olvidada!

Y entonces,
de pronto-¿por cuál será
de los puntos cardinales?-
te entregarás, disfrazada
de sorpresa,
con ese traje tejido
de repentes, de improvisos,
puesto para sorprenderme,
que yo mismo te inventé.

PEDRO SALINAS